"Marcharon muchachos enamorados de la actitud de Ernesto Ché Guevara"
«Recuerdo la marcha como una manifestación que expresaba una alegría enorme por la presencia en nuestro país del Ché Guevara», dijo Aurelio González, quien con la emoción a flor de piel comentó que el dirigente cubano-argentino «habló en la Conferencia de pie, mostrando una actitud de entereza, de respeto y con una integridad increíble». «Por eso esas muchachas y muchachos estaban enamorados de la actitud que mostraba el Ché», enfatizó.
Ariel
«Pero Rodó manifiesta en todo su Ariel la lucha violenta y las contradicciones de los pueblos latinoamericanos contra la nación que hace cincuenta años ya, también estaba interfiriendo nuestra economía y nuestra libertad política…», el Ché, 8 de agosto de 1961.
Aurelio bucea en su memoria »de todo no me acuerdo, hace 45 años», me dice- para establecer de dónde partió la marcha. «No recuerdo si se salió de la Universidad o de Camino Maldonado. Sí aseguro que en la noche antes hubo un acto en la Universidad, como despedida de la marcha», dice con firmeza.
Confiesa que los marchistas eran más de 300, «por lo menos más de 400″ que recorrieron a pie la distancia entre Montevideo y Maldonado. «Vi a muchachos y a algunos veteranos acalambrados por la caminata, porque hubo días que se caminó 30 kilómetros», dice. «Igual nunca se perdió aquella alegría, esas ganas de estar presentes para decirle a la revolución cubana ´aquí estoy yo».
Pasando Soca la marcha vivió momentos difíciles. «Allí hubo un campamento que se instaló para descansar y comer. Alguien regaló unos chorizos que estaban envenenados o casi envenenados, lo que provocó algunos fuertes diarreas, aunque por cierto muy pocos se enfermaron», recuerda.
Valores
«El día 19 de abril se produce la fracasada invasión donde nuestro pueblo entero, compacto y en pie de guerra, demostró una vez más que hay fuerzas mayores que la fuerza brutal de las armas, que hay valores más grandes que los valores del dinero, y se lanzó en tropel por los estrechísimos callejones que conducían al campo de batalla, siendo masacrados en el camino muchos por la superioridad aérea enemiga. Nueve pilotos cubanos fueron los héroes de aquella jornada, con los viejos aparatos. Dos de ellos rindieron su vida; siete son testigos excepcionales del triunfo de las armas de la libertad», el Ché, 8 de agosto de 1961.
Sobre si hubo o no presencia policial, Aurelio señaló que «se presentaron policías que acompañaron la marcha, tanto a pie como a caballo». Pero cuando se ingresaba a zonas pobladas «se hacía presente la policía local, tratando de que no se entorpeciera la vida normal del pueblo o la ciudad». También, destacó, «hubo algunas registros en algunas localidades». «Los policías revisaban bolsos, pero no fue algo de mucho destaque», puntualizó.
Aurelio estuvo en La Azotea, casa de Víctor Haedo en Punta del Este, consejero de gobierno «que recibió de forma muy afectuosa al Ché, con quien compartió el mate y un asado». «Fue una reunión muy linda, fue un momento de buena onda, de mucho respeto mutuo», agregó.
El Ché también fue recibido en el paraninfo de la Universidad de la República, donde hizo uso de la palabra. «Cuando terminó de hablar, ya fuera de la Universidad, se escuchó un disparo que hirió de muerte al estudiante Arbelio Ramírez: nunca se supo si el disparo iba o no dirigido al Ché».
Cuando el Ché habló Aurelio sacó una conocida foto, donde está Salvador Allende, Luis Echave, Ricardo Saxlund y Vitorio Casartelli, entre otros. «La noche antes los contrarios de Cuba habían tirado bombas de olor en el paraninfo, que eran insoportables. Pero ese olor se pudo sacar gracias a una fórmula que habían elaborado los estudiantes de química», indicó. «Fue una época hermosísima ¿qué querés que te diga?».
Misión
«Sabíamos que si los Estados Unidos invadían Cuba, una hecatombe habría, pero en definitiva seríamos derrotados y expulsados de todos los lugares habitados del país.
Propusimos, entonces, los miembros del Estado Mayor que Fidel Castro se retirara a un reducto de la montaña y que uno de nosotros tomara a su cargo la defensa de La Habana. Nuestro primer ministro y nuestro jefe contestó aquella vez con palabras que lo enaltecen -como en todos sus actos- que si los Estados Unidos invadían Cuba y La Habana se defendía como debiera defenderse, cientos de miles de hombres, mujeres y niños morirían ante el ímpetu de las armas yanquis, y que a un gobernante de un pueblo en revolución no se le podía pedir que se refugiara en las montañas, que su lugar estaba allí donde se encontraban sus muertos queridos, y que allí, con ellos, cumpliría su misión histórica.
No se produjo esa invasión, pero mantenemos ese espíritu, señores delegados. Por eso, puedo predecir que la Revolución Cubana es invencible, porque tiene un pueblo y porque tiene un gobernante como el que dirige a Cuba», el Ché, 8 de agosto de 1961. *
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