Suspenden visitas de militares retirados a la Cárcel Central por "soberbios y maleducados"

El jefe de Policía de Montevideo dispuso, en principio, que al coronel (r) Juan Pomoli no se le autorizara el ingreso a la Cárcel Central por sus continuos desplantes, actos de soberbia y destrato a los funcionarios que cumplen funciones en el recinto instalado en la Jefatura. La orden del inspector Ricardo Bernal establece que «oportunamente se informará si la medida se levanta, o no, según los acontecimientos».

LA REPUBLICA supo que los guardiacárceles y oficiales están estupefactos por la «falta de respeto, soberbia y sorna» que demuestran los retirados militares cada vez que van a visitar a sus camaradas con arresto preventivo con miras a ser extraditados a Argentina para responder por el caso de la nuera de Gelman.

«Se han quedado en el tiempo», dijo un oficial sumamente molesto que ha tenido que soportar innumerables desplantes de los militares retirados, a muchos de los cuales también se les impediría ingresar de visita a la Cárcel Central «si no cambian la actitud de manera radical», dijo un alto jerarca policial.

Uno de los militares recluidos, el coronel (r) Gilberto Vázquez que provocó un escándalo institucional al fugarse del Hospital Militar, tiene acosados a los policías e incluso al personal asistencial que lo provee de medicamentos para aliviar sus dolencias.

El miércoles, Vázquez fue a retirar su medicación y al entrar a la sala un enfermero le estiró la mano para saludarlo. El militar preso lo quedó mirando y sin levantar la suya para responder la atención del enfermero le dijo «¿se lavó bien las bolas?, porque a lo mejor se tocó las bolas y ahora me da los remedios a mí».

Otro oficial carcelario reveló a LA REPUBLICA que continuamente, salvo excepciones que se cuentan con los dedos de una mano, los militares retirados demuestran «de manera ostensible un desprecio total por los funcionarios afectados a la guardia carcelaria. Sólo falta que nos peguen. La situación es insostenible».

Otra fuente recordó lo que pasó hace un mes cuando la esposa del coronel Ernesto Rama, internado en el Hospital Militar, le dijo con tono despectivo a una oficial «yo no hablo con policías», dejando a la funcionaria con la mano colgando, en medio de sonrisas cómplices de otros militares.

Las quejas se fueron acumulando y el jefe de Policía de Montevideo resolvió tomar medidas de urgencia para evitar el deterioro moral al que estaban siendo sometidos sus subalternos. Fue así que le ordenó el jefe de la Cárcel Central, inspector Joaquín Brites, que, en principio, no permita el ingreso de Pomoli y que de aquí en más «al primer militar que tenga una actitud indecorosa con los policías se le impida el ingreso a la prisión». *

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