Diputados no pudo resolver declaración sobre conflicto entre Israel y el Líbano
Comencemos por el final
Desde temprano se había notado cierta inquietud entre los legisladores, que entraban y salían de entre bambalinas más de lo acostumbrado. Enseguida se supo y parecía sencillo, aunque no lo fue: al texto de la declaración sobre el conflicto israelí-libanés, ya aprobado en comisión, la bancada oficialista pretendía hacerle un agregado. Esas nuevas líneas referían a la reciente matanza de civiles luego de un bombardeo de Israel.
Jaime Trobo (Herrerismo), designado informante, pidió que se le excusara debido a que no conocía el agregado aludido. El estaba preparado, lo dijo con gesto adusto de dignidad herida, solo para hablar del documento acordado por unanimidad en la comisión.
Enrique Pintado (Asamblea Uruguay) con gran mesura, cabe consignarlo debido al murmullo atronador que producían los diputados yendo de un lado a otro y hablando entre ellos- admitió que habían surgido problemas de coordinación. El propósito era añadir un artículo al texto original y corregir su artículo cuarto. Vista la situación (esto me quedó piadoso, pero no fue intencional), propuso un cuarto intermedio de diez minutos con la finalidad de intentar un acuerdo.
Trobo que seguía dramático- dijo que diez minutos no alcanzaban para tamaño propósito (que en realidad permanecía, al menos en su letra expresa, en el más absoluto misterio) y pidió trasladar el tema para el plenario del martes próximo.
La moción del diputado blanco fue aprobada, pero a continuación se produjo un aluvión de paradojas y contradicciones, apenas controlado por el presidente Cardozo, muy activo: Víctor Semproni (Claveles Rojos) dijo que el planteo de Trobo era de recibo y votaba a favor; Alberto Scavarelli (Foro Batllista) afirmó que el texto original era suficiente para la finalidad propuesta y votaba en contra; Carlos Enciso (Correntada Wilsonista) acompañó a Trobo y trató de aclarar pero fracasó- que prefería el texto ya acordado, seguro de que, dentro de unos días, no habrá consenso sobre ningún agregado; Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista), en ese momento rodeado de compañeros de bancada y por tanto casi invisible, alcanzó a musitar que acompañaba la moción de Trobo; Pablo Alvarez (Espacio 609) declaró, molesto, que votaba en contra «porque estamos perdiendo el tiempo», posición a la que se plegaron, con menos énfasis, Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) y Fernando Longo (Liga Federal Frenteamplista); Carlos Gamou (Espacio 609) expresó, y dio la impresión de que le costaba contener unas lágrimas, que la gente le iba a decir en la calle: «Che, ¿no se pueden poner de acuerdo en condenar la barbarie»; Doreen Ibarra (Fidel-1001) admitió que votaba la prórroga por disciplina pero no estaba de acuerdo; y Gonzalo Mujica (Nuevo Espacio) confesó que la había votado persuadido de que había consenso en la bancada oficialista (como no lo hubo, ¿qué sacerdote le podría condenar, pese a la confesión, a penitencia alguna?).
Para distender la crónica, un apunte al margen. Me puse de acuerdo con el diputado Juan José Bentancor (Vertiente Artiguista): al mosquetero que más se parece es a D’Artagnan. Y, es el más elegante.
Del orden del día
En esta etapa del plenario, la suerte fue otra.
Quizás se debió a que antes, durante un cuarto intermedio de quince minutos, hubo otro simulacro de uso del voto electrónico ¡y esta vez fue un éxito absoluto! La alegría cundió cuando pudo comprobarse que los legisladores habían logrado, usando el dedo correcto, el dulce tacto que requiere el delicado aparatito. (Hubo quienes no querían desprenderse de él y hasta le pusieron nombre: Bochi, Chiquito, Bugy, Tío y hasta Consuelo).
Luego, Carlos Signorelli (Foro Batllista) informó, respaldado por diputados de su departamento pertenecientes a otros partidos, el proyecto que designa con el nombre del maestro Valeriano Renart al Liceo Nº3 de Artigas. Se aprobó. (Lo extraño fue que el informante original era Tabaré Hackenbruch, que es de Canelones, quien, además, no estaba). También se aprobó designar como Pueblo Colonia Palma al centro poblado de Artigas ubicado entre los kilómetros 591 y 592 de ruta 3. Silvana Charlone (independiente Frente Amplio) informó sobre la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. La diputada fue muy clara, yo diría hasta entusiasta. Tuvo dos inconvenientes: el primero, no se terminó de entender bien, pese a su esfuerzo, lo de «patrimonio inmaterial», hasta que puso como ejemplo el candombe (cualquier toca algún tambor); el segundo, para aprobar la firma del Convenio se necesitaba 50 votos y había 43 legisladores en sala. Qué pena, quedó para después. Hablando a velocidad inquietante y con voz queda, Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609) informó sobre el Acuerdo General de Cooperación Económica, Comercial, de Inversiones, Científica, Técnica, Cultural y Deportiva hay tanta cosa que entré a preguntarme si no estaría incluido Paco Casal- con el Reino de Arabia Saudita. Martínez Huelmo debió ser auxiliado dos veces por el presidente, a timbrazo limpio, porque el ruido en sala parecía el Parque Rodó un sábado de verano a la tarde; el informante, con un espíritu solidario conmovedor, contribuyó con la Mesa diciendo: «Voy a hablar más rápido, presidente, así lo termino antes». También se aprobó, igual que el Primer Protocolo Adicional sobre Solución de Controversias del Acuerdo de Complementación Económica y nuevas normas para embarcaciones deportivas de bandera extranjera. Con franqueza, a estos dos asuntos nadie les prestó atención: por eso salieron como chijetazo, igual que el contrato de Tenfield.
Media hora previa
Luis Rosadilla (Espacio 609), con contenida emoción, destacó que el Poder Ejecutivo ha iniciado la reparación de militares castigados por la dictadura, con beneficios que incluyen el reconocimiento del grado, en algunos casos póstumo. Precisamente Rosadilla nombró a varios de los fallecidos, uno de los cuales, José Martínez, fue gran amigo suyo.
Daniel García Pintos (Lista 15) inició su exposición sobre la inseguridad y, viéndolo, me vinieron unas ganas horribles de llamar al Mides: es que en ese momento era, solo de toda soledad, el único habitante de su bancada. Pero, en fin, me contuve (¿me estaré resblandeciendo?). García Pintos recordó una reciente reunión con el ministro Díaz en comisión, a la que calificó de positiva. Ante la sorpresa general, aclaró que ofrecía ese adjetivo porque el ministro había reconocido que un 40 por ciento de los delitos hoy cometidos no son denunciados; o sea, dijo, son «las cifras negras de la criminalidad», e instó a la gente a denunciarlos, porque el silencio es la antesala de la justicia por mano propia.
Finalmente, Daisy Tourné (Partido Socialista), vestida con una contundente elegancia que hizo juego con la energía que puso en su exposición, aludió a una paradoja: por un lado, se felicitó de que el gobierno esté contribuyendo a abatir el desempleo reiterando llamados a aspirantes y concursos en diversos organismos del Estado, que necesitan renovar su personal; por otro, recordó que, en general, el límite de edad no supera los 30 años y esto deja afuera a una generación la que va de los 40 a los 50, más o menos- especialmente golpeada y hoy, pese a ser jefes y jefas de hogar aún con hijos a cargo, casi sin oportunidades laborales. Reclamó que se estudie esta situación y se busque las soluciones más apropiadas para que haya verdadera equidad. Temprano, a la hora 15.00, por iniciativa de los diputados Scavarelli y Guido Machado (Foro Batllista), el plenario brindó un home
naje a Obdulio Jacinto Varela al cumplirse diez años de su fallecimiento.
El propio Scavarelli, Mauricio Cusano (Alianza Nacional), Gustavo Borsari (Herrerismo) y Javier Salsamendi (Espacio 609) recordaron al legendario «Negro jefe», con un conmovedor recorrido, cada uno en su estilo, por diversas anécdotas, hechos trascendentes y sentencias del pensamiento que caracterizaron la vida del más grande mito deportivo nacional: Maracaná, la pelota debajo del brazo, «los de afuera son de palo», en fin, todo lo del hombre que se negó a ponerse publicidad en la camiseta y que no gritaba los goles por respeto a sus rivales. Al final, se dio una situación que pudo ser risueña y terminó siendo patética. David Dotti (Alianza Nacional) pidió un minuto de silencio; Jorge Pozzi (Nuevo Espacio) dijo ¡no!, démosle un gran aplauso; y Alvaro Alonso (Desafío Nacional) afrontó el precisamente el desafío de unirlo todo y pidió el minuto de silencio y también el aplauso. Sólo que, luego de una breve confusión en sala, lo complacieron pero al revés: primero aplaudieron y luego se pararon como estacas y callados. Ah, otra cosa: no vino nadie. Ni de la AUF, ni de la Mutual, ni de los ministerios de Cultura y de Deportes, ni de Peñarol (bueno, ¿de Peñarol quién iba a venir si no se sabe muy bien quién está?). *
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