El relato del horror
Esteban cuenta la desaparición de la casi totalidad de su familia, con calma, pausadamente, sin dudas.
Transmite una seguridad en los datos y en los detalles que no sorprende si se imagina el interminable periplo de más de 20 años por organismos de DDHH, despachos de parlamentarios y otra infinita lista de lugares intentando avanzar en la búsqueda.
Sin embargo si se mira bien, el dolor se asoma y los ojos bajos durante todo el relato son un elocuente testimonio.
Lo que le tocó vivir en los años de plomo Esteban lo cuenta así:
«Mi madre desapareció el 20 de febrero de 1977 en la General Paz en una pinza, con otro compañero que lo matan en la calle.
Beatriz desapareció el 5 de julio de 1977 en un allanamiento que realizan en una pizzería que se llamaba «La Focaccia» que ahora no esta más.
Al otro día alrededor de las 11 de la noche van a buscar a Fernando, a una casa que estaba en la zona de …… Van directamente a buscarlo a él, preguntan por él. Se lo llevan esposado y una de las personas que estaba adentro de esa casa y que pudo escaparse por una ventana la vio a Beatriz en una de las camionetas que hicieron el procedimiento.
La última vez que vieron a mi hermano fue el 11 de julio en Zona Norte, lo usaron como cebo para intentar atrapar a otros compañeros. Estaba en una esquina y lo controlaba gente de particular. Dos compañeros que lo conocían muy bien, se dieron cuenta de que estaba nervioso y se escapan. Esa fue la última vez que vieron a mi hermano.
La desaparición de Andrea fue el 24 de agosto de 1977.
Andrea hizo toda su primaria en distintas escuelas de Loma Hermosa y lo mismo pasó con el liceo.
En 1977 yo tenía 11 años, Fernando tenía 15 y Beatriz 16, Andrea tenía cuatro años y medio».
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