Plenario extraordinario para discutir lo que todos habían acordado

Diputados inició camino para consagrar derechos de las trabajadoras domésticas

Primero, Salto

La sesión comenzó con una circunstancia casi metafísica: el presidente Cardozo dio la palabra al informante, Gustavo Borsari (Herrerismo). Pero Borsari, cuyo espíritu parecía percibirse, había desaparecido. Cardozo quizás pensó en llamar a Lacalle (esto me lo imaginé yo, porque el Cuqui volvió al centro de la escena), pero optó por darle paso a Alba Cocco (Frente Amplio) quien informó el proyecto de ley declarando feriado el 8 de noviembre de 2006 para los salteños, con motivo del 250 aniversario de fundación de su departamento.

Cocco debió ser asistida  es un decir- por el presidente en más de una oportunidad, ya que el murmullo era insoportable. Incluso, descubrí a Víctor Semproni (Claveles Rojos) en la bancada de prensa, sentado a mis espaldas, hablando con un colega. No sé que está pasando.

Salto fue destacado por Cocco, Manuel Barreiro (Foro Batllista), Rodrigo Goñi (Alianza Nacional) e Iván Posadas (Partido Independiente), quienes lo describieron geográfica, histórica y demográficamente, resaltaron su producción, el buen talante de sus habitantes y, en un giro poético, hasta introdujeron un versito y el recuerdo de Víctor Lima.

A poco de aprobarse el proyecto ingresó Luis Alberto Lacalle Pou, tarde. Raro, siendo que el padre arrancó tan temprano.

 

Trabajadoras domésticas

El escenario: en las barras, una quincena de trabajadoras domésticas (representantes del sindicato recién formado), muy prolijas, ordenadas y silenciosas; En sala, gran expectativa por la palabra de la informante, Ivonne Passada (Espacio 609). Y aquí se dio la segunda extraña circunstancia de la noche.

Passada, ya con el micrófono abierto, no alcanzó a hablar. Jaime Trobo (Herrerismo) la interrumpió y pidió leer un asunto entrado fuera de hora. Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista) discrepó. El presidente Cardozo aclaró que había una confusión. Se votó igual, negativo. Trobo insistió. Ortuño dijo fervorosamente que la prioridad la tiene el orden del día. Cardozo repitió que se había entendido mal. Trobo pidió rectificar la votación y de pronto, como hubo comprensión general acerca de qué se trataba  pase a comisión de una posición sobre la crisis entre Israel y Líbano- todo el mundo levantó la mano y se leyó. Luego, Passada, por fin, pudo exponer.

Aclaró que el proyecto busca regularizar y garantizar la igualdad en el trato y las oportunidades en el empleo, tratando de cambiar la situación laboral de una rama muy importante de la actividad nacional. Y dio cifras: hay 89.500 trabajadoras domésticas en el país  6,5% de la fuerza laboral-, aunque en el BPS sólo están registradas 42.000. La legisladora del Espacio 609, con tono emotivo, enfatizó que la situación de estas mujeres es sólo parcialmente visible porque sobrevive una patología cultural (esto sonó como la venganza de la Anniston contra Brad Pitt): a las mujeres se les sigue asignando las tareas domésticas y a los hombres el trabajo económico. Y remató con más cifras: 9% de los hogares tiene servicio doméstico, 28% son mujeres de entre 41 y 51 años, 21% de entre 51 y 61 años y 3% son, a la vez, jefas de hogar.

Y ya con voz de contralto señaló que, con este proyecto, tendrán el amparo de la limitación de la jornada de trabajo, fijación de salario y derecho a despido, a la salud, al seguro de paro y al descanso.

 

Empieza el candombe

Pablo Iturralde (Alianza Nacional), admitió que el proyecto llegaba con la aprobación de todas las bancadas, reconoció su valor y las mejoras que incluye, pero no perdió la oportunidad de decir que, hay otros beneficios ya conseguidos gracias al trabajo de gobiernos anteriores (¿se estaría refiriendo al del Partido Nacional?).

Cuando terminó, miré a las barras y me pareció  no estoy seguro- que más de una de las domésticas sindicalizadas estaba a punto de montar sobre la balaustrada, incluso ya perdido el delicado trabajo con ruleros que había abordado más temprano.

Y ahí paró la mano Daisy Tourné (Partido Socialista), espléndida con un poncho terracota tejido a mano, recurriendo a la emoción. Recordó que hubo otro proyecto muy similar a éste, obra del malogrado Guillermo Alvarez, a quien mencionó con la voz casi quebrada. Ese proyecto, y ella muy seria y digna se negó siquiera a especular por qué, quedó encerrado en algún cajón del Senado. Por eso, dijo, esto tiene mucha historia y ha costado tanto. Se está reconociendo, agregó, a quienes trabajan casi invisiblemente, puertas adentro, ganando miserias. (No fue su intención, pero sonó un poco tanguero esto último y me trajo a la memoria a Estercita, aquella de «la historia larga y la vida breve»).

El aporte de Tourné, inspiradísima e informada, fue más allá: el proyecto establece un límite de edad de 18 años para ejercer el trabajo doméstico e inicia el camino hacia la creación de un régimen de derecho para tantas desamparadas. Al final, añadió que había 75.000 empleadores registrados en el BPS. (Bueno, Daisy, la cuenta no cierra o yo entendí mal: ¿cómo puede haber tantos empleadores si las trabajadoras registradas son 42.000?).

Pero cuando estaba reflexionando al respecto, advertí al presidente Cardozo, que volvió provisto de una simpatía renovada de su reciente viaje, saludando a las domésticas de las barras y a una delegación escolar de Minas también instalada allí. Qué lindo momento.

Quizás influido por este clima, Esteban Pérez (Espacio 609) habló de pibas del interior traídas a Montevideo a ser abusadas, de domésticas veteranas con las piernas llenas de várices que terminan con miserables pensiones a la vejez, y de «las históricas compañeras que después del trabajo van a ocuparse del hogar». Y concluyó enviando un «ramo de besos» a las que están luchando por el sindicato, logrando que desde arriba bajaran elogios femeninos y algún gritito que lo hicieron sonrojar.

Pablo Abdala (Herrerismo) quebró tanto romanticismo y, si bien confirmó que votaría el proyecto, alertó que el mismo no va a transformar la realidad y que es imposible que el sindicato pueda representar a todo el universo de domésticas. Recordó, además, que para negociar en el Consejo de Salarios todavía no se halló «la tercera pata» (o sea, una representación de los empleadores, que nadie vaya a entender mal).

 

¡Para qué! De las redundancias a la aprobación

Passada se sintió obligada a contestarle y, al hacerlo, provocó que Pablo Iturralde se sintiese aludido. Enojadísimo, con voz abaritonada pero muy masculina, rechazó la idea de que la oposición esté haciendo un doble discurso y alegó que antes se hizo mucho por estas trabajadoras. Terminó hablando de Saravia, a grito pelado. Ahí sí, me vino el chucho pero no advertí cuchilla alguna en el horizonte.

Ortuño reapareció entre un grupo de diputados oficialistas que había estado hablando de otra cosa -¿Damiani?- y declamó que si por algo llegó al parlamento fue para aprobar proyectos como éste. A continuación hizo una suerte de compendio de la historia laboral del país, afirmó que está inconclusa y llamó a la lucha para dar un nuevo impulso a la legislación social.

Luego, y ante cierta perplejidad del presidente Cardozo, a quien no daba el tiempo para abrir tantos micrófonos como se le pedía, hablaron Edgardo Rodríguez (Espacio 609), Manuel Barreiro, Pablo Abdala y Alvaro Delgado (Alianza Nacional), los que dejaron la sensación de buscar la quinta pata de Garfield, que, según dicen, la tiene.

Daniela Payssé (Asamblea Uruguay), mu
y circunspecta, remarcó que el verdadero compromiso con esto, que es un tema de derechos humanos, lo ha tenido el Poder Ejecutivo con el proyecto que está encima de la mesa. Y se molestó mucho  siempre con ese aire de dama indignada que a veces la agarra- con «la mala onda» de los que, aunque van a votar a favor, igual se sienten obligados a decir algo en contra para marcar la cancha.

Finalmente, Juan Andrés Rebollo (Alianza Progresista) aplicó con entusiasmo juvenil el verbo redundar; Pablo Pérez (Liga Federal Frenteamplista) interrumpió para recontra redundar; Jorge Pozzi (Nuevo Espacio) redundó a la enésima potencia y Juan José Bentancor (Vertiente Artiguista), muy en pose D’Artagnan (¿o el mosquetero al que se parece es Athos?) no quiso pasar por alto tantas redundancias y redundó también.

(No es peyorativo, por favor. Ocurre que se dijo, con distintos registros vocales, gestos y adjetivaciones, lo que ya había sido dicho suficientemente. Y tengo que sintetizar).

Al fin, el proyecto fue aprobado y un discreto aplauso de las domésticas en las barras, ya más cansadas que al término del laburo diario, culminó la sesión. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje