El maestro Soler

El pasado 14 de julio, el maestro Miguel Soler Roca recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República.

En el gremio docente Soler es considerado una de las figuras más importantes de nuestra enseñanza pública, perteneciendo a la misma generación que integraron Yolanda Vallarino, Julio Castro y Enrique Braye. Fue funcionario de la Unesco durante 20 años, siendo amigo de personalidades de la pedagogía mundial como Ricardo Nassif, José Blat Gimeno y Diego Márquez. Hoy es uno de los promotores del debate educativo.

Cuando el homenaje de la Universidad, Soler pronunció un sustantivo discurso. Transcribimos algunos párrafos.

 

Soler por Soler

* «No repetiré lo bien sabido. Desde Varela hasta mediados del siglo pasado, nuestro país construyó uno de los mejores sistemas educativos del mundo. Lo gocé de niño, como alumno, y durante casi veinte años participé en la privilegiada aventura de seguirlo edificando.

Los años 50 fueron de grandes realizaciones. Echaron después, como decía Julio Castro, los caballos en la huerta.

Vinieron las tensiones de la predictadura, los primeros estudiantes muertos. Y luego la dictadura, ese oscuro túnel, que hizo de la educación y sus instituciones, de los educandos y de los educadores, junto a los obreros, sus víctimas preferidas.

Y entonces, y que me perdonen los historiadores que pueden pensar lo contrario, perdimos la gran oportunidad. La gran oportunidad para el país y para la educación no fue captada y servida en el momento histórico, político y psicológico obligado. Es decir, en la segunda mitad de la década de los ochenta.

Nuestros dirigentes se empeñaron en ocultar el pasado en la caja fuerte, en regresar a prácticas ya caducas, en frenar en el pueblo el legítimo derecho a la reconstrucción nacional.

Quienes se ocupaban de la educación desde el llano, apelaron a la hermosa tradición de todos los pueblos: la resistencia.

 

¡Honor a los resistentes de tantos años!».

* «Repito que poder cambiar lo que nos es exterior, supone también cuestionar nuestros valores y nuestras prácticas personales. Aceptemos el reto de hurgar en lo más profundo de nuestra conciencia profesional, lo considero una exigencia del momento.

De esta generación no se dirá que fue una generación perdida sino una generación quemada, porque se necesitará, creo, toda una generación no para volver a ser lo que ya fuimos, sino para llegar a ser lo que debemos ser. No perdamos de nuevo una ocasión histórica».

* «Participen activamente en el Debate Educativo, es el de todos y es el de esta hora. La historia es avara en oportunidad. Y sean indulgentes, como les he pedido, conmigo. Porque si el debate es de todos, es también mi debate, y sirviéndolo, como me propongo seguir haciéndolo, seguramente incurriré en errores, impropios de un maestro rural que un 14 de julio recibió una de las más altas distinciones que otorga su Patria adoptiva. Gracias, gracias». *

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