Proyecto de Argentina, con el patrocinio de Venezuela y Brasil; alternativa frente al BID

Un Banco de Desarrollo del Sur

Esta entidad financiera tiene objetivos económicos obvios y un sesgo político destacado: que el Banco del Sur, con el tiempo, permita prescindir a los países latinoamericanos, de los condicionamientos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, instrumentos muy caros al establishment financiero internacional y a cómo miran los EEUU a Latinoamérica.

Del tema volvieron a hablar Néstor Kirchner y Chávez, en el almuerzo que el argentino le ofreció en la residencia de Olivos, lo que por sí solo marca el excelente clima existente entre Buenos Aires y Caracas.

En sus tres años de gobierno, nunca antes actuó de anfitrión en su «casa», digamos. Ya volveremos sobre el asunto. Para los expertos de ojos independientes, el «Banco de Desarrollo del Mercosur» puede resultar una «bomba política». Explicó ayer Página/12″ que «hace un año, la idea era considerada por los enemigos de que los Estados asuman un rol activo en la economía como «un proyecto utópico más del pintoresco presidente de Venezuela». Pero, desde entonces, la idea fue tomando vuelo, a la par que recibía el respaldo de los diferentes gobiernos. Lula da Silva dio el OK para que Venezuela avanzara en el desarrollo de la idea. Argentina se sumó y desde hace poco más de tres meses equipos técnicos del Palacio de Hacienda trabajan junto a sus pares venezolanos en darle forma a la idea. En el camino, Argentina y Brasil cancelaron sus deudas con el FMI. Ahora surge el proyecto que aspira a independizar a los países del bloque del financiamiento maniatado de los organismos internacionales». Es cierto. Para los centros financieros internacionales es casi una herejía, la propuesta de capitalización y sus objetivos en materia de financiamiento, crear competitividad y fortalecer la organización regional que está desde ayer en manos de los ministros de Finanzas y Economía de la región.

La propuesta deberá servir como instrumento de financiamiento del desarrollo de los países miembro, reemplazando de ese modo la dependencia generada por el endeudamiento externo y bajo condiciones impuestas por los organismos internacionales.

Es la misma idea que quedó plasmada en el anuncio del Bono del Sur, emprendimiento conjunto de Venezuela y Argentina, presentado en Caracas a principios de este mes con la intención de ser lanzado entre setiembre y octubre. Néstor Kirchner lo caratuló, entonces, como «el preinicio del Banco del Sur».

El esquema de capitalización se basa en constituir un capital inicial con parte de las reservas internacionales que hoy los países de la región tienen depositados en organismos internacionales o en bancos de los países desarrollados. Aparte de las reservas de Venezuela, está el hecho de que actualmente los bancos centrales de Argentina y Brasil han podido recuperar aceleradamente reservas mediante compras diarias de divisas para sostener el valor del dólar. Los dos países cancelaron sus deudas con el FMI y en algunos círculos temieron por el futuro financiero de los dos países, lo que no ocurrió. La idea es que el Banco del Sur promueva «el avance económico y social armónico de la región», crear condiciones financieras para «darle competitividad».

Y también encarar una tarea conjunta entre los países asociados al Mercosur con vistas a la próxima asamblea del FMI, en Singapur.

La idea es llegar a ese encuentro con una formulación común sobre el rol de ese organismo, la necesidad de su transformación y un cambio en el reparto de poder y decisión interna.

Un planteo inicial es conformar un fondo de apoyo financiero a los países menores (Uruguay, Paraguay) por 100 millones de dólares, que en el futuro podría ser administrado por el Banco de Desarrollo a crearse pero, en lo inmediato, se viabilizaría a través del BNDes de Brasil y el BICE (comercio exterior) y el Nación de Argentina.

También se ofrecerá la apertura de las cláusulas de adaptación competitiva (facilidades de acceso a los mercados de productos industriales sensibles) y del régimen automotor común, que hoy comparten sólo Argentina y Brasil, a Uruguay y Paraguay.

 

Chávez-Kirchner

En Olivos, los dos mandatarios amén de reforzar sus afinidades, abrieron nuevos cursos de participación de empresas argentinas en Venezuela, en obras de infraestructura básicamente y de nuevos negocios venezolanos en el país. En la residencia presidencial, a pedido del argentino, el venezolano recibió al rabino Israel Singer y otros miembros del Congreso Judío Mundial. Las fuentes afirman que estos últimos querían saber si el enfrentamiento de Caracas con Washington afectaba a la comunidad judía venezolana, habida cuenta del respaldo que George Bush presta a la política de Israel. Aparentemente, las dudas habrían quedado salvadas así como los objetivos de Chávez en Irán, país que visitará en las próximas semanas. La presencia del venezolano en Teherán interesa mucho a Kirchner. Argentina tiene congeladas las relaciones con Irán a raíz de las sospechas de que en la voladura de la mutual judeo-argentino, AMIA, tuvieron que ver algunos ex diplomáticos iraníes. Por lo pronto, hay un pedido de extradición de varios iraníes reclamado por la justicia argentina.

En el Palacio San Martín, con todo, se oponen a romper relaciones con Irán, como reclaman sectores de la comunidad judía, porque no se quiere perder un canal de negociación sobre el caso AMIA, precisamente.

Al salir de Olivos, Chávez dijo que «la entrada de Venezuela le da vigor político y social al Mercosur; hay que seguir reformateando el Mercosur» que ya «no es el viejo Mercosur, que nació cuando estaba en su mayor auge el consenso de Washington y caía la Unión Soviética». *

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