La columna de Sherlock

«Chajá, Chajá, el postre Chajá»

Sherlock se fue hasta la Meseta de Artigas con los legisladores y los colegas periodistas. Luego de participar en todos los homenajes, se resolvió la vuelta. Los periodistas en un ómnibus y los parlamentarios y algunos funcionarios del Palacio Legislativo en otro.

En un momento el coche de los políticos que los trasladaba hasta el aeropuerto de Paysandú se detuvo. ¿Desperfectos? ¿Problemas en el carburador? ¿Alguna pinchadura? ¿Necesidad de alguno de ir al baño? Esas y otras preguntas fueron las que el sabueso formulaba nervioso, sabiendo que en Carrasco iba a ser imposible aterrizar y que podían terminar en Durazno o en la Laguna del Sauce.

Pasaron diez minutos, veinte, veintidós, hasta que no aguantó más: «¿Se puede saber qué estan haciendo?».

El chofer del ómnibus de los perioditas terminó el mate y dijo: «Es que el señor Mario Faracchio y algunos legisladores resolvieron comprar postres Chajá».

Y así fue, el secretario del Senado trajo postres Chajá hasta para los vecinos de la cuadra.

Un aplauso por Artigas

El auditorio del Platense, el pasado jueves, seguía con atención cada una de las palabras del doctor Tabaré Vázquez.

Sherlock, mientras tanto, chupaba frío en la puerta porque la reunión era vedada a la prensa.

En un momento se escuchó un cerrado aplauso que invadió el recinto y se escapó hacia la calle.

Uno de los porteros, de esos que no sacan el ojo de arriba de los periodistas, se alarmó: «¿Qué pasa, qué pasa?», preguntó a otro que estaba a mitad de camino entre la calle y el estrado.

– Es que el Taba se corrigió en el aire y la gente lo apoyó con un aplauso-, dijo. Iba a nombrar a Artigas, agregó, y comenzó a decir «Juan, Juan…», pero él mismo se dio cuenta y con cara de pícaro largó el «José Gervasio Artigas».

«Hasta cuando se va a equivocar, lo aplauden», reflexionó con voz muy bajita Sherlock, a quien a esa altura ya lo esperaban en una esquina para informarle sobre el contenido del discurso del presidente del Frente Amplio.

El peligroso murciélago

El pasado miércoles la reunión del plenario de Diputados venía aburrida. Los parlamentarios votaban esto, lo otro, pero fundamentalmente hablaban entre ellos. Era una reunión para tratar simples trámites. Afuera la humedad y el calor abundaban, pero a la vez se colaban por debajo de las fuertes puertas de madera de la Cámara.

De golpe, como quien no quiere la cosa, una mancha oscura comenzó a sobrevolar las cabezas de los legisladores. Sherlock, preocupado por aquel «aparecimiento», se puso el gorro por las dudas. «Allá está, allá está», se escuchó de boca de un legislador que no pudo ser identificado, en tanto el investigador se decía a sí mismo: «A mí que me revisen». «Se levanta la sesión», gritó Abdala quien ponía su mano izquierda sobre los dos ojos como mirando pasar el tiempo.

No era nada, sólo un murciélago que había resuelto pasearse por el Palacio Legislatvo porque le habían dicho –es una interpretación– que en ese recinto todo es tranquilidad.

Una vez que se logró su captura, la sesión continuó entre cuentos de murciélagos y vampiros.

Maggi erró el biscochazo

Hace pocos días el colega Raúl Legnani propuso la creación de un Movimiento en Defensa de los Distraídos, tomando en broma la idea de poner multas a los que pierden la cédula de identidad.

Sherlock se interesó en el tema y casi sin quererlo descubrió a un futuro integrante de ese movimiento. Nada más ni nada menos que el doctor Carlos Maggi sería el futuro integrante del MDD.

Maggi escribió ayer domingo lo que sigue: «En un excelente reportaje del diputado Raúl Legnani, publicado en LA REPUBLICA, el escritor (Juan Grompone)…», y se refiere a las ideas sobre las empresas públicas de ese escritor, pero particularmente ingeniero.

Enterado de eso Sherlock no dudó en comentar en la sala de redacción de LA REPUBLICA que el error «es tremendo», «¿se imaginan a Raúl Legnani de diputado?».

«Digo Tabaré»

En la semana pasada el sabueso se largó por la calle Yi hasta la sede de Asamblea Uruguay, para ver si se había recuperado de una congestión el senador Danilo Astori.

Subió la escalera, se sentó en en el bonito hall de entrada, observó la foto de Seregni tomada por Freddy Navarro, y esperó un rato hasta que apareció una de las secretarias.

Luego de confirmar que Astori está perfectamente bien, intentó bucear por otros campos de la información.

Lo tradicional: ¿cómo andan las cosas? ¿y la interna cómo los lleva? Y muy poco más. Como las respuestas eran frías eligió por tocar la retirada. Cuando bajaba por la misma escalera subía un alto dirigente asambleísta y Sherlock le lanzó en la cara: «¿Cómo está la relación entre Danilo y Tabaré?»

La respuesta fue fulminante:

-De lujo, como nunca, ahora Danilo cuando en Asamblea da los informes habla de «Tabaré» y ya no dice más «el doctor Vázquez», manifestó dejando con la boca abierta al investigador, que casi se tropieza con un escalón.

El soldado tiene quien le festeje

Pocas veces ocurre que un legislador sea aplaudido en el Palacio Legislativo, pero muchas menos veces ocurre que sea ovacionado por un grupo de periodistas.

El pasado viernes, para entrar en tema, el presidente de la Cámara de Diputados, Washington Abdala, llamó a conferencia de prensa para informar sobre un concurso sobre el ideario artiguista.

Sherlock, que ya se conoce las Instrucciones del Año XIII de atrás para adelante y de adelante para atrás, sintió los aplausos y comenzó a correr por la escalera. Casi sofocado y con la pipa apagada llegó hasta la puerta de la sala de periodistas del anexo del Palacio y se encontró que a coro un grupo de colegas cantaba «Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz», dirigiendo sus miradas al joven legislador, soldado del sanguinettismo. Emocionado, Abdala lanzaba besos y abrazos para todos lados. Enojado, otro grupo de periodistas se retiraba raudo. «Esto ya es el colmo, periodistas criollos eran los de antes», dijo uno de los más veteranos, quien casi pisa a Sherlock sin darse cuenta.

El beso de Couriel

Los dos fueron brillantes estudiantes en la Facultad de Ciencias Económicas. Los dos se conocen, pero están en bandos distintos. Hablamos del senador Alberto Couriel y del ministro de Economía y Finanzas Alberto Bensión, quienes no se ponen de acuerdo ni en que dos más dos es cuatro.

A Sherlock le gusta seguirlos y eso fue lo que hizo en la pasada semana. Se enteró de que Bensión visitaba el Parlamento, más concretamente a la Comisión de Hacienda del Senado, y que se iba a encontrar con Couriel.

Antes de poner la oreja derecha en la puerta de la Comisión sintió casi como un chasquido: «Muuaaccc…».

Ante tamaño sonido prendió el grabador con el fin de registrar las consecuencias de lo ocurrido.

– No pasó nada estimado amigo Sherlock, el ruido que usted escuchó fue un beso que Couriel le colocó en el cachete derecho a Bensión-, comentó un senador, quien no salía de su asombro.

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