La marcha de "brazaletes negros" conmovió ayer al Prado

"¡Viva la Patria, carajo!"

Con una encendida proclama los productores rurales reclamaron al gobierno una mayor «responsabilidad» en materia de política económica, un Estado más eficiente y solidaridad con los productores endeudados, al tiempo que cuestionaron las gestiones de los ministerios de Ganadería, Educación, Interior, Defensa, Economía. También criticaron las «soluciones» brindadas por el BROU y la Corporación Nacional para el Desarrollo, que dieron 28 millones de dólares «a una empresa amiga, cuando con 35 millones habrían solucionado el drama a 7.600 productores pequeños que le deben al BROU».

La proclama fue leída por el periodista arachán Walter «Serrano» Abella, quien también hizo referencia a los inconvenientes causados por el atraso cambiario, la ineficiencia estatal, la escasa inversión pública, el endeudamiento, la fuerte recesión del país, la iliquidez de los productores rurales y la desocupación que afecta a la economía nacional.

La muerte del campo

Ante un número importante de asociaciones y familias rurales llegadas de distintos puntos del país, Abella dijo que el Banco de la República (BROU) «no soluciona el problema de endeudamiento» y denunció la emigración urbana y rural y la falta de políticas para el Instituto Nacional de Colonización.

La movilización, denominada «de los brazaletes negros», convocó a miles de «los últimos» productores rurales. Luego de señalar que el sector está «sumido en su más grave crisis económico social de su historia», Abella criticó la existencia de «un altísimo endeudamiento agropecuario, una enorme recesión, una alarmante iliquidez, una escandalosa desocupación y un fabuloso contrabando», que «transforma al agro de trabajador pasivo y silencioso en mano firme de lucha y protesta por su vida y por la vida de todo el país».

En su discurso, indicó que «no necesitamos análisis de factibilidad para saber que hoy del campo no podemos vivir» y advirtió que «los reperfilamientos actuales van a ser impagables». Agregó que «el bono cupón cero fue una medida totalmente alejada de la realidad. No necesitamos técnicos en políticas agrosociales para saber que los colonos se nos mueren sin ser jamás dueños de la tierra».

El representante de la gente del campo denunció «a los voceros de este gobierno y de los pasados porque confunden a la opinión pública diciendo que han dado soluciones a la agropecuaria. Debemos desmentirlos: el Estado ha establecido algunos mecanismos de alivio fiscal, que han sido muy pocos y peor distribuidos».

«Â¡Viva la Patria, carajo!»

Los productores manifestaron la necesidad de obtener soluciones inmediatas para la crisis. Dirigiéndose directamente al presidente Jorge Batlle, Abella expresó: «Señor Presidente de la República, no nos pida la pata contra la barraca porque hoy necesitamos plantar para mañana cosechar, hoy necesitamos praderas para mañana tener leche, hoy necesitamos mandar nuestros gurises a la escuela para mañana tener orientales ilustrados. Nuestro tiempo es hoy y sin hoy no tendremos jamás un mañana». Agregó que los trabajadores rurales «no tenemos tiempo de soñar, tenemos urgencias reales. De nada valdrán los mejores proyectos a la familia rural si ya en nuestro campo no hay gurises».

Ante una concurrencia visiblemente conmovida, el periodista pidió: «No nos maten la fe porque un pueblo sin fe no tiene destino». Señaló que gran parte de los trabajadores del campo ya no son dueños de la tierra. «Muchos de nosotros debemos la máquina del tambo, el rodeo lechero. Muchos somos ocupantes a sueldo de una economía perversa que se lleva nuestras chacras de arroz, nuestros frutales, nuestras verduras: nos han quitado todo», indicó.

Abella puntualizó que «si la muestra de empobrecimiento que lucimos sirvió para mejorar la calidad de vida de la gente, superaremos el horror de nuestras propias preocupaciones y nuestras necesidades». Pero aclaró que «si sólo una elite importadora bancaria metió a sus bolsillos todo el resultado de nuestros esfuerzos, el sacrificio no sólo no valió la pena sino que fue terriblemente injusto». La proclama concluyó asegurando que los trabajadores rurales «seguiremos siendo siempre por encima de ocasos puntuales. Venimos desde el fondo de la historia, pertenecemos al alma del país, no pasaremos. Como dijo un viejo caudillo: las nubes pasan, el azul queda. ¡Viva la Patria, carajo!».

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