"Brasil y Argentina siempre arrojaron sus desechos en la vereda nuestra"
Una vez finalizada su intervención Julio Rodríguez se dirigió minutos después a Roberto Pereyra, director de La ONDA digital, para proporcionarle el material que contiene 70 mil caracteres -casi nueve páginas de LA REPUBLICA-, con la intención de intercambiar ideas. Cuando Julio Rodríguez falleció dije que en algún momento íbamos a volver a tener un diálogo con él, una vez que descubriéramos sus apuntes. Nunca pensé que iba a ser tan rápido, porque Pereyra dos días después me informó de la existencia de este documento, de una actualidad que sorprende. Lo que sigue es un resumen pleno de párrafos provocadores.
EEUU también existe
1) «Tomemos la crisis regional. El objetivo de EEUU, en el marco de su estrategia global de disgregar el Mercosur es, en cierto modo, una tarea ociosa, dado que se ha auto demolido por la conducta de sus socios mayores Brasil y Argentina cada vez que entran en panne y en pánico. Para lograrlo a EEUU no le importa la implosión y la explosión que suscite en Argentina. Porque con ello puede exportar a Brasil el caos económico-financiero de Argentina, como ya está sucediendo. No soy afecto a las teorías conspirativas.
Pero EEUU sí que lo es, razón por la cual es aficionado a la conspiración como quedó en evidencia en Venezuela. Lo que vislumbro como estrategia más peligrosa, es que EEUU ha vuelto a la tradicional política del big stick, de imponer gobiernos despóticos con tal de que convenga a sus intereses como lo demostró con el apoyo al golpe militar en Venezuela. Está provocando el caos en Argentina más allá de la vocación caótica del gobierno argentino para tentar la posibilidad de suscitar el caos incluso aunque haga renacer los muertos (un partido militar). Eso le permitiría caotizar a Brasil, donde también podría apostar a un partido militar, tanto más con el pretexto del triunfo de Lula.
A EEUU, por toda esa cultura que mencioné al principio, no le importa que en el mundo impere el despotismo. No le importó durante todo un siglo cuando fomentó las sangrientas dictaduras latinoamericanas, ni ahora en China, Pakistán, Arabia Saudita, los emiratos árabes, las repúblicas ex soviéticas de Asia Central, del Cáucaso, etc. No le importa porque en el catecismo cotidiano está consagrado que a nadie importa que rija el despotismo entre los condenados, cuando precisamente el despotismo es señal de su condenación en el cielo y merecido castigo en la tierra.
Endebles son las defensas de la región. El Mercosur de hecho no existe. O sea, si se quiere crear un organismo regional eficiente hay que inventarlo de nuevo. Pero con un pie afuera. Brasil y Argentina siempre han arrojado sus desechos en la vereda nuestra. Y lo harán en el futuro por la desproporción de escala. No se trata de maldad o de falta de generosidad, ni de cultura ni de buenas maneras. Las leyes internas del poder les reclaman exportar el caos al entorno para mantener el mínimo de orden al interno.
Pisotear las plantas del jardín uruguayo es imperceptible en el planeta. No pagan ningún costo político interno, sino al contrario. De triunfar Lula en Brasil, se disolverán muchas expectativas, porque Lula anuncia que hará exactamente más de lo mismo. Y encontrará buenísimas razones de izquierda para defender el pleno empleo brasileño contra nuestras exportaciones.
¿Dónde refugiarnos?
EEUU magíster Powell dixit ama al Uruguay. Es un país modelo, un faro de democracia. Y cierto es que se le puede dar oxígeno con poco. Se anuncian cifras significativas de apoyo crediticio diversificado Es poco para ellos, mucho para nosotros. Lo cual sorprende frente a la dureza que se aplica contra nuestros vecinos. Así, que de ser cierto cuanto se anuncia, además de «modelo» y «faro», seremos escaparate. La cosa, pues, no sería contra Uruguay. La crisis que nos ha lastimado es parte de los «inevitables daños colaterales», de fallas puntuales de los misiles «inteligentes» lanzados contra Brasil y Argentina.
¿Qué nuevos demonios despertará la operación de EEUU contra Argentina y Brasil? Bueno, bueno, bueno. Eso importa poco. El imperio se cree omnipotente. Avanza a la manera de aquellos mamuts prehistóricos que jamás en la segunda fila de la imponente manada pensaban que la primera fila se precipitaba en los barrancos preparados por los Neandertales. Es miope como todos los poderosos habituados a la impunidad. EEUU está predestinado a la salvación, los demás, a la condenación. God save América es una convicción profunda».
La economía matematizable
2) «Por las razones que se han debatido en estos días, el Uruguay se enfrenta a una situación de emergencia. A esta se la define como resultante exclusivamente del déficit fiscal, a su vez desencadenante de una crisis financiera de alto riesgo. En las soluciones propuestas – de hecho – no se consideran de emergencia la crisis del empleo, de la producción, de la pobreza, de la marginalidad. Y digo «de hecho», por cuanto si se las considerase, tendrían a su vez un conjunto de medidas para atacar frontalmente y de modo urgente la reactivación económica, la solución de la pobreza, la marginalidad, el desamparo y el hambre que ya están presentes en sectores vastos de la población.
Bien, esto otra vez se explica por la monomaníaca anorexia de la doctrina y sus ecuaciones de primaria elemental, que por supuesto, no pueden expresar matemáticamente lo que significa vivir ese tipo de emergencias. Pero que por lo mismo, tampoco acepta que se tome en consideración el costo económico de no incluir esos problemas en el paquete de ecuaciones y soluciones que ya, ahora mismo, sin esperar más, deben acompañar ese paquete impositivo, que según se afirma, será la señal para que lleguen los créditos de los organismos internacionales.
¿Cuál es la dificultad? Que todos los decretos aprobados, por ejemplo si se aprobaran en el día de hoy son todos matematizables. Es tal la potencia aprehensora del álgebra, que se supone que todo lo que no es matematizable no existe. Berkeley no pondría objeción a este retoque de su aforismo: «Ser es ser percibido y matematizable». De hecho tal fue la opinión que subyacía en la respuesta de un ministro, cuando se le preguntó por qué solamente se decretaba un impuesto a las retribuciones personales: «porque no se pueden evadir». O sea, la crisis del empleo, de la vivienda, las urgencias del hambre, la miseria y la marginalidad no logran ser expresadas por un parámetro que les permita ingresar a las ecuaciones, porque no son matematizables. En cambio entramos, porque son fácilmente matematizables, en la gravosidad del impuesto a los sueldos y jubilaciones.
Quiero explicarme aun más. La situación podría incluso considerarse potencialmente riesgosa. La revolución francesa y la revolución rusa estallaron espontáneamente cuando las mujeres, en París y Petrogrado, con sus protestas saquearon las panaderías. Véase qué banal comienzo para revoluciones que conmovieron al mundo y cambiaron la historia.
No creo que se avecine nada parecido ni por asomo. Pero cualquier tipo de estallido puede surgir espontáneamente en cualquier momento si no se toman rápidas medidas. Quizás alguno, absolutamente confiado en la perfección algebraica de la ecuación, piense que un estallido espontáneo será matemáticamente reprimido incluso aun cuando se expanda.
Aceptemos con dolor que así sea, por tanto, estimemos el costo económico de la represión, de los pertrechos del aparato represivo, del costo en destrucción de la infraestructura, del costo de la capacidad productiva interrumpida, etc. sin hablar de los costos humanos que un en
frentamiento provocaría y del legado traumático que perviviría. Un buen estratega político debe ser capaz de plantearse todos los escenarios eventuales.
Apuesto que ese costo sería muchísimo mayor y terriblemente más traumático que cualquier otra solución que atienda ya con recursos materiales, la emergencia que viven decenas de miles de familias sepultadas en la pobreza y la marginalidad, única salida que además evitaría el trauma de una conmoción social espontánea y de su eventual represión, Y apuesto a que toda política que asigne recursos públicos a la reactivación económica dará resultados que al mismo tiempo que evitarán la reiteración de la emergencia, tendrán el efecto multiplicador de generar los recursos de repago del costo público inicial de la reactivación económica, por tanto del empleo, por tanto del conjunto de problemas que hoy aquejan a los sectores más débiles de la sociedad. Esa sería la única forma de dar inicio al círculo virtuoso de la sociedad y dentro de ella, de la economía».
Mercosur y con quien sea
3) » La prioridad debe ser ya atender esas urgencias del desempleo, la pobreza y la marginalidad, porque ese no es un gasto sino una inversión productiva, y productiva en el mejor de los sentidos, productiva de un clima democrático y justiciero, solo en el cual es posible postularse otros objetivos productivos. Y sin necesidad de escalar los peldaños de una tarea y luego morosamente la de otra, un paquete de medidas de defensa de la producción nacional afectada por prácticas desleales extranjeras, de sostén inicial a la reconversión tecnológica de ciertos sectores bien elegidos y con futuro, de creación incluso de nuevos sectores no existentes.
El Uruguay todavía sigue sometido al prejuicio – que nunca fue verdadero – de que la salud, la vivienda decorosa y la educación son gastos y no inversiones de alta productividad. Toda la retórica es retórica si no se materializa en un esfuerzo de inversión extraordinario en todos esos sectores. El mundo de mañana es el de la expansión de la alta calificación de todos los recursos humanos, lo que además supone la democratización y el acceso igualitario de toda la población a las formas más altas de la educación».
«Pero vano sería todo si el Uruguay olvida que está inserto en un conjunto de relaciones entre Estados donde no existe la caridad, sino que existen intereses, y que los intereses no coincidentes o contrapuestos se negocian. Nadie puede pagar millones para evadirse del planeta como se hace en el irracional turismo estelar, ni como describe Bradbury en su ficción de la emigración de los negros oprimidos en su célebre cuento. Aquí estamos; y es en ese aquí que debemos plantearnos una política internacional, incluida una política económica.
Solo una sabía inserción plural en todos los círculos posibles, Mercosur, tratados bilaterales, formas de alianzas puntuales en defensa de nuestros intereses económicos, con quien sea: Comunidad Europea, Nafta, EEUU, países árabes, Japón y sudeste asiático, etc.
La gravedad de la crisis actual deviene del explosivo aumento de la diferencia entre lo que pueden hacer los imperios y lo que pueden hacer los micro mundos rurales como Uruguay es. Por tanto, es la peor crisis – desde Augusto – de todas las periferias que históricamente han estado subordinadas a imperios. O sea, sencillamente estamos siendo arrastrados por el tsunami global.
La crisis de 1929-33 en Uruguay fue tan espantosa como la universal. Y desembocó donde sabemos. El Uruguay siguió la senda abierta desde 1931 por Inglaterra, por varios países de Europa central, EEUU, etc. Intervención del Estado, proteccionismo, contralor de cambios, etc. Uruguay no inventó nada. Todo estaba ya inventado en Inglaterra y EEUU, Uruguay utilizó sus modelos. Y el modelo siguió hasta que se agotó.
Los autocalificados economistas seguidores del manual neoliberal, afirman que el Uruguay habría inventado toda esa abominable caja de herramientas de la intervención del Estado, y que por testarudez siguió aplicando insanamente en la posguerra mundial, cuando el mundo abría sus fronteras y expandía la libertad de los mercados. Es el mundo y la historia del revés. Exactamente lo contrario. Porque lo que no pudo hacer Uruguay en los años 50-60 fue seguir el ritmo del estatismo, proteccionismo y mercantilismo de los grandes centros (EEUU, Europa occidental, Japón). No pudo porque precisamente no estaba viviendo en palacio, sino fuera de palacio. No tenía murallas contra los depredadores del mercado mundial. Y los otros eran depredadores precisamente porque tenían murallas para defenderse y máquinas de asalto para derribar los muros de adobe de la economía uruguaya.
Los economistas académicos de la escuela neo-paleo-liberal, no solo saben poco de economía, salvo la suya, sino que además se ufanan de ignorar la historia y quienes la saben, gozan en ocultarla. En el hemisferio norte, los padres de esta criatura teórica tienen poder. Pueden darse el gusto de ignorar Homero, el Quijote, el Renacimiento, pueden jactarse de ser zafios, de no necesitar saber, porque pueden pagar y alquilar al escriba que lo sepa.
Nosotros no. Estamos angustiosamente necesitados de saber historia. De saber por tanto qué se puede hacer de aquello que se hizo antes, y qué no se puede hacer de lo que se hizo antes.
Por último y breve, porque sobre lo que sigue, tengo demasiado para decir, un universo para estudiar, y poquísimo espacio para discurrir. Esto no es posible sin un amplio consenso político y partidario, que abarque a las organizaciones sociales, a las instituciones de enseñanza, a los productores y trabajadores del campo y la ciudad».
La primera opción
5) «No habrá opciones de inserción en este mundo global, si no se resuelve previamente – en el concepto, no en el tiempo – la capacidad de conformar un espacio vasto de apoyo a otro modelo económico, donde el diálogo y el consenso entre todos los partidos, organizaciones sociales, hombres de la inteligencia y la cultura, serán los únicos instrumentos capaces de un proyecto de inserción viable en un mundo que no dominamos, pero en el cual estamos, y en el que debemos navegar sin evasiones y sin utopías. Para que advenga: Ora pro nobis». *
(*) Editor de la nota que se publicó en La ONDA digital Nº 297, bajo el título «Julio Rodríguez: ‘No me hagan recordar la historia que confirma cuanto digo'».
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