Chávez el molestón

La oposición política uruguaya ha transformado el rechazo al presidente de Venezuela Hugo Chávez, en una cuestión de principios. Lo ha hecho con pocos argumentos, demostrando que se está ante una batalla política de poca monta y no económica y comercial.

¿Por qué molesta Chávez? La respuesta a esta interrogante, por más que se dé vueltas y vueltas, es porque Chávez tiene un proyecto político sudamericano que presenta contradicciones con la política tradicional de Estados Unidos.

También es verdad que no solo Chávez tiene una visión de resistencia a las políticas hegemónicas de la primera potencia mundial, pero no todos los países, gobiernos y pueblos tienen las mismas posibilidades y formas de hacer política en ese sentido. Brasil y Lula, con todo su poder económico, diplomático, militar y poblacional, han preferido operar políticamente, que establecer un gran debate ideológico y mediático con los rubios del norte. Esto es así porque tienen una rica historia en su diplomacia, tienen poder construido durante años y están en condiciones de dialogar confrontando con la Casa Blanca.

Hay que comprender a Chávez, porque Venezuela no es Brasil y porque Estados Unidos ha colocado a los caribeños dentro del «eje del mal», porque el Pentágono necesita tener enemigos, para justificar sus acciones internacionales que siempre buscan quedarse con un cacho más del mercado mundial. Hoy hay en Sudamérica un amplio proceso de desarrollo de fuerzas multicolores, que en muchos casos se unen y en otros solo convergen o tienen encuentros esporádicos, siempre detrás de un rumbo que permita que las sociedades del sur tengan más independencia en sus decisiones, sabiendo que en un mundo globalizado la independencia absoluta no existe. Es en este marco que no se puede desconocer a Chávez, que tiene la fuerza de los grandes independentistas latinoamericanos, además de la riqueza del petróleo. Sé que hoy en esta posmodernidad que da náuseas, no es recomendable nombrar a Lenin, a quien un día le preguntaron qué era el socialismo. El viejo respondió, al poco tiempo del triunfo de la revolución, que el socialismo era la electrificación de toda Rusia más el poder de los sóviets. Traducido al lenguaje de hoy y al momento actual, se podría decir que esa nueva sociedad pasa por abaratar los costos energéticos, si se puede cambiar la matriz mejor, a lo que hay que agregarle más democracia, más libertades, más participación. Más republicanismo.*

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