Gonzalo Gaggero: "He pasado por todas: me he fundido, he ganado plata y con mi esposa criamos a nuestros cinco hijos en el campo"

"Es un problema nacional: hay que buscar una solución a la deuda del agro para que la bomba no reviente"

–¿Cuándo se vincula usted al campo?

–Desde que nací. Soy de la ciudad de Treinta y Tres, hijo de un padre médico que dedicó parte de su vida al campo y de una madre proveniente de una familia de pequeños productores rurales. Me crié desde niño en el campo. Yo nunca fui a una playa en vacaciones.

–Así que usted es más de arroyo que de mar…

–No soy de agua salada. Llevo más de 35 años como productor rural. He pasado por todas: me he fundido, he ganado plata y con mi esposa criamos a nuestros cinco hijos en el campo.

–¿Qué siente del campo?

–Siento un gran amor por el campo, una verdadera pasión por la producción y una gran frustración porque ese gran amor que transmitimos a toda la familia hoy no nos permite recomendarle a los hijos –el mayor también es ingeniero agrónomo–, que se dediquen al campo. Hoy no se puede ser optimista a pesar de que en muchos momentos de nuestras vidas hemos producido a pérdida. Es muy duro decirle a un hijo que no haga lo que le gustaría hacer (se emociona).

–¿Qué momento es el que más le gusta del campo?

–La mañana, bien temprano. Me levanto, preparo el mate y muy temprano salgo al campo a recorrer mi hacienda. Hago todas las tareas rurales como cualquier hombre del campo, con los empleados o solo, pero siempre con la compañía de buenos caballos y buenos perros. Hoy hacemos el triple de esfuerzo que antes, con diez veces menos resultados y con rentabilidad negativa. Y en la tarde ya empiezan las preocupaciones: ¿cómo pagar la luz, el teléfono? De tarde hay que ir al banco. Las preocupaciones enferman al hombre y a la familia. Es tremendo. Cuando llega la hora del informativo, muchas veces estoy dormido. Mi otra gran pasión es el gremialismo rural. En la Sociedad de Fomento de Treinta y Tres llevo treinta años.

–¿Cuándo comienza a percibir los primeros síntomas de la crisis del sector?

–Hay que ir muchos años para atrás para darnos cuenta de que no hubo una visión de país agropecuario. Arranca a principios de siglo y se recrudece paralelamente a los fuertes ingresos que tuvo el país en 1952, como producto del impulso exportador y de los altos valores de la carne y de la lana. Esos recursos no van hacia el país pecuario y ahí comienzan las distorsiones. Cada vez que el país tiene que decidir en dónde dispone los recursos, en cada política económica que el país enfrenta, equivoca el camino. Esto ocurrió en la década del 70 con la liberalización, en la década del 80 con toda la política del gobierno de facto, ocurre con el regreso de la democracia en 1985, sigue en el 90, a pesar de que en 1987 tiene una recuperación y en los dos años posteriores presenta una política de estabilización. En el 90 se llega con una política muy centrada en el manejo monetario.

–Usted acaba de tirar el chico lejos y se va a principios de siglo, ¿no tuvimos un modelo agropecuario como país?

–No supimos aprovechar que el país tenía capacidad de producir y de aplicar eso en un mundo mucho más fácil. Perdimos la oportunidad de repartir la tierra, de distribuir mejor la riqueza, de desarrollar el campo.

–Pero esa responsabilidad también es de ustedes, los productores…

–Claro, es nuestra, es de la sociedad en su conjunto, de los uruguayos, porque las políticas económicas las votamos nosotros. En mayoría o en minoría las apoyamos. Si nos equivocamos o nos mienten y aceptamos la mentira es también un acto de responsabilidad o de irresponsabilidad del ciudadano. Cuando decimos que hemos encarado un modelo de un país no agroexportador, le erramos todos, pero le erran más los que tienen la obligación de conducir.

–Estamos en el mes de Artigas, ¿el jefe de los orientales tenía un proyecto?

–Claro que lo tenía, es el gran olvidado. Uno se pone a leer las cosas que escribía, la visión que tenía de la federación y de la campaña, de la ley de tierras, de las Instrucciones del año XIII, y se encuentra con cosas que nos comprometen a los uruguayos de una manera única.

–De alguna manera, salvando las distancias, Artigas apostó al modelo de Estados Unidos y no sólo en el plano de la institucionalidad. También en el plano de la propiedad de la tierra. Y en los últimos años los uruguayos hemos debatido si el problema es la propiedad de la tierra o el aporte de la tecnología a la misma. ¿El problema es global, es todo?

–Sí, es todo, pero uno de los grandes problemas fue el de la propiedad de la tierra. Mirando la historia de los países con similares condiciones a la nuestra, por ejemplo Nueva Zelandia, país en el que estuve hace 27 años, ya dividieron la tierra en 1898 y ayudaban a los productores a dividirla para que hubiera más gente en el campo y trabajara mejor. Eso obliga a llevar al campo carreteras, escuelas, muchos más ciudadanos, mucho más concentración de la producción. El Uruguay hizo el modelo inverso al concentrar el esfuerzo en Montevideo y se olvidó que los uruguayos también tenían que repartir su tierra.

–Lo que usted me está planteando es que los cambios son grandes o son grandes, ¿no hay otro camino?

–El país precisa cambios grandes y tiene que darle trabajo y propiedad de la tierra a la gente. La familia rural no puede ser desplazada por grandes empresas, ni por inversiones que entran y se van. Hay que elaborar un concepto social de la propiedad de la tierra, que hoy no hay. Tenemos los mecanismos para hacerlo, como es el Instituto Nacional de Colonización, que terminó politizado. En vez de dar la tierra a los que las necesitan se las dieron a gente que nunca la trabajó. Hoy vemos a los colonos con 13 hectáreas o con 50 hectáreas, fundidos. Durante muchos años los productores financiaron los sueldos del Instituto.

–Si los problemas son responsabilidad de la sociedad uruguaya, ¿las salidas también deben ser responsabilidad de ese conjunto?

–Sí, sí. Es obligación de la sociedad reasignar los recursos del país. Si se quiere tener una sociedad de bienes financieros y de servicios turísticos, están en su derecho de hacerlo, pero en ese caso la mayoría de los productores vamos a quedar al margen. La agropecuaria es la tierra, los bienes de producción, los semovientes, la maquinaria, el capital y la gente. La prioridad de la Mesa Coordinadora de las Entidades Agrarias es la gente y la familia rural, porque de otra forma no hay país.

–¿Cuál es el diagnóstico de la actual coyuntura?

–Desde 1990 el país hizo un esfuerzo de estabilización de la economía y logró cierta estabilización a través de la transferencia de recursos. Estabilizó la moneda, no estabilizó mucho la inflación, el Estado no se reconvirtió y siguió gastando como si fuéramos un país poderoso, mientras que hace dos años Sanguinetti nos dijo que estaba todo bien, que había que hacer una inversión alrededor de la bahía de Montevideo de 250 millones de dólares y por eso tenemos el monumento a la torre (la de Antel), tenemos el Sodre, el Plan Fénix. Nos vendieron un verso tremendo y nos encontramos que en 1999 el gobierno de Sanguinetti dejó un déficit de 935 millones de dólares, una cifra monstruosa que castra cualquier política y por muchos años.

En el sector agropecuario esta crisis se manifestó primero por una postergación, luego paralización con una caída de la actividad real de los productores, un endeudamiento enorme con la banca, con todos aquellos que nos brindaban insumos, así como con el Estado, como las Intendencias, DGI o BPS. La crisis es que Fulano no tiene para pagar la Contribución Rural, no tiene para pagar el BPS, si
tenía cuatro peones ahora tiene uno, si tenía dos tractores marchando paró a los dos, y si es un productor pequeño no tiene plata para pagarle el boleto al hijo para ir la liceo, no le da para pagar la luz. Esta situación ha provocado que se desate la rebeldía del hombre de campo para reclamar ante las autoridades que no tratan con seriedad el problema del sector.

–¿Siente que los gobernantes le han tomado el pelo?

–Todos sentimos que nos han tomado el pelo, que nos han mentido, sentimos que en este país el que denuncia las irregularidades se transforma en el gran acusado, porque lo transforman en el traidor a la Patria, al partido o al gobierno. Tampoco hay claridad en las cuentas públicas. Hace seis meses Davrieux negaba el déficit que hoy reconoce que se tiene, pero sin embargo sigue siendo el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. En la campaña electoral nos dijeron que iban a publicar todas las cuentas públicas, que usted iba a aplicar el botón de Internet e iba a ver lo que gasta Defensa y hasta ahora lo único que tenemos son los sueldos de los parlamentarios.

El otro día fui a una comisión del Parlamento y habíamos diez productores, seis senadores, ocho taquígrafos y seis o siete que te dan café y agua. Lo mismo que vio Ruth Richarson lo vi yo. Resulta que todo sigue igual.

–¿Cuál es la situación del sector carne y lanas?

–El sector está muerto. El país llegó a exportar más de 100 millones de kilos de lana, con cuatro dólares y un poco más el valor del kilo, hoy estamos en un promedio de un dólar y algo y bajamos a 60 millones de kilos de lana. Estos son sectores que no tienen muchas posibilidades de reconvertirse y, además, son muy sensibles a los cambios climáticos. En este momento esta gente está trabajando a pérdida. En el sector lechero la relación es peor, porque el endeudamiento es mayor y el crecimiento de los costos comparativos es más alto y eso lo perjudica aún más. En este momento el problema del endeudamiento nos pasa por arriba. Y esto pasa en todos los sectores, incluso el arrocero que es el sector más promocionado en Uruguay, integrante de una cadena que va del productor hasta el exportador, también está viviendo su crisis. La bolsa de arroz que valía 12 ahora vale 5 dólares y a pesar de que está integrado igual se funde. Hoy desde el gobierno se nos dice que tenemos que asociarnos, que cambiemos la mentalidad, que construyamos la «Conaprole de la Carne», pero los productores de leche están mal, y están unidos y tienen la mejor empresa productiva nacional. Es bueno que nos asociemos, pero que no nos digan que nuestra rentabilidad va a pasar de seis dólares por hectárea a 42 dólares. Eso no es cierto. Cuando se dice eso es para que la población de Montevideo diga «qué estúpidos estos canarios que no se asocian».

–Está bien Gaggero, pero la caída de los precios de la lana y de la carne es un problema internacional, no se puede resolver desde el gobierno.

–Sí señor. El caso de la lana es muy especial, porque nuestro país produce muchos tops y no ha desarrollado otras industrias. En el caso de la carne se produce en volúmenes y no en capacidades de procesamiento. No hemos invertido en una industria que transforme la carne. ¿Por qué no exportamos hamburguesas, por qué no exportamos bifes para determinados sectores poderosos del mundo? El gobierno está prendiendo fuego los bañados para tapar el sol, lo tapa un rato, pero después aparecen los problemas. Hay que hacer cambios en la ganadería, sí, pero hay que hacer otros cambios muchos más importantes. Batlle decía, hace muchos años, que los frigoríficos son carnicerías de lujo. Y esto hay que reconvertirlo. Yo no he visto a industriales fundidos, como sí lo están los productores. He visto industrias, pero industriales fundidos no. Siempre han tenido ayuda porque tienen mucha mano de obra y la mano de obra son votos. Pero esta etapa ya está culminada. Creo.

–Los productores dicen que el Estado es grande, que el Estado es caro, que el costo país es inmenso. ¿Qué hay que hacer con el Estado?

–El Estado tiene que hacer las cosas que los privados no pueden hacer y debe ser muy eficiente en esas áreas, debe ser eficiente en la gestión de la empresa pública estatal. No creo que la privatización sea sólo el camino, lo que importa es la competencia. Creo que un monopolio privado es mucho peor que el estatal. Tiene que meterse en el tema de salud, en el tema de educación, en seguridad, en la seguridad social, pero a la vez ser muy eficiente. No puede ser que yo fracase como candidato blanco o colorado en un departamento y después entre a un ente autónomo a dirigirlo. En esto el sector político debe adquirir una madurez, pero para que esto ocurra los ciudadanos debemos exigirle a los dirigentes políticos. Hoy no tenemos control social, porque hay que saber que el político va para donde la sociedad quiere. En 1999 el Estado uruguayo gastó 149 millones de dólares en incentivos para que los funcionarios públicos se retiraran y hoy no hay menos funcionarios públicos. Usted junta estos 149 millones de dólares con los 934 millones de dólares de déficit y después aparece la OPP con 1.700 contratos de obra, y entonces uno se pregunta si no te están tomando el pelo. Desde hace quince años hablamos de achicar el Estado y el Estado no se achica.

–A usted como dirigente agrario le preocupa la familia rural, pero al dirigente de COFE también le debe preocupar la familia de los funcionarios públicos. ¿Qué hace con esos funcionarios que quedarían excedentes por la reducción del Estado?

–Si yo pudiera dar las soluciones sería dirigente político y no gremial. Yo como individuo, como ciudadano, le exijo a mi partido y a mi dirigente que sea honesto, que me diga la verdad y que cumpla con los objetivos colectivos que nos hemos comprometido. Pero en un país de 15 millones de hectáreas y de tres millones de habitantes no podemos darnos el lujo de no tener lugar para esa gente. No podemos darnos el lujo de que se vayan ochenta mil uruguayos, que es como si se vaciara el departamento de Cerro Largo.

–Se van a bajar algunos impuestos, ¿alcanza?

–Por ejemplo la Contribución Inmobiliaria Rural que se prometió en la campaña electoral bajarla al 50%, se va a bajar al 18%. Algo se han bajado los aportes al BPS, pero hay unos cuantos impuestos que significan 13 dólares por hectárea. Los impuestos están significando el ingreso anual de una explotación ganadera.

–¿Cuál es la prioridad de los productores?

–El sector debe sólo al BROU 1.050 millones de dólares y a la banca privada alrededor de 350 millones de dólares y se estima que hay un endeudamiento para bancario con instituciones cooperativas que suma unos dos mil millones de dólares. EL PBI del sector agropecuario es alrededor de 1.500 millones de dólares, lo que quiere decir que todo lo que producimos en un año lo debemos. Esto significa que debemos más de lo que valen todos los semovientes. Si bien es cierto que hay un sector de los productores que no debe, eso habla peor del otro sector, porque debe más. Hay que buscar una solución para que esa bomba no reviente, porque si explota los bancos no pueden cobrar, los productores no pueden pagar, por eso estamos ante un problema nacional. La única solución es por ley. Es cierto que el BROU da soluciones caso a caso, pero el deudor individualmente no tiene fuerza para discutir. Hay que postergar las ejecuciones, para que permita que se estructure una ley y después, quienes se acojan a esa ley, se empiezan a establecer los contratos de vuelta.

–¿Hay diálogo de las gremiales con la banca privada?

–Sí, los dirigentes rural
es tienen diálogo. Y la banca privada dice que no tiene problema con el sector agropecuario, pero en la práctica ocurre que el problema aparece. Uno ve en los diarios, los sábados y los domingos, una cantidad de remates judiciales y esos son por deudas. El BROU dice que se ejecutan sólo nueve productores por año, pero cuando usted debe y no puede pagar y le mandan el abogado, ya la deuda aumenta un 10% por la actuación jurídica. Hay que buscar algún tipo de soluciones porque la gente se endeudó para producir, pero el Estado le cambió las condiciones al productor cuando le atrasó la moneda, cuando subió las tasas de interés y le transfirió los recursos. Ahora la sociedad tiene una deuda con este sector que siempre le dio un bienestar, porque el 70% de los recursos siempre aparecen de la parte agropecuaria. También está el tema de la necesidad de la reactivación económica. Todo esto sirve si la economía empieza a funcionar, para recuperar las ganas para volver a producir. Si esto ocurre las deudas se pagan.

Históricamente el 97% de las deudas agropecuarias se pagan y esto ocurre porque se tiene la tierra hipotecada. Esto no es así en otros sectores de la economía. Cuando usted prenda un torno y el banco llegue a ejecutarle el torno lo único que encuentre son los fierros de la base y los tornillos. En cambio la tierra siempre está ahí.

«El ministro es buena persona»

–¿Desilusión con el ministro de Ganadería, Gonzalo González?

–El hombre es buena persona, joven, es productor rural, está preparado, y tiene una carta de crédito abierta. Pero después se choca con la asignación de recursos, que es materia del Ministerio de Economía y del Presidente de la República.

–¿Qué características tiene la movilización?

–Será similar a la del 13 de abril de 1999. Con todo respeto el sector agropecuario le plantea al sector político, sobre todo al sector que no lo escucha, sus reivindicaciones. Nos vamos a concentrar en el Prado, junto al monumento a los Charrúas, a las 11 horas, para decir nuestra verdad. Para exigirle al gobierno las soluciones que hasta ahora no nos ha dado. Esto sólo es el comienzo de las movilizaciones.

«El Mercosur funciona a través del contrabando»

–¿Por dónde debe pasar la reactivación económica?

–El Uruguay se jugó a un Mercosur de papel, donde funciona a los ponchazos, pero en la realidad no funciona. Los dos países grandes, Argentina y Brasil, estaban con una alineación macroeconómica. En 1999 Brasil cambió las reglas de juego –devaluó el real– y tragó a los países del Mercosur con sus productos, con el contrabando. En la realidad el Mercosur funciona a través del contrabando. Basta pararse en una ruta principal y usted ve pasar todo tipos de productos, le diría que hasta carne. Un kilo de lomo en Yaguarón vale 15 pesos, un kilo de pollo vale 10 pesos, con estos precios cómo vamos a competir. Brasil nos mató a todos, también mató a Argentina y a Paraguay.

–Y entonces, ¿qué?

–Hay que prepararse para salir a competir en el mundo. La industria en relación con la producción debe llegar a nuevos mercados. Un ejemplo: el aeropuerto de Durazno está dejado de lado, donde sólo aterrizan uno o dos aviones militares, pero si lo transformamos en un aeropuerto de carga y se desarrollara en ese departamento las agroindustrias, otra historia sería. En Durazno hay una enorme capacidad de producir cordero, porque hay una enorme capacidad de producir semillas finas. Una empresa frigorífica en Durazno que produjera corderos gordos durante todo el año, que pudiera establecer canastas con cortes de cordero, con lechuga, con zanahoria, con perejil, con tomate, se podría vender a distintos supermercados del mundo. Si tuviéramos esta inventiva podríamos estar vendiéndole a los países africanos ricos, tendríamos otra dinámica. Sin embargo sólo hablamos de la remodelación del aeropuerto de Carrasco.

–¿Hay que devaluar?

–No sé, yo sé que la devaluación tiene grandes problemas que ya vivimos. Genera un gran trauma económico y social, porque detrás de los números hay gente. Hoy está endeudado el campo, pero también la industria y el consumo, la familia uruguaya, que es la que paga las más altas tasas de interés.

–Hay recursos uruguayos depositados en el exterior, ¿hay que volcarlos a la reactivación de la economía?

–Nadie sabe cuántos son esos recursos y sería bueno saberlo. Si existen deberíamos apostar a tenerlos productivamente. Lo mismo pasa con el oro. Pero no tengo los datos.

Ingeniero agrónomo Gonzalo Gaggero: «Todos sentimos que nos han tomado el pelo, que nos han mentido».

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