Un legislador llegó a pedir IVA cero a chinchulines y tripas gordas

Otra áspera discusión en Diputados por la baja de los tributos a la carne

Qué parto, madre mía

Arranquemos por el final: el proyecto fue aprobado. Claro, ¡si el oficialismo tiene la mayoría absoluta! Sin embargo, no fue sencillo; más bien, a muchos legisladores del Frente Amplio les resultó como una toma, obligada y abundante, de aceite de ricino. Tal los sacudones que les propinó una oposición que, sabiéndose perdida, se dedicó a pasar facturas y hacer tiempo.

Vayamos por orden. Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) informó un proyecto que implica, como cuestión esencial, una rebaja de cuatro puntos en el IVA que paga la carne  pasando de 14% a 10%- y la eliminación del Cofis. La otra cuestión refiere a cómo se compensa la recaudación que el Estado deja de percibir: un 30% de la devolución de impuestos a los exportadores se hará en 18 meses y no en 12 como hasta ahora.

Asti, que parecía incómodo en la banca, al menos por su posición corporal algo exigida, fue no obstante muy claro y conciso: la urgencia de aprobar el proyecto radicaba en que sus beneficios se volcarían de inmediato al consumo.

Claro, no contaba con la astucia de los opositores  sobre todo los blancos, ya que de los otros sólo quedó Guido Machado aguantando la vela- quienes, como Chapulines Colorados autóctonos, empezaron a tirar observaciones, propuestas, facturas del pasado y otras menudencias (nunca mejor empleado el vocablo) para estirar la cosa.

La cruzada, perdida de antemano, la inició con sonoridad José Carlos Cardoso (Herrerismo), quien afirmó que esta rebaja en términos netos no significará nada porque la carne acaba de aumentar un 8%, y pidió al oficialismo que subiera la apuesta y dejara a un producto tan necesario para el consumo popular con un IVA cero.

Para qué. A partir de ahí hubo de todo. Resultó disfrutable una intervención de Eduardo Brenta (Vertiente Artiguista), aunque su ironía desbordó un poco el vaso, pidiendo que no se subestimara la capacidad de la gente de entender las cosas (muy bien, Eduardo, pero a esa altura por lo menos yo no entendía nada). Porque si se le concedía a la oposición el IVA cero, mañana pediría que la carne fuese subsidiada y, al final, se iba a entregar gratis y con algún regalo promocional (aquí me avivé y pensé en unas morcillitas dulces y una ruedita de húngaras, pero yo no tengo voz).

El debate se fue al carnaval de Cuernavaca y durante una hora y media se cruzaron alusiones, reproches y hasta alguna velada amenaza (del tipo de «si seguís así, te espero a la salida»), hasta que la mayoría corrió el coágulo colectivo que la inmovilizaba e hizo pesar sus votos, aprobando el bendito proyecto.

Anoté tres últimos apuntes: en un momento (que nadie me pregunte cuál), Enrique Pintado (Asamblea Uruguay) -vestido hoy de sobrio sport y luego de aclarar que su corbata de ayer era amarilla y azul y se la puso para ser entrevistado por Puglia- sentenció que lleva tiempo superar la crisis y la pobreza, «que no son huérfanas». ¡A la pelotita! ¿Quién es el padre, hijo de…? ¿Y la madre? ¡No me digan que se fugó con un cara lisa!

Luego, Daniela Payssé  luciendo un elegante traje de chaqueta y pantalón rosa suave, que intuyo compró en Villa Biarritz- se enojó porque la oposición dijo que «se estaban inventando nuevos porcentajes de impuestos», y declaró, enérgica, que el Cofis sí era un invento y viene de antes.

El otro apunte refiere a José Carlos Cardoso. En un momento, su sentido de humor político se confundió con la gula al confesar qué bueno sería tener chinchulines y tripas gordas con IVA cero.

 

Hubo otros temas

Horas antes, el plenario aprobó otros dos proyectos relevantes.

Uno, la creación de la Comisión Nacional de Bioética, al que se había referido ayer largamente Luis José Gallo (Asamblea Uruguay) y que hoy fue informado por Miguel Asqueta (Alianza Nacional). Se argumentó que es un paso sustantivo en la búsqueda de un soporte ético, para ponerle límites al imparable avance de la tecnología en lo que hace a la vida humana. La Comisión será honoraria, pluralista, pluridisciplinaria (menos mal que nadie metió la plusvalía, ya que estaba) e independiente de cualquier autoridad, órgano o persona jurídica, pública o privada.

Dos, el proyecto de ley de Sistema de Identificación y Registro Animal, que viene a ser la trazabilidad, aplicable a todos los productos cárnicos bovinos. O sea, entre otras cosas, todos sabremos, en el futuro, de qué destete provino ese chorizo al pan o ese pancho que pudimos haber comprado en el carrito preferido. Obviamente, este mecanismo dará sólidas garantías a Uruguay no sólo para el consumo interno sino para una mayor inserción en el mercado internacional. Lo informó Hermes Toledo (Partido Socialista), y Carlos Enciso (Correntada Wilsonista), Jorge Romero (Alianza Nacional), Guido Machado (Foro Batllista), Jorge Patrone (Asamblea Uruguay) y un pueblo más, le dieron pa’delante.

Más tarde se aprobó el viaje del buque «Oyarvide» de la Armada Nacional a Venezuela, país que pagará el combustible, los aranceles y la estadía (por algo Chávez ríe en todas las fotos). Lo informó Luis Rosadilla (Espacio 609) de modo sencillo y preciso.

Y, finalmente, el plenario concedió la pensión graciable solicitada para el músico Amílcar Rodríguez Inda.

 

Piedras preciosas adicionales

Con presencia de senadores, hubo otra prueba del voto electrónico. Esta vez, treinta y siete legisladores lograron identificarse. Hubo quienes consideraron un éxito de tal magnitud haber deslizado bien el dedo sobre el aparatito, que convirtieron la sala, por breve tiempo, en una cotorreada quermese dominguera. Desentonó un poquito el senador Carlos Baraibar (Asamblea Uruguay) quien, apenas unos segundos, pareció el paradigma del desconcierto.

Doreen Javier Ibarra, un verdadero señor florentino, se me apersonó a fin de advertirme de un error que cometí en la crónica de ayer. Su banca la adjudiqué al Partido Comunista, cuando en realidad él representa, y con mucho orgullo, al Frente Izquierda de Liberación -1001. ¡Cómo pude perpetrar semejante barrabasada! Le pedí disculpas hasta en esperanto, pero, como es un caballero, me respondió con una sonrisa tolerante. (¿Habrá sido como si en vez de poner Cerro, hubiese puesto Rampla?).

Y cuando ya me iba, la diputada oficialista Beatriz Costa me recordó  hoy no fue mi día- que ayer me retiré de sala antes de escuchar su presentación de la media hora final.

Como es una dama de aquellas, y recién la conozco, me complazco en decir que se preocupó por el reciente aumento del precio de la carne, por el impacto negativo que tendría en la rebaja impositiva propuesta por el Poder Ejecutivo (y aprobada hoy, ¡qué casualidad!) y la responsabilidad inocultable de la industria frigorífica que, a su juicio, está especulando y no empezó a hacerlo recién.

Después, al fin, me fui silbando bajito. Bajando las escaleras del augusto edificio me sorprendí interrogándome sobre los taquígrafos.

No de la calidad de su trabajo, que nadie osa discutir, sino acerca de cómo hacen para aguantar sesiones como ésta, más allá de que les pagan: sin una queja, sin un reproche, sin siquiera garabatear, allí mismo, en sus prolijas hojas y en un rapto de sinceridad funcional, «¿qué habremos hecho para merecer esto?». *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje