En carta a LA REPUBLICA afirmó que no se trató de "autocensura" sino del ejercicio de "nuestra libertad responsable"

Publicación de la Arquidiócesis de Montevideo justificó sustitución de un artículo sobre el Goyo y Bordaberry

En su protesta a LA REPUBLICA el presbítero Passadore niega la existencia de «autocensura», así como la existencia de presiones o llamadas instando a eliminar ese artículo contra los dictadores, reconociendo que lo eliminaron de la edición y tuvieron que imprimir otra sin la condena moral, en virtud del «connatural ejercicio de nuestra libertad responsable».

En sus descargos, el órgano de la Iglesia Católica explicó que la inclusión de ese artículo sancionando moralmente a los dictadores fue suprimido por estimar «apresurada e inoportuna» su publicación.

Agrega a modo de fundamento que «el clima de paz y reconciliación que buscamos los orientales necesita junto con la búsqueda de la justicia también la del perdón».

En otra parte de la explicación el sacerdote director del órgano de prensa nos recuerda que «la doctrina social de la Iglesia tiene puntos muy claros de condena a todas las negaciones de la vida que arrancan del crimen del aborto, el más abominable porque es el ser humano más indefenso y donde hoy se brega por su legalización, siguiendo por las privaciones ilegítimas de la libertad, la tortura y las demás negaciones de los derechos humanos», pretendiendo poner al aborto en el primer lugar de las violaciones a los derechos humanos, violación aparentemente jerárquicamente superior a la de las desapariciones y torturas inhumanas, a estar al tenor de la declaración.

A los efectos de cumplir éticamente con el derecho a la información de todas las partes y a fin de que los lectores accedan a toda la documentación disponible sobre el tema, publicamos íntegramente el texto de la carta recibida.

He aquí su texto:

«Montevideo, 11 de julio de 2006

Señor Director de

LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

De mi mayor consideración:

En el día de ayer, lunes 10 de julio de 2006, el matutino que Ud. dirige destacó en primera plana y dedicó la página 2 al quincenario Entre Todos, órgano oficioso de la Arquidiócesis de Montevideo titulando en tapa:

«Autocensura en la publicación de la Iglesia Católica por críticas a Bordaberry y al ‘Goyo’ Alvarez – El quincenario de la Arquidiócesis de Montevideo Entre Todos, reimprimió y retiró de los quioscos su edición del 24 de junio y ‘eliminó’ una nota sobre los dictadores».

En la página siguiente se refiere a: «Insólita autocensura en publicación de la Arquidiócesis de Montevideo».

Con respecto a las expresiones a las expresiones contenidas en dicho artículo debo hacerle las siguientes observaciones.

1.- Aunque menor el detalle, es necesario precisar que el quincenario no se distribuye ni está presente en los «quioscos» de nuestra ciudad.

Cualquiera que lo reclame en los puestos de venta de diarios, revistas, semanarios y quincenarios no lo va a encontrar, desconociendo seguramente los vendedores la existencia del mismo. Si bien abierto a todos, su venta se realiza a las salidas de misa y en las oficinas de las parroquias, capillas y comunidades católicas, pudiéndose considerar por ello, de «circulación interna».

2.- Pero yendo a lo sustantivo: me sorprende el desmedido y desproporcionado destaque a un hecho verdaderamente intrascendente dentro del acontecer tanto eclesial como nacional. Como si fuera un acontecimiento que hiciera y moviera a la historia, máxime teniendo en cuenta a otros que realmente inciden en la vida cotidiana y en el acontecer de nuestro pueblo.

3.- Si por realizar una ponderación de algo ya escrito y posteriormente corregirlo buscando su sustitución, su periódico entiende que es «autocensura», está muy equivocado, porque es parte de nuestro ser racional y pensante, el medir y sopesar el alcance de nuestros dichos (y escritos, en este caso) y llamamos a silencio o rectificación si estimáramos prudente o necesario. Es connatural al ejercicio de nuestra libertad responsable.

Algo que a lo largo de nuestra vida cotidiana todos podemos hacer, porque muchas veces la prisa o el apuro nos hacen la mala pasada de proferir alguna palabra de más o de menos, lo cual nos puede llevar a corregir, precisar (o rectificar incluso) el alcance de nuestros dichos o escritos. Así de simple.

4.- Ahora bien, si lo que se intenta es hacer aparecer a la Iglesia en contradicción con los valores de la justicia como condición para la paz, debo recordarle que en estas cuestiones la doctrina social de la Iglesia tiene puntos muy claros y condena a todas las negaciones de la vida que arrancan del crimen del aborto (el más abominable porque es el ser humano más indefenso -¡y donde hoy se brega por su legalización!), siguiendo por las privaciones ilegítimas de la libertad, la tortura y las demás negaciones de los derechos humanos, y todas las miserias materiales y morales que degradan al ser humano en su condición sagrada de hijo de Dios y de hermano de sus semejantes.

5.- Esta defensa y pasión por la vida, ajena a todo interés y manipulación ideológica, no solamente está plasmada en los escritos y documentos eclesiales que, por otra parte, no hacen más que explicitar los valores evangélicos que le vienen de Jesucristo, el Señor Resucitado, sino que está avalada por el testimonio de tantos cristianos que a lo largo de los siglos vienen entregando sus vidas por el prójimo, las más de las veces en forma anónima y callada sin la promoción o el destaque sensacionalista que le dan los medios.

Las incontables obras de solidaridad afectiva y efectiva de las comunidades y grupos de cristianos esparcidos en todos los rincones de nuestra ciudad, de nuestro país y del mundo, así lo avalan. Valen más que muchas palabras y muchos escritos.

6.- Con respecto a todo lo que conlleva un juicio sobre las personas directamente involucradas en los tristes episodios que vivimos en décadas pasadas, seguimos condenando tanto el golpe de Estado como todas las violaciones a los derechos humanos que padecimos, dejando para las mismas el juicio de la justicia humana que respetamos y el juicio de Dios por la responsabilidad que les cupiera.

En cuanto al artículo en cuestión que sustituimos, fue cuestión de estimar apresurado e inoportuno por el alcance que se le pudiera dar ya que a menudo se toman los sueltos editoriales de nuestra publicación como pronunciamientos oficiales de nuestra Iglesia.

El clima de paz y reconciliación que buscamos los orientales, necesita junto con la búsqueda de la justicia también el del perdón, como nos recordaba Juan Pablo II en uno de sus mensajes para la «Jornada Mundial de la Paz». «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón» (1º de enero de 2002).

7.- Finalmente (y esto es realmente sustancial e importante), no puedo dejar de señalar mi sorpresa (e indignación) por una frase que se desliza en la página 2 donde dice: «Algunas fuentes señalaron que una llamada por parte de algún asesor letrado del ex dictador Alvarez a las autoridades eclesiásticas fue lo que llevó a la publicación a la autocensura».

Tengo que desmentir terminantemente la existencia de esta «llamada», lo que revela lo fantasioso y a la vez la evidente mala fe de dichas «fuentes», empeñadas ciertamente en enturbiar las aguas, o como decimos (citando la parábola evangélica), en sembrar cizaña.

Con estas aclaraciones entiendo poner punto final a un episodio que no debió haber ameritado una tan desmedida, desproporcionada y estridente amplificación.

Sin más, solicitándole la inserción en sus páginas de la presente carta, lo saluda atentamente.

PBRO. ENRIQUE PASSADORE

Director y redactor responsable del quincenario «Entre Todos»

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