La pasión reinó en Diputados al debatir sobre los dichos del presidente Vázquez
Al principio, las sonrisas…
Concluida la media hora previa, Pablo Abdala (Herrerismo) informó el proyecto que establece la compatibilidad de la jubilación por edad avanzada con el goce de otra pasividad o retiro, para los afiliados a la Caja de Profesionales Universitarios.
A esta altura reinaba un clima distendido, el cual se acentuó al observar los presentes el ingreso de Enrique Pintado (Asamblea Uruguay), ataviado con un sobrio traje azul, camisa blanca y una estridente corbata a rabiosas rayas negras y amarillas.
Washington Abdala (Foro Batllista) pretendió hablar pero, quizás debido al impacto de tamaña estridencia no le abrieron el micrófono a tiempo. Cuando pudo, anunció que se retiraba de sala porque, siendo un profesional universitario y parlamentario, no quería legislar con involucramiento. Y se fue, nomás, con digno porte, rumbo quién sabe a qué parte.
Pablo Abdala, José Luis Blasina (Partido Socialista), Diego Cánepa (Nuevo Espacio), Iván Posadas (Partido Independiente) y otros ofrecieron interpretaciones distintas a la del forista momentáneamente exiliado. Conmovió en especial la argumentación de Carlos González Alvarez (Alianza Nacional), instando a todos los legisladores a votar en sala. (Sonó como Mario Sánchez cuando decía «Â¡hay que amucharse un poco más, muchachos»!).
Al final, el proyecto fue aprobado y todos se miraron satisfechos, incluido el propio Washington Abdala, reingresado en un rápido movimiento al mejor estilo Houdini. Parecía una jornada tranquila.
Fue entonces que Daniel García Pintos (Lista 15) pidió un cuarto intermedio para coordinar con las bancadas en realidad con la mayoría, porque sin ella nadie va a ninguna parte el planteo de una cuestión política.
Y ardió Troya
Tras el intermedio, García Pintos pidió que se votara lo acordado entre coordinadores para plantear la famosa cuestión política.
En la bancada oficialista hubo ceños fruncidos y una confusión inesperada y, en primera instancia, la votación fue negativa. García Pintos, manteniendo la compostura a duras penas, recordó el acuerdo y reclamó su cumplimiento. Antes de repetir la votación, que habilitó finalmente a exponer la famosa cuestión, varios legisladores de la mayoría rodearon a Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista), su coordinador, igual que Cannavaro y Materazzi rodearon a Zidane. No escuché, pero pareció sobrevolar la sala un vientito de reproches.
Siempre listo, García Pintos se lanzó antes de que lo trancaran al borde del área otra vez, recordando dichos recientes del presidente de la República sobre los medios de comunicación, no escatimando críticas ni adjetivaciones.
Aquí intervino Ortuño, repuesto de tantas explicaciones dadas a sus propios compañeros: en su opinión, las cuestiones políticas son legítimas, pero no al precio de quitar el tiempo que se necesita, atendiendo el orden del día de cada sesión, para legislar. «Nosotros dijimos de hacer un cronograma», añadió, «pero no consagrar el abuso de estos planteos. Y aunque queremos legislar aquí casi gritó y le temblaron sus prolijos lentes dominado por la indignación no rehuimos el debate, pero esto hay que racionalizarlo».
Después, fue un aluvión. Alvaro Alonso (Desafío Nacional), con tono de maestro ciruela, dijo que «el Parlamento es así y el que no lo entiende sobra», dirigiéndose a Ortuño, que le respondió con la misma mirada que Anthony Hopkins empleaba en «El silencio de los inocentes». Víctor Semproni (Claveles rojos) parafraseó: «Porque el Parlamento es así, admitimos este planteo político que altera el plan de trabajo del plenario» y precisó que en el futuro habrá que hacerlo fuera del horario del orden día porque, si no, «hablará la mayoría». Enrique Pintado admitió que votó por disciplina partidaria. Y se autoelogió sin pudor: «Pudimos habernos negado y no lo hicimos. Tuvimos un gesto».
El gran debate
Vestido de traje claro, sin atisbos de colorado, García Pintos retomó sus acusaciones al Presidente por lo que consideró sus ataques a la libertad de expresión. Manipulando abundante documentación, aludió a antecedentes del Frente Amplio sobre supuestas ideas para regular a los medios. Dijo: «Para afuera, hay un discurso políticamente correcto con la prensa, pero es para la tribuna». Y se preguntó por qué la información pública todavía no es totalmente pública en este gobierno. Sentenció que Vázquez dividió a los medios entre buenos y malos, pero no nombró a sus principales opositores: La Juventud, CX 36 y, a veces, también Brecha. «Por descarte añadió podemos decir que LA REPUBLICA es el diario oficial del gobierno». (Yo me mantuve en prudente silencio republicano, entre cosas porque si hablaba me iban a mandar al cuartito y porque esto habría que consultarlo con el doctor Fasano, a quien, de todos modos, no le va a caer bien eso del «descarte» ni que pretendan borrar de un plumazo su pluralidad). Agregó que «Vázquez nos tiene acostumbrado a estas actitudes» de separar entre buenos y malos, porque «él era un ciudadano clase A» (no aclaró cual clasificación era esta).
Pintado, que estaba parado cerca y hablaba con Abdala, motivó la ira de García Pintos, quien pidió que lo amparasen en el uso de la palabra. Grito va, grito viene, como en la Amsterdam, dos timbrazos de la Mesa pusieron las cosas en su lugar y el exponente siguió con su retahíla de acusaciones: «Vázquez quiere dar lecciones de periodismo y es a él a quien hay que darle lecciones de cómo ser Presidente; sus dichos revelan confusión conceptual sobre cómo se construye el trabajo periodístico, los medios deben sentirse orgullosos de haber sido atacados por Vázquez, y, finalmente, esta conducta presidencial responde a la influencia que ejercen Chávez y Kirchner».
Aquí se escuchó una risa estentórea, extensa, estilo Montserrat Caballé en algún aria de esas: era Nora Castro (Espacio 609). Un tono más abajo, haciendo la segunda voz, también rió Luis Rosadilla, ¿por solidaridad?
De todo como en botica
Doreen Javier Ibarra (Partido Comunista) se mostró pasmado (aclaró que era de Durazno, como si pasmados no hubiese en todos lados) y se asombró de los dichos de García Pintos, pese a que se confesó habituado a sus desplantes.
Y si bien dijo que había cosas que no valía la pena contestar, expresó, en rápido contragolpe, que dolía ver a actuales legisladores acompañando a dictadores que asolaron al país. Luego defendió los dichos de Vázquez, la acción del gobierno de defensa de la oposición y enfatizó: «Hemos imprimido (licencia gramatical que se le toleró por la emoción) una gestión de transparencia y vamos a profundizar la democratización de los medios de comunicación».
Sergio Botana (Alianza Nacional) tiró varios lances.
El Presidente está nervioso, es difícil defender lo que ha hecho y su problema es la realidad: tropas uruguayas están participando de la Operación Unitas, se le escapan los presos y, aunque no hay plata, se va a comprar un avión (entre risitas que aumentaban, calentó más al oficialismo diciendo que sí, que había oído que iba a ser «baratito». Y terminó provocando un tsumani vernáculo: «Respeto al Partido Colorado pero no al diputado que ha hecho el planteo, porque no hay coherencia con haber estado doce o trece años avalando el cierre de diarios».
Miré a todas partes, desesperado como Gregorio Pérez, pero de García Pintos, en ese momento, no se veía ni el traje claro.
Roberto Conde (Partido Socialista) admitió estar dispuesto a seguir
votando el planteo de cuestiones políticas. «Si quieren hablar de la venta de los bancos durante los últimos cuarenta años, yo se los voto», amenazó con extraña calma. Y remató, recordando aquel Spencer que definía abajo del arco: «Entre nosotros no van a encontrar a un contador preso por la venta de un banco». Silencio general. Volvió Ortuño, enojadísimo, desestimando las críticas a Vázquez. «Eso lo hace quien puede, no quien quiere, aunque se lave la boca con jabón o haga una peregrinación a la Meca» (¿García Pintos será musulmán, encubierto quizás?). Y ya a grito pelado, con algún gallito, saltó a «Â¡este gobierno no presiona periodistas!» y, agitando papeles a diestra y siniestra (más a siniestra, por congruencia ¿no?) agregó «Â¡pregunten a Gestoso, pregunten a otros qué les pasó con gobiernos anteriores! Nosotros estamos dispuestos a ayudar a una mayor democratización de los medios».
Y al final, José Carlos Cardoso (Herrerismo), puso la tapa: «Esto no colmó mis expectativas»; «no se ha hablado del tema de fondo, los peligros que acechan al periodismo»; «nos debemos un gran debate»; «los periodistas tienen muchos enemigos»; y «lo más peligroso no es lo que dice el Presidente sino la legislación vigente, que permite que aún ahora haya periodistas presos». Y cuando el resto reptaba, agotado, buscando irse, sirvió el postre: «He leído dictámenes espantosos de jueces y fiscales».
Vázquez puede dormir tranquilo. Fue exonerado por la oposición. Curiosa conclusión, de la que no sé si Cardozo tuvo conciencia.
Unas joyitas
En un instante ríspido del debate, Adriana Peña (independiente Partido Nacional), sorprendió parándose de espaldas, para hablar con quienes tenía detrás. Hicieron lo mismo Cardozo y Amorín Batlle. Comprobé que no es igual.
Cuando Botana alabó al Partido Colorado pero descalificó sorpresivamente a García Pintos, alguien dijo en la bancada de prensa (¡no lo vendo, eh!): «ahora el Chivo va a festejar el cumpleaños en una cabina de teléfono».
Antes del plenario se hizo una nueva prueba del voto electrónico. Sólo siete legisladores pudieron, al menos, marcar asistencia. Además, faltaron aparatitos. Sería terrible que aparecieran en la feria de Piedras Blancas o comprobar que quienes se los llevaron piensan que tienen otro uso. *
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