Papeleras: "Hay que ser muy prudentes a la hora de enviar mensajes a la sociedad"
–Vamos primero a la actualidad más candente: la instalación de las plantas de pasta de celulosa en Fray Bentos. Al menos visto de afuera, parecería que ha operado algo así como «los saberes separados». Es decir, las especializaciones –física, química, ciencias en general– se convierten, como decía Huxley, en «celibatos»; no se casan entre ellos. Anda por allí más de un informe sobre el tema de las plantas y la gente puede pensar que hay contradicciones. ¿Usted lo ve así?
–No, no estoy de acuerdo. Sobre todo con respecto a la situación actual de la Universidad en su conjunto. Pero vayamos a lo esencial, al origen. La Universidad está transitando hoy caminos de transversalidad y horizontalidad de formación que, a mi juicio, van en contra de lo que usted dice. Podemos poner ejemplos. En esta Facultad se dictan carreras que son compartidas por otros servicios, caso Ingeniería de Alimentos. La Universidad está dividida en áreas temáticas: científico tecnológica, salud, etcétera, y de ellas salen proyectos y actividades conjuntas. Hay una intención, en el marco de la descentralización universitaria, de generar ciclos comunes en las diferentes áreas. En lo científico tecnológico ya se está trabajando en un ciclo integrado común, que se hará en el interior y que posiblemente dure dos años y ahí se advierte un paquete, una formación integrada de los estudiantes que les permite, en función de los distintos cursos que hagan, ingresar a cualquiera de las carreras del área. Después, la transversalidad en lo que es creación de conocimiento, investigación científica interdisciplinaria, hoy por hoy es básica en la Universidad. Y esto lo están exigiendo las propias disciplinas científicas.
–Está bien, pero insisto en que algunos hechos pueden dar otra impresión. Volviendo a las papeleras o pasteras, está todo el mundo muy inquieto. Tiene que ver con muchas cosas: forestación sí o no, erosión de los suelos, medio ambiente, en fin. Y se pueden generar consecuencias políticas y económicas, por lo cual cualquier información que provenga del mundo científico va a tener un impacto agregado. Ahora ha aparecido un informe de la Facultad de Ciencias que ha sido cuestionado, que sugeriría un cierto apresuramiento y que contradice en algunos aspectos lo que varios químicos de prestigio habían dicho. ¿Es así o no?
–Vamos a separar el tema en dos partes. Lo económico y político corresponde a las autoridades competentes. Yo quiero hablar desde un punto de vista estrictamente académico y de compromiso de un sistema universitario con la sociedad que lo sostiene. Todo el mundo es libre en la Universidad de pensar y decir lo que piensa, siempre y cuando lo fundamente debidamente. No se le puede impedir a nadie que lo haga. Aquí hay dos conceptos diferentes. Por un lado hay una inquietud de un grupo de científicos que forman parte del área Pedeciba Química, que generaron un informe fácilmente traducible por personas que no conocen del tema. Fueron especialistas que estudiaron la cuestión y lo pusieron encima de la mesa. Está ese otro informe de la Facultad de Ciencias, es decir, donde aparentemente aparecería el Consejo de la Facultad avalándolo. Ahora bien, en lo que es la interrelación de los servicios yo no tengo competencia para meterme con uno al que no pertenezco. Ellos habrán tenido sus razones para hacer ese informe y darlo al dominio público. Evidentemente, este tipo de cosas puede llegar a generar contradicciones. No me cabe la menor duda. Lo que hay que hacer es analizar todo desde un punto de vista científico, con los elementos arriba de la mesa, con todas las disciplinas, y ser muy prudentes a la hora de enviar mensajes a la sociedad, porque esa es una responsabilidad que tiene la Universidad como tal. Por ahí van las cosas. Sin embargo, creo que el hecho más relevante de todo esto, donde se conjugan aspectos académicos y sociales y hasta de política universitaria, fue la carta que firmaron dieciocho rectores de la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo, que primero se le envió a los presidentes, luego a la prensa, y que tiene el gran valor de un respaldo tan amplio y profundo. Dentro de esas universidades están las del lado argentino, que estarían más comprometidas.
–Hablando precisamente de prudencia, después de un informe de la calidad y solidez del que redactaron los rectores, pensando además en el nivel político del tema, parece –y es mi opinión– relativamente imprudente la aparición de un informe de otras características, más allá de su legitimidad. Esto está relacionado, al menos para mí, con la necesidad de que la Universidad toda se entronque con la sociedad, participe de ella, la ayude a mejorar. Y si la Universidad está en ese camino, tal vez debiera darse algún debate a fin de que no ocurran estas cosas que, a la gente normal, no le cierran del todo.
–Sin duda, sin duda.
–¿Hay contradicción entre los informes?
–Yo recuerdo, de conversaciones con otros actores académicos, un consenso acerca de la necesidad de que la Universidad esté más cerca de la sociedad. Pero ocurre que entre la sociedad están los medios de comunicación, y los medios –y no me afilio a ninguna teoría conspirativa ni nada que se le parezca– quizás no tienen la formación como hacer interpretaciones que sí pueden hacer los científicos. Se necesita que desde el mundo científico los mensajes sean más claros y coherentes.
Voy a hablar desde lo que toca a investigadores de mi servicio, que, valientemente y firmando como investigadores de Pedeciba, hicieron una carta dirigida a la población, absolutamente entendible y clara. Está ahí y se puede leer. Es sobre este tema que nos ocupa. Y ese es un acercamiento muy claro de la Universidad a la sociedad. Yo llego hasta ahí. No me pida que vaya más allá.
–Hago la pregunta de otra manera y tampoco quiero quedarme con esta única cuestión de las plantas. Pero uno escucha por ejemplo al ministro Arana, un universitario, y ha expresado cierta molestia por este famoso informe de la Facultad de Ciencias. No olvidemos que todo influye en un asunto complejo que ha terminado nada menos que en La Haya. ¿No ha habido algún desencuentro aquí? ¿No hubiera sido preferible una relación directa entre el poder político y la cabeza de la Universidad? Digo, para que la información científica no se vaya viendo por etapas, en distintos momentos.
–Yo lo que puedo asegurar es que el Consejo Directivo Central aprobó una propuesta que venía del Consejo de la Facultad de Arquitectura, para citar una mesa social consultiva, que es un ámbito que la Universidad está usando últimamente, para tratar estrictamente este problema con todos los actores. Esa mesa recién se estaba citando cuando empieza a surgir este tipo de informes. Eso es lo único que le puedo decir. Más de eso, no. Comparto su preocupación e insisto en que el ámbito que le va a dar la Universidad a esto, es esa gran mesa social consultiva a la que se sumará el aporte de los dieciocho rectores de las Universidades del Grupo Montevideo.
–Vamos a otro tema relevante. El Polo Tecnológico de Pando, desarrollado por la Facultad de Química. Usted lo va a explicar, pero hay un aspecto que a la gente le interesa grandemente: la posibilidad de la elaboración propia, o sea nacional, de medicamentos. Usted sabe que ese tema, vinculado a los servicios de salud, es una cuestión sustantiva, con connotaciones económicas y de calidad muy serias. ¿En qué se está?
–El Polo Tecnológico que está en Pando, en los antiguos laboratorios que allí tenía Anc
ap, es una herramienta que ha tomado la Facultad de Química a los efectos de liderar lo que es el relacionamiento del sistema universitario con los sistemas productivos. Esa herramienta trabaja en dos direcciones. Por un lado, tratando de aprovechar al máximo las capacidades de nuestros egresados, a los efectos de ofrecerles un espacio donde puedan desarrollar sus propias ideas. La Universidad no puede seguir liberando demandantes de empleo; tiene que ayudar a sus egresados a generar su propio empleo. Por una parte, para aumentar la productividad y la riqueza del país; por otra parte, como una manera de avanzar en todos los aspectos que involucran la aplicación del conocimiento sobre la innovación. Por otro lado, la segunda herramienta es ofrecer servicios a las industrias, sobre todo nacionales, a fin de mejorar su productividad, su capacidad de innovación, el desarrollo de nuevos productos, etcétera. En ese doble sentido estamos trabajando. Nuestro gran desafío actualmente, que lo estamos intentando desarrollar, sería una organización absolutamente innovadora a nivel nacional para generar un parking industrial, fundamentalmente farmacéutico, alrededor del Polo Tecnológico. La ley de partes industriales se aprobó hace poco, la Facultad ya tiene firmado un convenio en esa dirección, con la intervención de algunas empresas farmacéuticas y algunos organismos estatales y también la Intendencia Municipal de Canelones. Estamos en el camino no sólo de innovar, producir y apoyar al sector productivo, sino también de generar la descentralización que el país necesita.
–Con el Ministerio de Salud Pública ¿hay coordinación, colaboración?
–El Polo Tecnológico es una herramienta que está comenzando a trabajar y ha recibido apoyo de la Unión Europea para adquirir equipamiento moderno, organizando sus instalaciones de forma tal que cumplan con normas de producción internacionales. Todo eso está en conocimiento de Salud Pública, por supuesto, y también de Industria, de Ganadería y Agricultura y de otros ministerios. Tenemos relación con todos esos ministerios.
–Para entender mejor un aspecto que me parece esencial, vuelvo a los medicamentos: cuando hablamos de producción farmacéutica ¿es producción que por acuerdos se volcaría a la industria nacional o habría además una parte que se volcaría directamente por ejemplo a los servicios de Salud Pública?
–Estamos innovando. Lo que no puede pasar es que, cuando uno comienza una innovación, enmarcarse en sistemas rígidos. Los esquemas de relacionamiento que se tienen en el Polo Tecnológico son de varios tipos. Existe, a modo de ejemplo, la figura del consorcio, en el cual la Facultad, a través del Polo, genera acciones con laboratorios nacionales para el desarrollo de nueva tecnología. También hacemos relacionamientos puntuales para la puesta a punto de una determinada tecnología o el desarrollo de un determinado proceso y eso es un producto que comienza y termina ahí. Existe, por ejemplo, un observatorio tecnológico donde lo que hacemos es dar un servicio de información a las empresas acerca de determinadas temáticas sobre las cuales están interesadas: búsqueda de patentes, búsqueda de mercados, en fin. Estamos tratando de buscar una gran plataforma con la que apostar al desarrollo nacional.
–Usted habló de las patentes. Eso pondría, por ejemplo, a la industria farmacéutica en condiciones hasta de exportación. Y también, por esa vía, podría contribuir al abaratamiento de algunas líneas farmacéuticas para el mercado interno. Parece muy importante.
–Eso está bien. Pero separemos dos cosas. Cuando usted habla de un medicamento está hablando de varias cosas al mismo tiempo. Un medicamento está formado por un principio activo, más un conjunto de excipientes que son los que lo transforman en la forma farmacéutica, y al mismo tiempo tiene que estar aprobado por el organismo correspondiente de cada país. En el Polo Tecnológico, en el área farmacéutica, se trabaja en los dos aspectos: tanto la síntesis de productos activos y su producción, como en la formulación de esos principios para transformarlos en un futuro medicamento. Pero también se trabaja en áreas biotecnológicas, donde se desarrolla, por ejemplo, un gran número de tests de inmunodiagnósticos que hoy están saliendo al mercado y están siendo desarrollados en un acuerdo de consorcio con algunas empresas nacionales. Recientemente se realizó una exportación de forma farmacéutica terminada a Centroamérica, con materia prima producida en el Polo. Estamos ayudando a abrir mercados. También tenemos una línea de trabajo muy fuerte en lo que es la industria bromatológica. El Polo Tecnológico se va a transformar, sin lugar a dudas, una vez que tenga el equipamiento moderno que está adquiriendo, en un centro analítico de referencia para todo el país. Este centro no sólo dará apoyo a la producción, sino que además ya está dando apoyo analítico a otros sectores sociales…
–¿Por ejemplo?
–Bueno, estamos trabajando con la Junta Nacional de Drogas. Es mucho lo que se está haciendo en el campo analítico, de detección, de métodos de apoyo. Hace poco desarrollamos un conjunto de maletines que fueron a parar, a través de un convenio, a las aduanas nacionales. Esos maletines permiten a un aduanero, a través de un test muy sencillo, identificar el ingreso de sustancias prohibidas. Por eso digo: el Polo Tecnológico es una herramienta innovadora que está poniendo la Facultad de Química al servicio del sector productivo nacional y al servicio de toda la sociedad.
–¿Y en el sector político advierte interés?
–Sin duda, sin duda. Hay un alto interés.
–Se lo pregunto porque usted introdujo el aspecto bromatológico, que es una especie de talón de Aquiles. Para Salud Pública, para las intendencias…
–Veamos. El Estado uruguayo tiene la obligación de brindar salud.
Y brindar salud implica hacerlo en todos los aspectos. No es sólo tener un buen medicamento a un buen precio. También es tener buenos alimentos y bien controlados. ¿Se da cuenta de otra cosa? Empezamos hablando de la Universidad y si tenía o no horizontalidad en su investigación.
Y yo le estoy diciendo: mire el ejemplo del Polo. Pero el otro día, en el Paraninfo, fue la ceremonia de titulación de la primera generación de ingenieros alimentarios del Uruguay. Muchos terminarán trabajando en el Polo.
–Bien, ampliando y redondeando, ¿dónde está la Facultad en el crucial tema de la alimentación?
–En ciencia y tecnología de los alimentos, la Facultad ha tenido un avance espectacular en los últimos años. Por ejemplo, en temáticas vinculadas a grasas y aceites, en revalorizar la carne uruguaya, en apoyar a la industria vitivinícola nacional que ha tenido un salto cualitativo impresionante.
También en los aspectos sensoriales de los alimentos y en llevar la ciencia y la tecnología de los alimentos al sector productivo nacional y al sector de servicios.
La Facultad organiza cursos de sommelier, porque era un debe que tenía nuestro país. Y así cerramos un nuevo círculo con lo que es el sector de servicios gastronómicos, absolutamente fundamental para la industria del turismo. Vea, la Facultad de Química, hoy por hoy, está ayudando al sector productivo en ese gran desafío que es poder abrir mercados que piden que los niveles de residuos de pesticidas en una determinada fruta tienen que ser menores a determinado porcentaje. Y nosotros estamos para demostrar que tenemos los elementos como para lograr esos objetivos. Y para ayudar al propio p
roductor, a la hora de que, en su trabajo primario, minimice los residuos del pesticida.
–O sea, que la Universidad está cumpliendo…
–Es que no es cierto que esté de espaldas a la sociedad. La sociedad es la que paga la Universidad, la que la hace posible. Eso le crea a la Universidad una gran responsabilidad a la hora de devolverle a la sociedad todo lo que ésta le ha dado. Y lo está haciendo. ¿Usted sabe que toda el agua del Uruguay que se fiscaliza a través de la Ursea se analiza en esta Facultad? No sólo eso. Se ha llegado a poder certificar el laboratorio de análisis de agua de la Facultad de Química con normas ISO. Es algo más que relevante.
Antes, la propia empresa que producía el agua era la que la controlaba. Eso, evidentemente, no era una situación deseable. Ahora hay severas normas de calidad de por medio. Y por algo la Ursea seleccionó a la Facultad de Química. *
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