Una fuga sin rastros ni testigos
El juez penal de primer turno, Juan Carlos Fernández Lecchini llegó a las instalaciones del Hospital Militar próximo a las 15:15 horas en un auto Nissan Sentra color gris. Ingresó por la entrada principal de avenida 8 de Octubre 3050, donde era esperado por autoridades de centro asistencial y también por cuatro funcionarios de Policía Técnica.
Pasadas las 16 horas, dos funcionarios de Policía Técnica se retiraron de las instalaciones del hospital, donde eran esperados en 8 de Octubre por una camioneta de la dependencia del Ministerio del Interior.
En medio de más de una decena de periodistas, fotógrafos y camarógrafos, sobre las 18 horas, se retiró una actuaría que acompañaba al magistrado, quien al momento de su salida prefirió no brindar mayores detalles sobre las acciones realizadas dentro del nosocomio.
Juan Carlos Fernández Lecchini se retiró por la salida lateral del Hospital Militar, por avenida Centenario, a las 18:30 horas.
Según fuentes judiciales, el magistrado interrogó ayer a 15 personas, entre el personal médico y no médico. Hasta ahora, ninguna sanción fue dispuesta por las autoridades de ese centro sanitario, del Ministerio de Defensa, ni de la División de Ejército I, responsable del traslado y custodia del militar.
Para hoy y mañana, el juez convocó a su despacho a seis funcionarios del hospital y cuatro funcionarios de la División I.
Según supo LA REPUBLICA, fueron citados el Director del Hospital, el Jefe de Registro Médico, dos urólogos, el Jefe de Servicios y una funcionaria administrativa. También serán interrogados, el oficial que acompañó a Vázquez hasta el hospital, un teniente coronel, el chofer del vehículo y otros dos subalternos de la División I. El magistrado advirtió que a esta altura de la investigación no es posible aún suponer si Vázquez contó con la ayuda de uno más cómplices para evadirse.
El juez realizó además un relevamiento fotográfico del lugar, en particular de la habitación Nº 9, en el piso 5º de la Torre Nº 6, adonde el militar había sido derivado una vez que se recomendó su internación para efectuarle siete exámenes, el lunes pasado a media mañana.
Vázquez, quien declaró al médico fuertes dolores prostáticos, habría quedado solo un instante en espera de que culminara el acondicionamiento de la sala.
Una alta fuente militar dijo a LA REPUBLICA tener la «certeza» de que «no actuó solo y que alguien lo sacó del hospital».
De todos modos, también se aseguró que «ningún funcionario del hospital estaría involucrado en este lamentable hecho».
¿Pero qué desencadenó la decisión del militar que afectó la situación de José Gavazzo, Jorge Silveira, Ernesto Rama, Ricardo Medina y José Arab?
Anoche Canal 10, mencionó una supuesta conversación que Vázquez mantuvo el jueves pasado con el Comandante en Jefe del Ejército Carlos Díaz.
Según informó anoche Canal 10, el ahora prófugo le habría solicitado a Díaz aclarar sus «dudas» surgidas de un encuentro anterior en el que el Comandante le habría sugerido admitir sus crímenes en Uruguay y purgar «ocho años» de cárcel para evitar la extradición a la Argentina.
Díaz, según Canal 10, le habría transmitido que «malinterpretó sus palabras» y que, en ningún momento, manejó esa posibilidad. Fuentes del Comando General del Ejército no confirmaron la versión de Canal 10.
Empero, al otro día, según dijeron a LA REPUBLICA fuentes militares, Vázquez se habría comunicado, vía celular, con su médico de cabecera con quien acordó una cita para el lunes siguiente.
Según las fuentes, el militar fue ingresado ese día a las 10.14 horas por el sector Emergencia y un urólogo recomendó su internación. A esa misma hora, un automóvil rojo, marca Volkswagen gol, aparcó en el estacionamiento del hospital. Allí permaneció durante 40 minutos y luego se retiró. Datos preliminares apuntaban a que Vázquez había abordado este vehículo para darse a la fuga. La descripción del coche coincidía con el de su ex mujer y también ex funcionaria del hospital. Según se pudo saber, la mujer admitió luego haber ingresado al hospital a la hora señalada y describió el tipo de trámite que realizó, versión que fue corroborada por testigos. Empero, negó haber mantenido contacto ese día con Vázquez a quien dijo no ver desde hace meses. Para las autoridades hospitalarias, la narración de la mujer resultó «muy convincente».
No obstante, otra línea de investigación apunta al «status» que a Vázquez se le dispensara en la División I. Según una fuente militar, el ex Jefe de Inteligencia durante la dictadura, recibía a sus visitas en el despacho del general Manuel Saavedra, Comandante de la División. Pero además, disponía del uso «a piacere» de la computadora y del celular. Otro aspecto tiene que ver con el «liviano» operativo que se instrumentó para el traslado del preso al Hospital Militar. De acuerdo con las fuentes, la «custodia» simplemente ofició de «acompañante» del militar. A su vez, el general Saavedra «comunicó» al director de Sanidad general Miguel Dalmao la internación de Vázquez, una vez que ésta ya se había consumado lo que impidió montar un operativo especial en el propio centro hospitalario. «No hubo coordinación de ningún tipo, ni aviso previo para recibir a este particular paciente», dijo la fuente.
El barrio del coronel
El coronel retirado Gilberto Valentín Vázquez Bisio, sobre quien recae un pedido de extradición solicitado por el juez argentino Guillermo Montenegro, Juzgado Criminal y Correccional Nº 7, vivía desde hacía un año en la calle Jaime Cibils 2617, en el barrio La Blanqueada.
Sus vecinos manifestaron que el ex coronel, y su familia, esposa e hija, son personas que «no hacen mucha vida de barrio», por lo que no pudieron aportar datos de carácter social.
Contaron que desde hace aproximadamente un año habitaban ese domicilio y que mínimamente se vinculaban con los vecinos.
Varios vecinos confirmaron, además, que también en el día de ayer fueron visitados por efectivos de Interpol, quienes indagaron acerca de la familia de Vázquez, pero que igualmente, poco pudieron aportar.
El «padrino»
A mediados de la década de los setenta, el entonces capitán del Ejército Gilberto Vázquez, con el curso aprobado para ascenso a mayor, se casó en la Iglesia Tierra Santa. La boda hubiera pasado desapercibida salvo por un detalle: el padrino de los contrayentes era el entonces director del Servicio de Información del Estado (SIDE) de la República Argentina Anibal Gordon. En octubre de 1977, el connotado represor argentino volvió a visitar el país, encubierto, para participar en la 11º Conferencia de Ejércitos Americanos. Según fuentes castrenses, el gobierno lo acreditó como invitado especial, con el carnet Nº075, firmado por el general Julio César Rapela y expedido a nombre de «Felipe Silva». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad