Semana mediática

El doctor Tabaré Vázquez, presidente de la República, desató el pasado 27 de junio una generalizada polémica, cuando identificó a determinados medios de comunicación de nuestro país con actitudes opositoras al gobierno.

De esta forma el Presidente irrumpió en el debate político nacional de forma inesperada, lo que generó fuertes críticas de los partidos opositores, de los propietarios de los medios de comunicación y hasta logró que APU emitiera un comunicado preocupado porque esas críticas podrían ir dirigidas, también, hacia los trabajadores de la comunicación.

No creo, como se ha dicho, que el Presidente haya puesto en peligro la libertad de prensa, el correcto relacionamiento entre las instituciones de la democracia y haya atentado contra el liberalismo. El que atentaba contra todo eso, hace unos años, era el colorado Jorge Pacheco Areco y más tarde la dictadura cívico militar.

Otra cosa muy distinta es ver las declaraciones del Presidente del punto de vista político, escenario de análisis posible y aceptable y en el cual, por cierto, creo que esas declaraciones no fueron convenientes para el propio Presidente y para el gobierno que encabeza.

Estoy convencido, seguramente coincidiendo con el Presidente, que los medios de comunicación (todos) y que la información (toda) no son fetiches que sobrevuelan casi con poderes divinos. Los medios de comunicación emiten productos económicos, culturales, que no son otra cosa que productos ideológicos.

No hay medios de comunicación ajenos a la cultura, a la ideología, a las clases sociales, a las estructuras de poder, a las corporaciones y a las sensibilidades de los individuos.

Por eso la molestia de los propietarios de los medios es entendible, porque de alguna manera el Presidente logró que se cayera el tapa rabos de esa nueva ideología que ha llevado a que muchos crean en la independencia casi divina de la prensa.

Pero si entramos en el plano político, uno se pregunta de si al Presidente le hacía falta desatar una polémica compleja, donde era previsible que propietarios de los medios, cuadros de su confianza y periodistas, terminara unidos propagando un coro de lamentos y de reproches.

Puedo carecer de información, pero no he notado en el año y medio de gobierno un cambio sustancial en los medios de comunicación.

No he notado, puedo equivocarme, que haya una ofensiva opositora de los medios, aunque estoy convencido que esos medios no se han desideologizado (tarea imposible si las hay) y que con nuevos lenguajes continúan haciendo lo que siempre hicieron.

No me vengan, por cierto, con eso de que una cosa son las columnas de opinión y otra es la información. De por sí la información es un producto ideológico (¿es lo mismo decir Fidel Castro que el dictador Castro?), pero si además va acompañada de columnas de opinión se ve necesariamente contaminada por la ideología y la cultura del medio y para ello no se necesita un censor interno, que rescriba las noticias.

El error del presidente Vázquez es que en un solo acto unificó a opositores auténticos (los propietarios de los medios) con un grupo sano de periodistas que no hablan bien cuando susurran sobre sus medios, pero que duermen tranquilos porque creen que la información y la noticia que ellos elaboran son productos humanos sin historia y sin ideología.

Lo he dicho otras veces: estoy convencido que los medios de comunicación tienen hoy menos ataduras partidarias que antes de la dictadura. Pero, a la vez, reafirmo que nadie se ha descafeinado tanto como para hacernos creer que hoy hay medios de comunicación ajenos a la cultura y a la ideología. Decir otra cosa es hacernos trampas al solitario. Pero una cosa es el debate ideológico y otra cosa es saber qué conviene o no conviene cuando se trata de hacer política. (Disparen, saben donde encontrarme). *

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