ENTREVISTA: SIXTO AMARO (PRESIDENTE DE LA ORGANIZACION NACIONAL DE JUBILADOS Y PENSIONISTAS DEL URUGUAY)

"Los jubilados somos los parientes pobres de este país que es Uruguay"

–Mañana (por hoy) se cumple un nuevo aniversario del golpe de Estado, ¿dónde estaba usted en ese día?

–Yo era el secretario del sindicato del Frigorífico Nacional y en ese momento tenía una tuberculosis y una enfermedad pleural que me había sido provocada por una huelga de hambre, que habíamos hecho en la Federación de la Carne. A pesar de ello me allanaron la casa y anduve dando vueltas por ahí. A pesar de ello realicé contactos y ayudé a organizar las ocupaciones que se establecieron a partir de la huelga general.

–¿Qué significó aquella huelga de quince días?

–La huelga general fue la respuesta del movimiento sindical y de la clase obrera a los militares que de un plumazo conculcaron las libertades democráticas y sindicales. Fue una respuesta que los marcó a fuego históricamente.

–Durante la huelga ¿en algún momento tuvo la sensación de que se podía quebrar el brazo a la dictadura?

–Cuando iniciamos la huelga general la hicimos con la idea de detener el golpe de Estado. En muchísimos momentos sentimos que nuestra actitud no fue respondida por sectores importantes de los partidos tradicionales. Fue así que los trabajadores quedamos con la bandera de la democracia, de la libertad y del futuro del pueblo uruguayo, ocupando una y otra vez las fábricas. Por eso pagamos el más alto precio en los diez años de dictadura.

–A 33 años del golpe de Estado ¿qué siente hoy?

–Siento, con otros compañeros, la enorme satisfacción de que aquella generación de trabajadores y dirigentes sindicales que tejieron una trama unitaria supimos responder con la lucha al golpe de Estado.

–¿Cuál fue su primer trabajo en la industria frigorífica?

–Entré como peón en el Frigorífico Nacional en 1958 y luego terminé trabajando en la barraca de cueros, siempre como peón. Tuve el orgullo de ser subdelegado de la barraca de cueros, donde había 108 trabajadores. Con 24 años, en 1964, fui nombrado secretario general del sindicato, cosa en que me mantuve hasta 1970. Luego fui dirigente de la carne hasta 1977.

–Hubo en la década del 60 duras luchas frigoríficas…

–Las luchas principales del Frigorífico Nacional, por la década del 60, estaban dirigidas a defender las fuentes de trabajo. Recuerdo las ocupaciones del Frigorífico Nacional, que entre otras cosas daban vida a aquella gran consigna del año 1958 que logró la Ley Orgánica de la Universidad de la República: «Obreros y estudiantes, unidos y adelante». Hoy veo a los estudiantes ocupando el Frigorífico Nacional con nosotros, participando de las barricadas, de las marchas. Por allí anduvo el «Chino» Díaz, Barret, que hoy es el presidente del Casmu. También estaba el secretario de relaciones sindicales de la FEUU, Rodrigo Arocena, y también Roberto Markarián.

Cuando inauguramos una plaza en homenaje a «Los mártires de la Industria Frigorífica» se presentó ante nosotros Ricardo Ehrlich, hoy intendente de Montevideo, que me encaró y me dijo: «¿No te acordás de mí?». Yo no me acordaba, pero él sí se acordaba que había ocupado el frigorífico con nosotros en la década del 60.

A la vez en aquella terrible noche que mataron a los estudiantes Hugo de los Santos y Susana Pintos, los trabajadores del frigorífico fuimos en camiones a expresar nuestra solidaridad en la Universidad.

–¿Conoció a Manuel Flores Mora?

–Sí, conocí a Maneco Flores Mora. Me imagino por dónde viene la pregunta (se ríe).

–En medio de un conflicto ¿usted secuestró a Maneco?

–No, no. Cuando ocupamos el Frigorífico Nacional, en un momento muy difícil, hubo una cantidad infernal de heridos. El ejército había ido con una tanqueta, tiró abajo la puerta del frigorífico, e ingresó hasta la sala de calderas, donde nosotros estábamos dispuestos a volar todo. En medio de todo ese lío llegó Flores Mora que era el ministro de Trabajo, dispuesto a mediar. Por suerte se quedó allí hasta que aparecieron las soluciones.

–¿Pero usted lo secuestró o no?

–No, nosotros queríamos seguir conversando con Maneco, porque si él se iba quedábamos a merced de estos salvajes.

–¿Usted escuchó la versión de que secuestró a Flores Mora?

–Sí la escuché. Eran momentos de la lucha en que había que tener algo de cintura (se ríe).

–¿Qué siente hoy que está preparando una ocupación del BPS, para el próximo jueves, contra un gobierno que es el suyo?

–Sí, este es mi gobierno, pero el movimiento sindical y de jubilados y pensionistas es independiente de cualquier gobierno, de cualquier sector político, religioso o filosófico. Es un movimiento gremial y social que tiene como objetivo defender a los jubilados y pensionistas y mejorar su calidad de vida. Nosotros planteamos un programa reivindicativo. Hemos planteado soluciones al gobierno del doctor Tabaré Vázquez, hemos tenido avances al crearse un ámbito de discusión, tenemos mejoras, se ha comenzado un proceso de recuperación de nuestro poder adquisitivo, pero abruptamente el Poder Ejecutivo corta ese proceso de recuperación, nos dice que no va a haber ajuste a partir de julio…

–¿Quién se lo dice?

–Lo dijo en enero el contador Daniel Mesa, subdirector de la OPP. Esto ocurre en momentos en que la DGI supera todos los récords históricos de recaudación. Como algo conozco de la industria frigorífica, sé que los precios y las ventas de la carne están más alta que nunca. También las exportaciones no tradicionales son las más altas. El BPS creció en los contribuyentes, de enero a la fecha, en 260 mil. Como dicen los políticos: «La torta ha crecido», pero nosotros parece que somos los parientes pobres de este país que se llama Uruguay.

–¿Qué aumento quería usted para los jubilados?

–Queremos 600 pesos de aumento. El porcentaje del 3% que nos ofrece el gobierno cuando la inflación llegue al 5%, está destinado a más de lo mismo. Para una jubilación de 50 mil pesos por mes, son 1.500 de aumento, pero para la inmensa mayoría que gana menos de tres mil pesos el 3% son 90 pesos por mes.

–Está bien, esas cifras impactan dolorosamente, pero ¿cuánto tendría que pagar la sociedad si se aumentaran esos 600 pesos?

–Claro, eso hay que multiplicarlo por 570 mil jubilados y pensionistas.

-Pero eso es mucha plata…

–Es mucha plata si uno lo mira del punto de vista económico.

–¿De dónde saca el dinero para pagar ese aumento que usted propone?

–Es una decisión política de hacia dónde gastar los dineros del país. Si usted está decidido a pagar el pago de la deuda externa, si usted está decidido a exonerar de impuestos a los frigoríficos exportadores, está ante una canilla abierta a centenares de millones de dólares que se pudieron haber volcado a la seguridad social. Por todo esto no solo es un tema económico, sino también social.

Pienso que alguien tiene que tener en cuenta las connotaciones políticas que va a tener este conflicto, que es entre el gobierno y 600 mil jubilados del país.

–¿El gobierno puede perder credibilidad política?

–Puede, sí puede, porque no se puede plantear en la campaña electoral que envejecer no sea una condena y luego ver que un compañero nuestro, que no tiene para comprarle un champión al nuestro, que no tiene para ayudar en la compra de un cuaderno, que no puede comprar tres lápices, que no puede darle de comer al nieto, ¿no es una condena?

–¿No hay una salida en base al diálogo?

–El gobierno no presentÃ

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