La columna de Sherlock
* Una bandera uruguaya para la residencia en Tarará
-Parece que los legisladores socialistas de «pusieron».
-¿En que sentido lo dice?
-Es que hicieron una «vaquita» y compraron una bandera para colocar sobre la residencia de los uruguayos que residen en Tarará, a 20 kilómetros de La Habana, donde esperan operarse o después del acto quirúrgico, en el hospital Pando Ferrer de la capital cubana.
-¿Es que no había bandera uruguaya?
-No. Y el asunto resaltaba, porque en ese barrio, caracterizado por los bungalouw, se encuentran los enfermos de todos los países de América Latina, y todas las demás residencias contaban con la bandera de cada país.
-Pero, esa parece una desatención del Ministerio de Desarrollo Social de Uruguay o de la propia Embajada en Cuba.
-Puede ser. Al parecer en el Ministerio dijeron que no tenían presupuesto, en la Embajada, habría que preguntarle a Jorge Mazzarovich, que hace unos días estuvo por Montevideo. La verdad que por alguna razón la bandera uruguaya no flameaba en el mástil sobre el bungalow de Uruguay y los diputados socialistas se mandaron el gesto de comprar una.
-¿Y qué es Tarará?
-Es un barrio turístico, a 20 kilómetros de La Habana, famoso por su microclima. Allí Ernesto «Che» Guevara iba a tratarse de su asma… Es una zona que luego sirvió como lugar de turismo para los escolares y ahora es el centro de recepción de toda la gente del continente que se va a operar de cataratas en Cuba.
-Entonces, ¡bien por los legisladores que tuvieron la idea de la bandera!
-Claro, es un gesto simbólico, pero significativo en su contenido. Pero además lo acompañaron con algunas otras cosas para colaborar con la gente del Hospital…
-Una cosa agradable en el marco de tanta polémica en torno a un asunto que debe solucionarse. Porque, es obvio, que arbitrando los recursos muchos de estos enfermos podrían perfectamente operarse en el país. ¿No le parece?
-Bueno, eso es harina de otro costal y su dilucidación queda para otra discusión posterior. Lo que no es posible es que por años y años en el Uruguay un grupo de gente no haya accedido a una solución a su ceguera… Qué aquí no se hayan dado soluciones para ello, lo que debería analizarse a fondo, porque es un hecho grave. Pero eso es otra cosa, ¿verdad?
-¡Claro! Por ahora aplaudamos la iniciativa de los diputados.
-¡Aplaudamos! *
* El fenónemo de las «cajas negras»
–¿Usted sabe lo que es en la jerga bancaria una «caja negra»?
-Es una figura me parece que se utiliza para denominar actividades «non sancta» que realizaban los bancos; ¡vio que hablo en tiempo pretérito!, como operaciones off shore, etc.
-Yo que sé si es así. Sabe que el contador Ariel Alvarez, el hoy ministro del Tribunal de Cuentas, actuó en una Comisión Investigadora que actuó en todo lo atinente a la liquidación del Banco Mercantil y, en un informe cuenta, que el señor Eduardo Sanguinetti, que era director de esa institución en todo lo atinente a los negocios con el exterior, me preguntó:
-¿»Usted sintió hablar de las «cajas negras»?
-«Le dije que sí cuenta Alvarez y le di la explicación de que se trataba de una figura que se utilizaba para denominar negocios con el exterior no muy claros».
-«El hombre me miró y al rato me trajo una caja de latón pintada de negro, las comunes eran usadas por los cajeros, por lo menos en esa época, en la cual se juntaba el dinero, para ingresarlo en el tesoro de los Bancos. La pintada de negro la usaba el gerente, para guardar comprobantes y moneda extranjera que se recogía para las colaterales.
-¿Y?
-«Ya estamos en el período de la dictadura, y en ese período se produce la operación más lamentable y costosa para el país, la que se denominó «compra de carteras», siguió el contador Alvarez. «El Estado adquirió de la banca privada los créditos o préstamos efectuados a particulares, que las instituciones consideraban incobrables. Esa estafa que pagamos todos los habitantes del país, significó un costo, nunca bien determinado, entre 800 y 1.000 millones de dólares y por supuesto sin discriminar para nada la existencia de esas «cajas negras».
-Es bueno recordar un poco de historia, ¿verdad?
-Así es… *
* Un almuerzo significativo: los ferrocarriles en La Corte
Fue la semana pasada cuando Sherlock, en uno de sus innumerables contactos, almorzó con un informante en el restaurante La Corte. La sorpresa fue que en una mesa del fondo, en el coqueto subsuelo de la casa de comidas, varios conocidos personajes se encontraban discutiendo un tema común.
-¿Tema común?
-Claro, además del ministro de Transportes y Obras Públicas, Víctor Rossi, se encontraba el ex presidente de AFE, el actual senador del MPP, Víctor Valliant, el actual presidente del ente, Antonio Galicchio, y un grupo de personajes desconocidos.
-¿Quiénes son los de aquella mesa? fue la consulta de Sherlock a una persona, también informante en otras ocasiones, que pasó por el lugar.
-Es que se está hablando del futuro de AFE. Por eso están quienes están. Los demás son integrantes de la ALAF (Asociación Latinoamericana de Ferrocarriles), y evidentemente están comenzando a despuntar el futuro de AFE.
-¿Le parece? ¿Solo comenzando a despuntar? Mire que Rossi no da puntada sin hilo, y si hizo este movimiento, no sería nada raro que hubiera algo más, que ya hubiera alguien decidido a invertir para reflotar el transportes ferroviario que, con el tema de las fábricas de celulosa, se puede convertir en un muy buen negocio.
-Sin descontar lo que puede significar en un futuro un tren de la costa y otros proyectos que desde hace tiempo están encarpetados.
-De acuerdo.
-Por eso, más allá de no saber qué se avanzó en esa reunión, debemos decir que importante fue. ¿Qué le parece a usted?
-Que tiene razón. *
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