Entre la protesta social y anuncios de inversión llegó y habló el vecino mayor
Desde la sociedad organizada, particularmente los sindicatos, han desatado el reclamo de reivindicaciones. Hubo un paro general parcial, con una importante concentración de 2.000 trabajadores frente al Ministerio de Economía, pero de poca influencia en la detención del trabajo. A la vez los jubilados lanzaron la idea de la ocupación de la sede central del Banco de Previsión Social, que no pudo ser abortada por el anuncio de un aumento del 3% a partir de agosto, lo que fue considerado insuficiente por los trabajadores de ayer.
La FUS está indignada porque el aumento de la cuota mutual no va acompasada con un adecuado aumento salarial, mientras que los trabajadores del sector público no quieren esperar a enero para recibir un nuevo aumento. Los médicos de Salud Pública quieren cobrar más, pero no aceptan el aumento de horario de trabajo. Los chacareros, a la vez, preparan una movilización contra la reforma impositiva que aún no está terminada. «Es que hacerle un paro a un gobierno de izquierda es un bollo», le dijo el ministro José Mujica a Sonia Breccia en 1410 AM LIBRE, intentando explicar el aumento de la conflictividad.
Junto a este nerviosismo social que contiene reivindicaciones sociales, también se promueven aspectos programáticos, como es el rechazo al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El país, entonces, está debatiendo con gente en la calle el rumbo del país productivo, que también se expresa en la interna del FA por los contenidos de la reforma tributaria y de la rendición de cuentas.
En la misma semana habló el presidente Tabaré Vázquez desde 1410 AM LIBRE, poniendo el acento en el aumento de las jubilaciones, en la política de inversiones del gobierno –habló de 300 millones de dólares–, en el talante con que se va a conducir la política de derechos humanos y las relaciones con Argentina, en relación al conflicto de las pasteras.
A partir de esa intervención de Vázquez el pasado 21 de junio, desde distintos ángulos se conocieron anuncios de posibles inversiones no sólo en nuevas plantas procesadoras de celulosa, sino también en una planta siderúrgica, en una planta generadora de energía y en biotecnología. Todos estos anuncios se vieron acompañados por un informe del Instituto Nacional de Estadística que ubica el desempleo en un porcentaje similar al de 1999, en 142 mil, diez mil menos que en marzo.
La visita del vecino mayor
El jueves en la noche llegó al Aeropuerto Internacional de Carrasco con una amplia sonrisa, el canciller de Brasil, Celso Amorim, para al otro día entrevistarse con el Presidente Vázquez, a quien le tiró, con cariño, de las orejas. «Un TLC con Estados Unidos debilitaría a Uruguay y al Mercosur», dijo a LA REPUBLICA casi al pie de la escalerilla del avión presidencial que lo trajo a nuestro territorio, concepto que volvió a repetir a toda la prensa nacional, en los jardines de Suárez, luego de hablar con el primer mandatario uruguayo. En ambos casos la sonrisa fue su fiel acompañante, aunque sabía que esa pechereada no iba a caer bien en Uruguay, aunque su amigo el diplomático de Itamaratí Luiz Moniz Bandeira ya se le había adelantando desde La ONDA digital y desde LA REPUBLICA, cuando afirmó que «optar por un acuerdo con Estados Unidos, abandonando el Mercosur (se refiere a Uruguay), es una traición a sus ideales de integración regional y de resistencia a la hegemonía del imperio».
Claro que esta vez Amorim no vino con la bolsa de promesas vacías, sino que lo acompañaban las más altas autoridades del Banco de Desarrollo de Brasil. «Tenemos que dar un salto cualitativo del Mercosur», hay que «pasar de un Mercosur puramente arancelario a un Mercosur que vea la necesidad de una política industrial y tecnológica común». También dijo, ante un Reinaldo Gargano feliz de encontrar voces contrarias a un TLC, que hay que «reforzar la integración sudamericana en un mundo salvaje de bloques económicos».
Estos puntos de vista «verdes amarelhos» no fueron aceptados por el senador de la lista 15 Isaac Alfie, quien aseguró que «no hay ningún artículo del acuerdo con el Mercosur que diga que Uruguay no puede firmar un TLC con quien quiera». Mientras que el ex canciller, hoy senador, Sergio Abreu, reclamó «flexibilidad» para que Uruguay pueda «sin romper el Mercosur» establecer «un relacionamiento con otros mercados, como lo hicieron Brasil y Argentina con la República Popular China, a la que le dieron un tratamiento de Mercado sin consultar al Mercosur».
Hasta ayer en la noche no se conocía cuál era la reacción del ministro Danilo Astori, ante los dichos de Amorim. Tampoco es fácil de preverlo porque el 24 de mayo el jefe de la economía uruguaya había dicho a Canal 5: «Uno podría pensar que las economías más desarrolladas del mundo sojuzgan a las más débiles, pero entre las más débiles hay quienes practican actitudes imperialistas y a mí me parece que el bilateralismo entre Brasil y Argentina, en perjuicio de las economías pequeñas de la región es una actitud imperialista».
Dichos de Astori que Itamaratí absorbió con diplomancia, porque diez días después la embajada de Brasil en Montevideo le realizó un homenaje a Astori en el que, según las fotos publicadas, los invitados uruguayos eran todos legisladores de Asamblea Uruguay. Todo había sido olvidado.
Ahora solo resta esperar a si se concretan los apoyos financieros del Banco de Desarrollo de Brasil a veinte proyectos, que según el vicepresidente Armando Mariante están en danza. La oportunidad es ahora, cuando Lula asuma en julio la presidencia pro témpore del Mercosur. *
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