"Certeza" de Juan Gelman
Gelman explicó ayer los alcances del pedido de Gonzalo Férnandez para presenciar, como su representante legal, las indagatorias de la Fiscalía Militar ordenada por Sanguinetti y reveló también que desde que difundió su carta en octubre del ano pasado no hubo ningún contacto formal con funcionarios del gobierno de nuestro país
Entrevistado ayer por CX 14 El Espectador en su casa de México ante la consulta de si había nuevos datos sobre la situación de su nuera y de su nieta, o nieto, Gelman senaló: «Hasta que no encuentre a mi nieto o nieta no voy a dar nombres de mis fuentes. Lo único que puedo decir es que todo lo que hemos recogido en este último tiempo confirma la certeza».
El poeta argentino que pidió a Sanguinetti respuestas sobre la posible presencia de su nuera María Claudia Irureta Goyena, secuestrada en Argentina y trasladada embarazada a Uruguay en octubre de 1976 donde poco depués habría dado a luz su hijo, explicó que la presencia de Férnandez en la indagatoria militar es «simplemente para observar las audiencias; sería un observador en presencia. No es un juicio, sino simplemente una indagatoria. En tanto observador, supongo que se limitará a observar el desarrollo de la indagatoria». No descartó la posibilidad de formular preguntas pero aclaró que «eso corresponde o no al ordenamiento jurídico interno de las Fuerzas Armadas». Indicó también que hasta el momento no ha recibido ninguna respuesta al pedido entregado por su representante legal Gonzalo Fernández.
Gelman destacó que nunca le pidieron «ningún testimonio que avale mi versión, quizás por temor a la verdad» y agregó que no tiene ninguna información sobre la investigación en marcha: «Me pregunto, por ejemplo, si ha preguntado sobre el tema a los algo más de una veintena de militares de la lista que le presenté en mi primera carta».
«Por otro lado –agregó– me parece que en la carta que responde a Günter Grass hay omisiones notables. No menciona al Plan Cóndor; al parecer, éste no existe. No menciona a quienes secuestraron a los uruguayos prisioneros en Orletti. Es decir, el mayor José «Nino» Gavazzo, el entonces capitán Silveira, el capitán de Granaderos Ricardo Medina, el militar al que llamaban «el judío Vázquez», el mayor Cordero, el capitán Arad, todo el personal militar y policial uruguayo que se dedicó a esos menesteres en Orletti de mayo a octubre de 1976. No dice quién se llevó a los ciudadanos uruguayos de Orletti a Uruguay; parecería que viajaron en una alfombra mágica. En esa carta no existe el Plan Cóndor, a pesar de que el doctor Bluth me aseguró por teléfono, por ejemplo, que Gavazzo tenía jurisdicción sobre todos los prisioneros uruguayos en Orletti».
El poeta destacó que la afirmación de Sanguinetti en cuanto a que las denuncias «alejaban la posibilidad de resolver algo» indicó: «me pareció –entre otras– una declaración sorprendente. ?Qué significaría eso? Que el senor presidente, el mando supremo de las Fuerzas Armadas en Uruguay, no cuenta con la subordinación y obediencia de las fuerzas que comanda y que entonces no puede investigar en ellas la verdad porque se resistirían, cada vez más irritadas por el alcance mundial del apoyo de mi búsqueda. Yo me digo que, si así fuera, tal vez el senor presidente debería revisar el alcance real de su mandato y escrutar si ejerce plenamente el que le otorgó el pueblo uruguayo con sus votos».
Gelman respondió también a las acusaciones de Sanguinetti sobre la existencia de «una campana política y periodística» para perjudicarlo políticamente y que perseguiría «metas a más largo plazo».
«A mí personalmente no me interesa afectar en nada ni la figura del senor presidente ni su carrera política –destacó Gelman–, lo único que me importa es la posibilidad de que me ayude, dado que dispone de los medios idóneos para eso, a encontrar a mi nieta o nieto.
Creo que éste es un pedido que él ha politizado al suponer, o dejar suponer, o querer que se suponga que ésta es una campana política contra su persona. Me parece que el senor presidente está perdiendo la compostura.
También en esa carta dice que Günter Grass, los premios Nobel que firmaron, los miles de escritores de todo el mundo que se han dirigido a él, incluso de Uruguay, por supuesto, están mal informados, desinformados de lo que ocurre en Uruguay.
Y sugiere claramente que han sido manipulados como instrumentos de una campana política y periodística que en su momento tuvo finalidades electorales ‘y que hoy continúa, con metas a más largo plazo’. No explica de qué metas a más largo plazo se trata. Me sorprende que existan esas supuestas metas, dado que a muy corto plazo va a dejar el cargo que ocupa».
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