Astori está muy firme en sus concepciones; las defiende a capa y espada

La rebelión de los manos de yeso o todo el poder al "soviet" de Diputados

Ya nadie habla de que el gobierno comunica mal sus políticas, sino que le cuesta cada día más establecer con facilidad acuerdos y acciones comunes. A pesar de ello, ni los integrantes del gobierno, ni los miembros de la oposición, perciben que se esté ante una situación crítica o definitoria.

Quizás quien peor analiza la situación sea el Partido Nacional, que golpea algunas veces con razón, pero en todos los casos sin contundencia. En este sentido el que parece tirar golpes al aire es el senador Jorge Larrañaga, como quedó claro cuando pidió la renuncia del ministro del Interior José Díaz porque el líder nacionalista entendió que el jerarca había presionado a la Justicia en el caso del fracasado intento de desalojo de la textil Dancotex. Larrañaga calibró tan mal la situación, que el Partido Colorado no lo acompañó, miró para el costado y se limitó a enviarle una civilizada carta al Presidente de la República, exponiendo su preocupación por lo ocurrido.

 

Tributos dan dolor de cabeza

La mayor debilidad que expuso el gobierno fue en torno a la reforma tributaria, cuya elaboración no ha concluido por diferencias internas, que muchas veces no son de fácil percepción por parte de la ciudadanía.

A esta altura del año parece casi increíble que un proyecto de ley de reforma tributaria que se envió desde el Poder Ejecutivo a la bancada parlamentaria oficialista y que había sido acompañado por todo los ministros, haya encendido las inquietudes parlamentarias al grado que el ministro de Economía Danilo Astori se haya visto obligado a decir que «sin las reformas, todo el proceso de transformación abortará», durante un seminario sobre el futuro del Banco Central, donde participó junto a Alejandro Atchugarry.

Surgen así dudas sobre el funcionamiento político del gobierno, lo que genera una serie de interrogantes. ¿Los parlamentarios no responden a los ministros que en la gran mayoría de los casos son jefes de sector? ¿Los ministros tienen doble discurso, votan una cosa ante el Presidente, y después entregan a las «fieras» parlamentarias de sus sectores iniciativas que en el fondo no compartían? ¿La debilidad del Consejo de Ministros es tan grande que todos aceptan, incluido el Presidente, que el escenario del poder de decisiones se trasladó al parlamento o existe un cogobierno entre el Ejecutivo y el Legislativo oficialista?

Todo indica que no hay una sola respuesta y que por ello se hace muy difícil detectar las zonas de freno que tiene la gestión de gobierno.

Quizá en el fondo de esta situación, por cierto nada transparente, se pueda detectar que Astori está muy firme en sus concepciones, que las defiende a capa y espada, pero que sus críticos no tienen una concepción acabada y global para agujerear su muro argumental.

Por eso el presidente Vázquez dijo el pasado domingo, en el programa Código País, que «sin duda» respalda al ministro Astori al frente de la conducción de la economía y las finanzas, pero a la vez abrió una puerta a los planteos disidentes cuando dijo que el ministro José Mujica «es absolutamente necesario».

En ese programa televisivo Vázquez también adelantó que mañana, en la reunión del Consejo de Ministros, se analizará en profundidad las propuestas para elaborar la Rendición de Cuentas, lo que puede verse alterado porque aún está en el debe el acuerdo sobre la reforma tributaria, que es de donde van a salir los recursos para provocar la «derrama» de dinero en los distintos sectores del Estado y de la población.

 

Protestan preguntando

Mientras que estas diferencias actúan como un chaleco de fuerza que impide el desarrollo de todas las energías del gobierno, en la semana se expresó la protesta dentro del Frente Amplio por parte de algunos militantes históricos de la izquierda, como Guillermo Chifflet, Hugo Cores, Hugo Villar y Víctor Licandro, entre otros donde se destacan dirigentes del PVP sin cargos en el gobierno nacional.

Estos presentaron un documento en una conferencia de prensa que se realizó en la sede central del Frente Amplio   gesto reafirmatorio de sus orígenes -, en la que esgrimieron quince interrogantes por cierto cuestionadoras de la actual orientación económica. Sólo una pregunta vale como ejemplo de esas inquietudes: «¿Contribuye a ese país productivo y sustentable, que anhelamos, las inversiones extranjeras instaladas en zonas francas para procesar materias primas con riesgos ambientales?».

Este grupo, que por cierto no es expresión del fundamentalismo de izquierda que por la lista de firmantes fue dejado afuera por voluntad de los organizadores.

Este movimiento, donde seguramente las coincidencias principales haya que buscarlas en el descontento y no en la proposición, hace un año era impensable.

Su propio surgimiento, expresión de un malestar generalizado, las autoridades deberán verlo como una expresión sana y no como una patología, por más que sus respuestas puedan no ser las mejores.

Es impensable, a la vez, que de esta situación de incertidumbre el nuevo gobierno pueda tonificarse sin un gran acuerdo de sus principales personalidades, quienes antes deberán alinear al «soviet» de diputados.

El acuerdo deberá contener aspectos programáticos, además de incluir la convocatoria a la ciudadanía, pero también compromisos de ejecución y de gobernabilidad, porque no hay gobierno que subsista en permanente estado de debate. *

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