ENTREVISTA: SERGIO PREVITALI ROBALLO ( EX DIPUTADO, FUNDADOR DEL FRENTE AMPLIO)

"El Frente parece hoy un conjunto de proyectos personales; el problema es el poder, las chacras"

– ¿Por qué le dicen Sacha?

– Yo nací en 1939. En esa época todo lo ruso estaba de moda. Desde niño soy «Sacha», que no tiene nada que ver con Sergio. Sacha es el diminutivo de Alejandro.

– Todos recordamos a tu madre, a Alba Roballo, pero ¿quién era tu padre?

– El viejo fue un amigo entrañable de (Rodney) Arismendi. Fue comunista. Junto con Arismendi fue solado en el Centro General de Instrucción de Oficiales de Reserva (Cgior). En aquella época esa era la forma de entrar a ser empleado público. Me acuerdo, siendo muy niño, de ver vestidos a Arismendi y a mi viejo de soldados, participando de algunas maniobras. Cuando me van a anotar, el testigo fue Arismendi, por eso me unió, toda mi vida, un cariño y una amistad entrañable con el Flaco (Arismendi).

– ¿Fue muy fuerte ser el hijo de Alba?

– Fue complicado, pero mantuvimos una relación de mucho amor, de mucha confrontación, pero fuimos compañeros de lucha de toda la vida. Mi primera pegatina fue en 1948, teniendo 9 años de edad. A partir de allí nos fuimos ayudando mutuamente. Hasta el final estuvimos juntos. A veces la radical era «La Doctora» y a veces era yo (se ríe), pero en definitiva fue una vida en común. Yo le decía «Doctora» o mamá.

– ¿Cómo se vivía el batllismo en sus primeros años del Partido Colorado?

– El batllismo se mamaba en las asambleas, con participación. Había congresos de jóvenes. El impacto de la revolución cubana estuvo ahí, presente. En un congreso de jóvenes batllistas, en 1962, aprobamos un proyecto de reforma agraria, también urbana, hasta que Luis Batlle mandó a Sanguinetti a apagar el fuego, porque aquello ya era incontrolable (se ríe). El batllismo se vivía con Julio César Graguert, Baltasar Brum, Domingo Arena, Batlle y Ordóñez de comienzo de siglo, por eso siempre me sentí un hombre de izquierda, al igual que mi madre y otros. Pregón llegó a tener en Montevideo más de 200 locales. Allí se debatía y se transmitían ideas. Hoy, uno de los grandes problemas que tiene la izquierda, es que se olvidó de abrirle la cabeza a la gente.

– ¿Qué alcance tiene esa afirmación?

– Hoy hay miles de compañeros como yo que la estamos mirando de lejos, mientras que estamos ante un Frente Amplio que nos pide todos los días actos de fe. «Crean en esto, crean en lo otro, crean, crean», pero ¿hasta cuando podemos tener actos de fe? Cortito y actual: papeleras. Sobre esto se nos ha pedido un acto de fe. No creo que el problema fundamental sean las papeleras, el asunto es que se cambia la matriz de la producción uruguaya. Si se permite la entrada de grandes multinacionales, nos van a forestar hasta Avenida Italia. Así no volvemos a poblar la campaña. ¿Por qué no discutimos esto?

– ¿Es fácil hablar de esto?

– No, no es. A todos los compañeros que están en los ministerios, los conozco desde hace 50 años y no puedo creer que hayan cambiado. Yo no tengo la información de cómo encontraron el país, pero ellos deben decirle a los uruguayos cómo lo encontraron. Es que el bajón de las encuestas no es el bajón del frentista recién llegado, es el del casco militante. Hay que darles, a estos compañeros, alguna señal, alguna punta, porque hay mucha gente que soñó mucho.

– ¿Qué explicación tiene de ese desánimo?

– No la encuentro, porque no la han dado. Para mi no tuvo sentido no buscar otra solución para la deuda, porque eso nos ata de mano y nos hace imposible lograr un país distinto. Tenemos hoy un nuevo FA. LA REPUBLICA dio la noticia de mi enfermedad y sólo me llamaron dos compañeros. Cuando asumió el Frente el gobierno, cuando hubo el cambio en el parlamento no me invitaron. Pero no estoy resentido, estoy dolorido porque aquel proyecto de los trabajadores, de la izquierda, que se puso aprueba durante la dictadura   no fue pavada -, no lo encuentro. Hoy el FA parece un conjunto de proyectos personales. Creo que el problema es el poder, las chacras. Hoy no tenemos a la gente movilizada y convocada. Tengo la impresión de que ganamos por menos malos, aunque el proyecto venía ganando.

– ¿Cómo se cambia la situación?

– Deben revitalizarse los partidos, hay que fortalecer al FA. No es posible que de un día para otro nos digan que hay que ir a un TLC con Estados Unidos, después otra cosa, Mercosur si, Mercosur no. Todo esto tiene que estar conversado y la gente lo tiene que entender. La prioridad debe ser la gente que no puede esperar más, esos uruguayos que hace tres generaciones que están en el cantegril. Desde mi trabajo de taximetrista he conocido el Montevideo que no conocía. Hay que repoblar la campaña, hay que darle a estos compatriotas las posibilidades de la enseñanza, de la cultura.

Confieso algo que no quería decir. El pasado lunes esperé con expectativa la entrevista a Tabaré (Vázquez) en la televisión. Creí que nos iba a tirar algo, como pasar factura y decirle a la gente qué país los partidos tradicionales nos habían entregado, que este año y medio ha sido difícil, que igual hubo logros en materia laboral, en derechos humanos, en el funcionamiento de las empresas públicas, pero nos dijo que nuestra política económica es la de Alfi y la de Atchugarry, con todo lo que aprecio a Atchugarry como persona. Ahora, si es así, no debería ser así. El Presidente no puede oponerse a la ley de salud reproductiva. No puede decir que va a vetar.

– ¿Danilo Astori es el responsable de ésta situación compleja y contradictoria?

– Tengo un inmenso cariño y respeto por Danilo. Diría que lo admiro, que lo quiero, pero es un hombre muy tozudo y hace lo que él cree. Astori está haciendo lo que dijo antes de las elecciones, es coherente, pero no comunica, no nos explica hacia dónde vamos, por qué hace tal cosa. Si comunicara sería otra cosa. Siento que falta un director de orquesta, para que la fuerza política funcione, para encontrar el rumbo. El país no se puede jugar exclusivamente a la inversión extranjera, que puede venir o que puede no venir.

Mi última pelea en el FA fue cuando me opuse a la creación del Encuentro Progresista y eso que yo no estaba en contra de Rodolfo Nin Novoa y sus compañeros. No. Lo que sí pensé es que a partir de ahí toda la propuesta frenteamplista comenzaba a declinar, a debilitarse. A partir de ahí hubo un cambio radical, lo que produjo una merma ideológica. La izquierda no puede dejar de promover cabezas revolucionarias, porque si eso no se hace, nada vale. Terminamos creando un gigante con pies de barro, que se ve cuestionado por una oposición muy pequeña. Esa pequeñez le da tiempo al proyecto frenteamplista para salir adelante, pero para ello hay que enamorar a la gente.

– Hoy ¿por quién se siente representado?

– Me siento representado por los trabajadores, particularmente cuando habla Juan Castillo y algún otro compañero. *

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