Calendiario
1984.- En esta mañana Montevideo parecía estar en pie de guerra. Tanques, camiones con soldados, un alto muro de contenedores que impedía la entrada al Puerto, desde la Estación Central, y las calles que iban poblándose silenciosas, con banderas escondidas. Los más remolones tenían como única referencia lo que se había sabido días pasados, el anuncio de Wilson Ferreira Aldunate de retornar al país este 16 de junio, más las interminables advertencias de las cadenas oficiales de evitar todo riesgo, toda participación en manifestaciones, porque habría represión y de ésta no se sabía cuál sería el grado de violencia.
En la noche anterior, desde el puerto de Buenos Aires, había partido el «Ciudad de Mar del Plata II» con el líder blanco, toda su familia, cientos de periodistas y más cientos de dirigentes y colados que no querían perderse ese momento histórico. Tras una noche tranquila cruzando el Plata, la mañana comenzó a inquietar. El Vapor de la Carrera parecía desnorteado, iba y venía, sin rumbo fijo. Repentinamente se enfrentó a cinco barcos de guerra uruguayos en realidad toda la marina uruguaya, que impedía el paso hacia Montevideo. Se estuvo a punto de un ataque contra la nave, lo que hubiera sido catastrófico por las muertes y por la suerte internacional de la dictadura que estaba agonizando y quería de alguna forma salvar su dignidad, apenas a cuatro meses de las elecciones nacionales. Se intentó hacer bajar a Wilson y llevarlo preso. En las conversaciones a bordo del Ciudad de Mar del Plata II hubo tironeos y aflojes hasta que se acordó dejar que el viaje continuase. Por supuesto, los uruguayos solo vivían de rumores y de lo que algunos medios argentinos decían, porque aquí todo estaba prohibido, había llegado la censura total del arribo. En determinado momento se afirmó que se desviaría la nave hacia Punta del Este, donde no habría nadie esperando a Wilson, aunque los montevideanos habían ya decidido viajar en autos y camiones hacia el Este.
Al final de todo, la llegada fue en Montevideo, donde altos mandos esperaban a Wilson y a su hijo Juan Raúl. Eran ya las tres de la tarde. Ahí bajaron, ahí quedó para la historia la foto de Wilson despidiéndose de sus acompañantes, desde la escalerilla, mirando hacia atrás y levantando sus dos brazos y marcando en sus manos la V de la victoria.
Una victoria que terminó en dos helicópteros, uno llevando a Wilson hacia Trinidad y otro a Tacuarembó con su hijo. De esa manera, encerrando a la oposición, que sin duda ganaría si la fórmula Wilson-Carlos Julio se presentaba en el próximo noviembre, los dictadorzuelos, a estas alturas tristes figuras de un fracaso, dejaron el campo libre para que otros partidos aprovechasen la volada.
Tiempo después se conocería cuales eran los delitos cometidos por Ferreira Aldunate, por lo menos dos, el haberse salvado del secuestro y muerte en Buenos Aires el día que secuestraron a Zelmar Michelini y a Héctor Gutiérrez Ruiz, y el haber recorrido el mundo denunciando que en Uruguay había una dictadura y una violación permanente de los derechos humanos, mentiras propias de un marxista-leninista.
1941.- Nace Carlos Sarthou, ex director de la Administración Nacional de Puertos.
1948.- Nace Rosario Peyrou, periodista, crítica literaria, ensayista. Responsable de la sección Literatura en «La Democracia» y por muchos años parte de «El País Cultural».
1958.- Nace Lauro Marauda, crítico, escritor, profesor de literatura, periodista en «Brecha» y «Mate Amargo». Entre sus ensayos están Kafka, Bradbury y Cortázar.
Escribió la novela «La hermana ciega».
1967.- Nace Daniela Bouret, gestora cultural, historiadora, preocupada por los hábitos nuestros como el mate. En los últimos años está dedicada al Teatro Solís, donde dirige la División de Desarrollo Institucional y ha publicado varias obras, «Teatro Solís, Historias y Documentos», «Teatro Solís, una ciudad en escena», entre otras.
«No estoy desafiando tontamente, con palabras descomedidas, a los que mandan. Al ser leal conmigo mismo y con mi país, soy indirectamente leal también para los que mandan. Confieso y proclamo: no creo (nadie cree en el pueblo) que este Proceso ni este gobierno hayan restaurado nada. Creo en cambio que han herido valores esenciales y muy altos que, cuando vuelva la libertad, los que no integramos el Proceso tendremos que restaurar». Manuel Flores Mora, Jaque viernes 22 de junio de 1984, al reclamar la libertad de Wilson.
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