Alvarez olvidó todo sobre la represión y aseguró que fue un objetivo del MLN
Interrogado en el 3º piso, despacho del doctor Charles, juez en lo penal de 19º Turno, testificó que no sabía que era la Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), ni el Servicio de Información de Defensa (SID) hasta que asumió su cargo.
Alvarez, quien fue citado para declarar en la causa del militante tupamaro Washington Barrios, desaparecido en Argentina el 18 de setiembre de 1974, concurrió en compañía de su abogado, el doctor Carlos Curbelo Tammaro. Durante dos horas y media fue interrogado por el magistrado y la fiscal Mirtha Guianze.
Aseveró que durante la dictadura no estuvo en ninguna operación y que, asimismo, no las ordenó.
Según reflexionaron fuentes presenciales, «el Goyo Alvarez no sabe nada».
Trascendió que durante la audiencia se mantuvo en estado de entera tranquilidad y su respuesta más reiterada fue: «no tengo conocimiento».
Contraatacó sin embargo alegando que fue condenado a muerte por el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), en directa vinculación con la ejecución de su hermano, el coronel Artigas Alvarez, el 25 de julio de 1972, con quien se supone, fue confundido.
En tal sentido, solicitó al juez agregar al expediente la transcripción del discurso de la toma de posesión del cargo de Presidente de la República, el 1 de setiembre de 1981.
Además presentó un fragmento del libro «Jugando a las escondidas» del periodista Alvaro Alfonso, a efectos de documentar que el MLN intentó asesinarlo. En uno de esos operativos, fue eliminado su hermano, el coronel Artigas Alvarez, el 25 de julio de 1972.
En el texto señalado por Alvarez, aparece una cita del hoy ministro de Ganadería José Mujica, líder del MLN-T, quien «dio a entender en sus declaraciones a los militares que fue asesinado por error, pensando que se trataba de su hermano y después presidente de la República, teniente general «goyo» Alvarez».
Mujica confiesa: «Nosotros ni sabíamos que existía el coronel Alvarez, toda la información que manejábamos era del general, pues se nos decía que era militar, un inteligente que estaría vinculado a la CIA, cosa que después nos enteramos no era cierto». (pag. 76/77)
Fuentes judiciales expusieron que, aunque tiene derecho a agregar estas pruebas, nada tienen que ver con la causa y el aporte de la documentación no contribuye en nada al expediente, ni en su favor ni en su contra.
El otro documento que Alvarez solicitó anexar es una copia de su discurso de asunción como Presidente, el 1 de setiembre de 1981, en el que justifica la irrupción de las Fuerzas Armadas «como consecuencia de acontecimientos gravísimos en los campos económico, político, social y de seguridad nacional cuyos resultados, de no haber sido evitados, habrían ensombrecido definitivamente la libertad de nuestra patria».
De igual forma, asume su responsabilidad del accionar de las Fuerzas Armadas, y similarmente a la carta de los diez ex comandantes, exceptúa los hechos calificados como «desbordes».
Uno de los objetivos de esta audiencia era cuestionar la responsabilidad que asumió Alvarez en la mencionada carta, difundida el pasado 18 de mayo, solicitud hecha por el abogado de la familia Barrios, el doctor Pablo Chargoñia.
Respecto de dicha carta, cuya firma es encabezada por Gregorio Alvarez, replanteó que era la obligación de los comandantes en jefe del Ejército Nacional, responder por el accionar de sus subordinados, a excepción de hechos que signifiquen desbordes.
El abogado denunciante, aclaró que la responsabilidad de los altos mandos es igualmente parte de la investigación en el expediente y que es asumirse responsables de los actos de servicio y sus consecuencias, puede ser motivo de una especificación.
En tal sentido entiende que Gregorio Alvarez debe precisar, ante un juez, de qué casos y de qué actos se hace responsable.
Al respecto la defensa de Alvarez, el doctor Carlos Curbelo Tammaro aclaró que «por más que se pretenda otra cosa, no dice más que lo que la normativa vigente rige para las FFAA; los mandos siempre son responsables de los hechos de sus subalternos, no de los excesos ni de los desbordes».
El ex comandante en jefe Gregorio Alvarez, antes del mediodía de ayer, ya se hallaba en el estudio del abogado Curbelo Tammaro, que se ubica al lado de la sede judicial, a no más de 5 metros de la entrada.
A las 13 horas, en punto, transitó junto a su abogado esos pocos metros e ingresó por la puerta de Misiones 1469.
El dispositivo de seguridad consistió de un vallado externo, en 25 de mayo y en Cerrito, por donde sólo se permitía el acceso a la prensa y a particulares que debían ingresar a la cuadra por razones laborales.
En la cuadra, había dispuesto un aparto de vigilancia compuesto por agentes de Policía Nacional y efectivos de las Fuerzas Especiales de Guardia Metropolitana, fuertemente armados.
Además, había instalado un vallado interno que impedía el ingreso a todo individuo ajeno al personal de la sede judicial.
Exactamente a las 15:35 horas salió custodiado por su seguridad personal y no hizo declaraciones a la prensa. Solamente hizo entrega de los mencionados documentos.
Rápidamente ingresó en un auto KIA modelo LS de color oscuro, con matrícula B 101 – 058 (Maldonado), que aguardaba desde unos pocos segundos antes a su salida.
Se dieron cita al lugar diversas agrupaciones que expresaron su repudio a la persona del ex comandante. Entre otras estaban integrantes de Plenaria Memoria y Justicia, de la organización «8 de octubre» y del Partido de los Trabajadores (PT). Además se pudo ver entre los manifestantes al ex tupamaro Jorge Zabalza.
En las investigaciones que instruyen este expediente declararon, desde el mes de mayo hasta la fecha, el ex comandante en jefe Juan Modesto Rebollo, los coroneles (r) Jorge Silveira y Ernesto Rama, el teniente coronel (r) José Nino Gavazzo y el mayor (r) Armando Méndez.
Como testigos lo hicieron Estela Reyes (hermana de Silvia Reyes, asesinada el 21 de abril de 1974 y compañera de Washington), Jaqueline Barrios (hermana de Washington), e Hilda Fernández de Barrios (su madre).
Además se llevó a cabo una maratónica instancia de careo, de mas de seis horas, entre los ex militares y las testigos, en donde los militares negaron toda vinculación con la desaparición de Washington Barrios, y las testigos aseguraron ser testigos de la presencia de los indagados en varios episodios, entre otros, en el domicilio de Washington Barrios, donde fueron asesinadas, su esposa, Silvia Reyes, junto a Diana Maidanick y Laura Ragio. Además la testigo Estela Reyes relata, estando detenida, reconocer a algunos de los militares, interrogando a detenidos sobre el paradero del tupamaro desaparecido. *
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