La Cámara Baja aprobó registro de deudores con garantías ya ejecutadas

El ensayo del voto electrónico provocó ayer un inesperado jolgorio en el Plenario de Diputados

Había concluido la media hora previa y los diputados fueron llamados a retirar, para una prueba, su aparato particular, muy parecido a un celular, a través del cual, en el futuro, votarán en la Cámara. Servirá para eliminar métodos arcaicos como el levantamiento de manos, que a veces se hace de espaldas, en riesgosas contorsiones, o entrando de apuro al recinto sin saber qué está pasando. El voto electrónico sólo podrá hacerse en sala, porque el sugestivo adminículo no saldrá de ella bajo ningún concepto. Así que si alguien pensaba votar desde el ambulatorio, el despacho o el baño, vaya pensando que la tecnología de punta le arruinó los planes.

La sala se convirtió en una celebración, bastante folclórica aunque absolutamente democrática. Mientras unos tomaban su aparatito y lo tocaban primero suavemente, como acariciándolo, ¿a la espera de que les hablara?, otros iban a registrar apurados su huella digital porque habían olvidado este requisito previo esencial.

En medio de tanto espíritu por lo alto  gran fiesta gran-, pude advertir sonrisas, emoción y hasta ciertas brusquedades comprensibles cuando el elemento no respondía de inmediato o se trancaba, caprichoso, quizás dolido de la rústica manipulación de algunos. Los diputados iban y venían, comparaban sus respectivos aparatitos (advirtiendo rápido que el tamaño era igual), pedían el manual y hablaban a casa con sus familiares para contar la buena nueva. Hubo algunos, no puedo negarlo, a quienes se les dibujó en el rostro el pasado remoto, recordando tal vez la perdida niñez en que Melchor, Baltasar y Gaspar no pudieron dejarles el mecano, el triciclo o el trencito aquel con el que Gagliardi nos hacía llorar al recitar «Noche de Reyes».

Y ocurrió, incluso, un hecho que expone la ansiedad que provoca el acceso a cosas nuevas. La diputada Adriana Peña (independiente, Partido Nacional), que llegó tarde, cuando ya todo había concluido, salió como desesperada a reclamar su aparatito. ¿Cómo ella no iba a tener uno? Negoció con el presidente de la Mesa para registrar su huella y logró después que un funcionario le mostrara el objeto de su ansiedad con demostración incluida.

 

Registro de deudores

En el desarrollo del orden del día, el plenario aprobó, no sin antes desarrollar un debate insólito, el proyecto de relevamiento de deudores cuyas garantías hayan sido ejecutadas a partir del primero de marzo de 2002.

El miembro informante, Gonzalo Mujica (Nuevo Espacio), comenzó su exposición, debió interrumpirla enseguida porque la quermese de los aparatitos seguía y, finalmente, pudo desarrollarla gracias a una enérgica intervención del presidente Cardozo (con un estilo Mel Gibson en «Arma mortal»; él mismo aclaró que no le gusta el papel del Harry de Clint Eastwood).

El motivo del proyecto está destinado a registrar a todos aquellos deudores que, por vía del remate de sus garantías, lo han perdido todo o casi todo y a quienes ninguna eventual ley podría ampararlos. Pero la idea es clasificarlos, dado que constituyen un universo heterogéneo y complejo, a fin de que sus casos puedan ser atendidos en el futuro, por algún organismo estatal, con la finalidad de recuperar sus posibilidades productivas. Aquí se armó uno de esos debates que alguna vez imaginó Quevedo (o, por ser más moderno, Camilo Cela). Sergio Botana (Alianza Nacional) dijo que lo único que se hacía era el registro de la desgracia ajena pero no se proponían soluciones, y calificó al proyecto, creyendo ser piadoso, de «casi ridículo».

¡Para qué! A continuación hablaron muchos, pero lo interesante fue el apunte de Washington Abdala (Foro Batllista), quien, además de acompañar el ahora castigado proyecto, le recordó a Botana que muchos de sus correligionarios lo habían acompañado, firmando su presentación. Le espetó, al final, algo así como «somos macanudos, nos pinchamos el globo cuando todos estamos de acuerdo».

Terminada la batahola, el proyecto de marras fue aprobado. Quizás influyó, no lo sé, que mientras se dirimía el asunto muchos espíritus se ablandaron en sala porque los funcionarios iniciaron la requisa (perdón, retiro) de los aparatitos. Ciertos legisladores ya le habían tomado tanto cariño que les costó desprenderse de ellos y hasta soltaron, mire usted, alguna lagrimita. Me partió el alma.

 

Otros temas

Informados los proyectos respectivos por Roque Arregui (Partido Socialista) se aprobó darle el nombre de «España» a la escuela Nº 39 de Soriano y «La Valleta, República de Malta» a la Nº 116 de Santiago Vázquez.

Luego, Esteban Pérez (Espacio 609) y Alberto Casas (Herrerismo) presentaron un proyecto de pensión graciable para Daniel Ramela, docente, investigador, periodista y difusor cultural de San José. Todos estaban de acuerdo pero no llegó a votarse  Daniel, no ligás nada- porque otro timbrazo de Cardozo le encajó el «The end» al tratamiento del orden del día.

Se dio paso a la media hora final, donde Víctor Semproni (Claveles Rojos) homenajeó a Mauricio Cléber Silva, sacerdote uruguayo desaparecido hace 29 años en la Argentina, y Hebert Clavijo (Espacio 609) hizo lo propio con un reconocido político y luchador social de Lavalleja.

 

De la media hora previa

En este tramo inicial del plenario, Guido Machado (Foro Batllista) elogió el encuentro desarrollado en Rivera con familias de asentamientos irregulares y el espíritu participativo de esa gente; Pablo Abdala (Herrerismo) recordó el centenario del Centro de Viajantes y Vendedores de Plaza; Carlos Maseda (Vertiente Artiguista) criticó a un programa de televisión que dio una versión parcial y tendenciosa de las minas de Artigas y de la situación de sus trabajadores; Germán Cardozo (Foro Batllista) habló de la inseguridad en Maldonado y de la movilización popular, y renovó críticas al ministro del Interior; Ivonne Passada (Espacio 609) se refirió a Dancotex y dijo que el problema principal era la situación de más de trescientas familias que podían quedar sin trabajo, cargando las tintas sobre el empresario que, habiéndose beneficiado de trece millones de dólares de préstamos del Estado, no se sentó a negociar para una salida adecuada; y Javier García (Alianza Nacional), argumentando acerca de declaraciones del presidente Vázquez a canal 12, anoche, adujo que fue como reirse de la ciudadanía, que no hay gobierno ni programa y que no hay derecho a burlarse de la gente. Todo porque el presidente declaró, al parecer, que la actual política económica es, mejorada y con cambios, la política que el Batlle llevó adelante después de la crisis, no antes. A los diez segundos pareció explotar una bomba. Semproni emergió para leer el reglamento y declarar que García estaba fuera de lugar -en realidad estaba en su sitio pero muy caliente-, el colorado Cardozo le gritó «!usted quiere acallar a la oposición»Â¡, otros abuchearon y patalearon y el presidente, cortando por lo sano, no sin aclararle a Semproni que no compartía su interpretación reglamentaria, terminó la media hora previa sin más. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje