"¿Ministro, gurú, senador, presidente del FA, candidato a la Presidencia?"

El Pepe no se va, no se va

Mujica comenzó su vida política en el Partido Nacional, por eso su ideología tempranera estuvo vinculada mucho más al nacionalismo, que al liberalismo. Luego se transformó en guerrillero urbano, pero con reivindicaciones agrarias, influido por el impacto que significó la revolución cubana en 1959, no sin antes transitar por la bohemia universitaria y la lucha estudiantil de aquellos años.

Estuvo preso 14 años, nueve de ellos dentro de un pozo. De aquella bestialidad salió un hombre sereno, reflexivo, libre en el pensamiento, dispuesto a aprender y a enseñar. Surgió así una personalidad muy fuerte, por momentos demasiada convencida de sus virtudes, pero con capacidad para escuchar y reflexionar con el otro.

Mujica no es un hombre de escribir, por eso no se puede sostener que haya elaborado un cuerpo teórico sistematizado del proceso de cambio. Para conocer su pensamiento no hay que ir a los textos que no existen, sino que hay que saber bucear entre sus dichos e imágenes, también en sus gestos.

Todo su discurso está impregnado de la duda, pero no de una duda que inmoviliza sino que empuja. Pero entre dudas y reflexiones, siempre ha mantenido un rumbo: la liberación nacional y la construcción de una nueva libertad para los individuos. Es un reivindicador del derecho a cuestionar todo, como a decir todo en voz alta y no pocas veces en un tono agresivo. Por momentos muestra un talante «foquista», pero de palabras que en sus momentos de calentura se disparan como una metralla.

Fue así que logró que la «mierda» se fuera transformando en algo inodoro e insípido, mientras que la palabra «nabo» se pareció más a una bala golpeando entre ceja y ceja.

 

Encuentros y desencuentros

Ahora Mujica, con la responsabilidad de ser el líder del sector más votado del FA, puede llegar a dejar el Consejo de Ministros. Seamos sinceros: en el acierto o en el error Mujica no está profundamente enamorado de la actual orientación del gobierno   «este gobierno me duele», le dijo a Brecha-, aunque va a ser un celoso custodio de su permanencia y de su desarrollo.

Su malestar no es sólo por el problema del endeudamiento, sino por un conjunto de temas y de problemas que hacen al Uruguay productivo, que no son encarados desde su sensibilidad y desde sus objetivos, pero sabe que sólo se puede construir un futuro progresista si la izquierda sigue por un período más de gobierno.

Con el Pepe se puede discrepar en muchas cosas. No creo, por ejemplo, que el consumismo sea el problema determinante en nuestra sociedad, porque el capitalismo sólo se desarrolla con el consumo, entre otras cosas porque de esa forma se concreta, en su etapa última, la realización de la plusvalía. No comparto la filosofía de vida del consumismo, que es una patología del consumo, pero tampoco la «vietnamización» de la vida, que es una desviación de la austeridad

Habría que profundizar más sobre cuáles son las fuerzas sociales del cambio para el MPP, para así entender más sobre la composición de la concertación que propone junto a Eduardo Bonomi.

Mujica es, en mi opinión, demasiado optimista en torno al papel subjetivo que juegan los productores del campo en una estrategia de cambio, como también del lugar objetivo que ocupan hoy en la economía.

Extraña, también, que en su discurso no esté bien identificado el papel del estudiantado y del pensamiento, cuando el viejo líder tupamaro es un creyente practicante del papel de la ciencia y de la tecnología. La explosión estudiantil chilena es un dato de que las nuevas generaciones irrumpen con su impronta en determinadas condiciones históricas, como ocurrió por estas tierras en 1958 y 1968.

Su mayor contribución en estos días ha sido la propuesta de construir «poder nacional» para poder navegar en medio de la globalización, pero que para el ministro Danilo Astori es impensable sin la inversión extranjera porque de otra manera la propuesta se estaría colocando muy cerca de la «albanización» del Uruguay.

Quizás el alcance de la estrategia de la construcción del «poder nacional» no se entienda en profundidad porque aún tiene en el debe la autocrítica de por qué el MPP se opuso a la creación del Encuentro Progresista, cuando las «culebras» del 1994 eran mucho menos «culebras» que las de 2004. Por eso sus formulaciones suenan, en algunos oídos desconfiados, como parte de un discurso electoral.

 

Dejar no es irse

Hasta ahora hemos dicho que Mujica «dejaría» el Ministerio, pero no hemos afirmado que Mujica se va. Cuando estuvo enfermo un adversario leal, Alejandro Atchugarry, le dijo que su lugar no estaba en un Ministerio y que le iba a pasar lo mismo que al Ché Guevara, quien fue presidente del Banco Central de Cuba y que un día lo dejó por otras emociones. El Pepe no se va ni a la casa, ni a la mierda. No está descartado a que aspire a ser candidato a la Presidencia de la República o que algunos, como lo adelantara LA REPUBLICA hace meses, lo propongan como presidente del FA. Elija el escenario que elija   ministro, gurú, senador, líder sectorial, presidente del FA, candidato a la Presidencia – , el Pepe tiene rosca y para rato. Para rato. Por eso no se va. *

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