Senador Couriel: "Yo no hubiera dejado bajar el tipo de cambio así"
-Usted tiene una amplia especialización en economía y yo siento que, más allá de las opiniones, de la parte subjetiva, a la ciudadanía le hace falta entender mejor algunos aspectos de dos temas fundamentales. Y por eso esta entrevista. Vamos al primer tema: si yo le digo «tratado de libre comercio con Estados Unidos», ¿usted me contesta sí o no y por qué?
-Primero, el mercado norteamericano es el más apetecible del mundo. Tamaño de mercado, nivel de ingresos, dinamismo -Estados Unidos crece más que Europa, aunque no más que China-, entonces todo el mundo le quiere vender. El Sudeste asiático avanza sobre la base de haberle exportado a Estados Unidos. China tiene un brutal superávit comercial con Estados Unidos. Entonces, yo también le quiero vender…
-Suena muy lógico…
-Segundo elemento: Estados Unidos tiene un formato de TLC que es el que está negociando con otros países de América Latina. Es un formato clásico, de carácter global y abarca más del noventa por ciento del intercambio de bienes y servicios. Por lo tanto, ahí entra todo. Y el tema es que los subsidios agrícolas son clave y estos subsidios ahí no entran. Subsidios agrícolas a las exportaciones de los Estados Unidos, que afecta la exportación de lácteos a México porque le venden subsidiado a México, y afecta la exportación de arroz a Brasil, porque hacen lo mismo, o subsidios a la producción doméstica que hace que no podamos entrar al mercado norteamericano y además bajan los precios. ¿Cómo hago yo un TLC, que me abarca más del noventa por ciento de los rubros del intercambio, si Estados Unidos va a decir «mire, subsidios no, porque es un tema de la Organización Mundial de Comercio»? Sólo por eso yo no puedo hacer un TLC. Puedo agregar más elementos. En este momento Estados Unidos está haciendo tratados que incorporan temas que el mundo desarrollado no permite que se discutan más en la OMC. Por ejemplo, los temas de Singapur, normas de competencia, compras gubernamentales. Y, de pronto, no lo sé, pero liberación de servicios y las normas de competencia empiezan a comprometer algunos monopolios de los servicios públicos. Entonces, digo: si no entran subsidios agrícolas y además voy a tener enorme dificultad con los 300 rubros sencillos donde textiles, carnes y lácteos, que tienen que tener consulta del parlamento norteamericano porque si no quedan afuera, no me meto en este negocio. No es momento de TLC. Además, se necesita, por parte del Mercosur, autorización, como se tuvo que pedir para el tratado con México…
-Y eso puede no ser sencillo…
-No sólo no es sencillo, sino que a veces pienso que si me dieran la autorización genero una herida en el Mercosur muy grande. Y el Mercosur y la integración latinoamericana, para mí, son elementos estratégicos. Estamos en un mundo de bloques. O yo estoy en el bloque latinoamericano o no tengo bloque. Solo en este mundo no puedo caminar.
-Permítame otra pregunta que se hace el ciudadano común. A mí me resulta clara su argumentación. Pero si es así, ¿por qué aparece la posibilidad de un TLC en el escenario nacional en este momento?
-Habría que preguntárselo a los que lo están planteando, no a mí. Yo sí soy partidario de negociar con Estados Unidos. Por ejemplo, Estados Unidos hizo actas especiales y le otorgó concesiones unilaterales al Pacto Andino. Claro, en el Pacto Andino está el tema de las drogas; de pronto ahí viene la contraparte ¿no? Yo no tengo ningún inconveniente: si me hacen una concesión unilateral, busco algún mecanismo de lavado de dinero, de narcotráfico que pasa por el Uruguay…
-Claro, que la potencia grande sienta que tiene una contraparte…
-Sí, que tiene una contraparte. O un acuerdo sectorial. A mí me importa mucho aumentar la cuota de carne. Y vamos a hablar claro: estamos vendiendo mucha carne, está fenómeno, pero eso tiene que ver con la vaca loca de Canadá, con la aftosa de la Argentina, con la aftosa de Brasil…habría que ver, sin eso, cuánto estaríamos vendiendo. Pero si a mí me dan un aumento de la cuota de carne, fantástico. Y si me mejoran los textiles, fantástico. No sé que me van a pedir. Ahí tendré que ver. Pero el TLC, no.
Ampliación del comercio
-Pero usted sí participa de la ampliación de los horizontes comerciales. No quedarnos encerrados en el bloque. Venderle a China, a los asiáticos, a los árabes…
-Eso no está en discusión. El Mercosur se creó para vender no los rubros de recursos naturales clásicos que vendo en el mundo desarrollado, sino para penetrar con artículos con más contenido tecnológico, más industrializados y desde allí ser plataforma para exportarle al resto del mundo. Pero mientras tanto, la inserción internacional tiene que tener una diversificación de destino. El día que no la tuvo, vamos a hablarlo claro, fue en 1997 y 1998, cuando el cincuenta y tres por ciento de las exportaciones fueron al Mercosur. ¿Sabe por qué? Porque Brasil tenía atraso cambiario con su Plan Real, Argentina con su Ley de Convertibilidad tenía atraso cambiario y Uruguay tenía atraso cambiario. Entonces, los tres países tenían dificultades para exportar al resto del mundo por ese atraso cambiario. Ese momento es el marketing del Mercosur y se multiplican las relaciones comerciales internas en el bloque; pero tiene que ver con la política cambiaria. El día que Brasil rompió el atraso cambiario en el 99 y se desnudó los atrasos cambiarios de Argentina y Uruguay, el Mercosur entró en dificultades. Es muy claro. Pero nunca hubo una intención de concentrar todos los esfuerzos en la exclusividad del Mercosur. No. Tenemos que tener la máxima diversificación en destinos, pero también tenemos que tener la máxima diversificación en origen. Yo no puedo ser sobreexportador de recursos naturales. El mundo desarrollado vende artículos con el mayor valor agregado, con el mayor contenido tecnológico, es el mundo del conocimiento, el mundo donde el progreso técnico y las innovaciones varían semanalmente. El largo plazo para estos temas son seis meses. Entonces yo tengo que estar al día. La integración también me puede ayudar. Capaz que mi futuro industrial está en la complementación con Brasil y Argentina. Dicho hoy parece una utopía, pero es el camino estratégico que tenemos que llevar adelante.
-Hace poco, en un reportaje con el presidente de Ancap, hablando de las estrategias para resolver el problema energético, quedó en evidencia la potencialidad de los acuerdos con Venezuela. Y está bien. Pero no habría que dejar de mirar al Mercosur: Lula acaba de anunciar que en poco tiempo Brasil se convertirá en la mayor potencia energética del mundo. Y entonces aparecen las estabilidades políticas: hoy está Chávez en Venezuela, ¿y si mañana no está, los acuerdos se mantienen? En cambio, con Brasil ya estamos atados de otra manera.
-Yo ahí también hablo de diversificación. Brasil nos puede ayudar mucho. Y si Venezuela nos está ayudando mucho ahora, no hay que perder esa oportunidad. Además, somos economías más complementarias con Venezuela. Con Argentina y con Brasil exportamos rubros relativamente similares, con Venezuela no. Entonces a Venezuela yo entro con una cantidad de rubros con los que no entro en la región. Aprovechémoslo. Además, Venezuela está haciendo muchos esfuerzos en Uruguay: el acuerdo de la compra de petróleo, la cuestión del cemento, el azúcar para alcohol, los trabajos para el Hospital de Clínicas, cosas muy provechosas que no las podemos dejar de lado.
-Ahora, ¿sería
un aporte la famosa integración como miembro pleno de Venezuela al Mercosur?
-Yo creo que va a llevar mucho tiempo para que Venezuela cumpla con los requisitos de socio pleno. Ellos tienen controles de importaciones, tienen aranceles, no es sencillo. Yo creo que hay un objetivo político, una expectativa, pero los elementos técnicos para una Unión Aduanera como es, un poquito perforada, el Mercosur, requieren mucho tiempo.
El efecto Chile y todo lo otro
-Usted sabe que en el imaginario colectivo está muy presente el «efecto Chile». Algo así como «nosotros tenemos que hacer la de Chile». Me gustaría saber si eso es posible, si es tan sencillo y aun si es conveniente.
-Primero, hay una cosa por la cual yo critiqué al Fondo Monetario Internacional toda mi vida. Ellos no ven diferencias entre los países, no ven las especificidades y después las recetas son iguales para todos. Chile exporta otras cosas. Exporta cobre. Mire sus exportaciones a China, al sudeste asiático, a Estados Unidos. En estos dos últimos años, aunque Chile no hubiera tenido un TLC, hubiese exportado lo mismo. Porque es cobre, y en estos momentos que el cobre en vez de estar a setenta centavos está a tres dólares, bueno, Chile tiene un superávit fiscal brutal, no sabe qué hacer con tantos ingresos. Entonces, allí hay una diferencia sustantiva entre el modelo chileno y el modelo uruguayo porque a Chile no le afectan los subsidios agrícolas, le afectan a Uruguay.
-Claro, el tema pasa por cuestiones muy específicas de la economía de cada país.
-Las especificidades, sí. Los elementos de estructura, Ahora, probablemente Chile tiene algo que nosotros todavía no tenemos, que es la capacidad de sus empresarios. No es poca cosa. Yo creo que los empresarios uruguayos, todavía, son muy dependientes de los favores del Estado, rentistas, poco innovadores, poco preocupados por los avances tecnológicos. No es casualidad que haya poco vínculo entre el sector empresarial y los investigadores de ciencia y tecnología universitarios. Y yo creo que ahí hay otra diferencia muy importante.
-Volviendo al tema de la expansión comercial, viendo las cosas como hoy están, ¿podemos abrir el comercio tanto como parece conveniente?
-En la década del 90, durante el gobierno del Partido Nacional, se cometió un grave error. Ellos hablaban de la apertura y eliminaron y rebajaron sustancialmente aranceles, no con respecto al Mercosur, que ya estaba acordado, sino con terceros países, y atrasaron el tipo de cambio. El tipo de cambio subió por debajo de la inflación. Hubo una doble desprotección: la arancelaria y la cambiaria, simultáneamente. Cuando Chile bajó los aranceles, subió el tipo de cambio. Esto es elemental de los textos de economía, pero tal vez los economistas del Partido Nacional no los leyeron o se distrajeron. La economía uruguaya es muy abierta. Yo no tengo nada que abrir. No tengo cuotas, contingentamiento, parancelarias, tengo aranceles relativamente bajos y fijados por el Mercosur. Ya está abierta la economía. Y ahora algo muy importante: en 2005 y 2006 Brasil tiene un brutal superávit de balanza comercial, elevó enormemente las reservas y con eso le pagó al Fondo. Argentina tiene un brutal superávit de balanza comercial, aumentó las reservas y con eso le pagó al Fondo. Chile está en lo mismo. Uruguay no, Uruguay tiene déficit de balanza comercial. Estamos aumentando mucho las exportaciones, y bienvenido sea, pero las importaciones están creciendo mucho más, a lo cual ayuda un cambio relativamente barato.
El tipo de cambio
-Precisamente, ¿en esta apertura deberíamos facilitar más las exportaciones? Porque si es así, me parece que el tipo de cambio tiene mucho que ver.
-Tiene. En realidad, el tipo de cambio no está tan atrasado como en la década del 90. Pero tenemos atraso cambiario con Argentina que está creciendo al nuevo por ciento. Esto afecta las relaciones comerciales, afecta al turismo y afecta a los exportadores que venden las mismas cosas que Argentina: textiles, lanas. Tenemos la suerte de que ahora Argentina no exporta carne, porque si no agregaríamos otro problema.
-Pero eso es coyuntural…
-Es coyuntural, pero tengo atraso cambiario con Argentina y lo tengo que resolver. No lo tengo con Brasil, tampoco con Estados Unidos y Europa, donde el euro se estuvo apreciando. Yo creo que lo grave es que durante un año y medio, desde enero de 2003 hasta julio de 2004, el tipo de cambio estaba a 28, 29, 30. Entonces, si yo soy un inversor, hago un negocio de exportación, y digo a 28 ó 30, es una cosa. Pero a 24, no lo hago. Nunca se pudieron imaginar que el tipo de cambio bajara de 30 a 24, es un veinte por ciento. Yo creo que eso afecta la competitividad de las exportaciones y afecta a la producción interna que tiene dificultad para competir con los productos importados. Yo no hubiera dejado bajar el tipo de cambio así, no lo hubiera dejado.
-Con esta línea de razonamiento, la pregunta de un hombre de la calle sería si esto que está ocurriendo, que para usted no es saludable, es por una decisión consciente de las autoridades económicas o producto de circunstancias que no han podido o sabido manejar.
-El gobierno se ha fijado dos objetivos centrales, acordados con el FMI: primero, alcanzar un superávit primario en las cuentas públicas para asegurar el pago de los intereses de la deuda en moneda extranjera; y el segundo es controlar la inflación. Si yo tengo un tipo de cambio bajo, los pesos que necesito para comprar dólares para pagar intereses son menos. Estoy gastando menos y el tipo de cambio me está ayudando a lograr el superávit primario. El equipo económico ha dicho que quiere bajar la deuda del noventa por ciento del producto al sesenta por ciento. La deuda está en moneda extranjera, es el denominador; el producto se mide en moneda nacional, lo tengo que pasar a dólares. Si el producto lo divido por un tipo de cambio de 30, el producto es menor; si lo divido por 23 es mucho mayor. Cuanto más bajo el tipo de cambio, más alto el producto en dólares y más bajo el coeficiente de deuda sobre producto. Es como una imagen, un artificio de demostración de imagen en el mercado financiero internacional de que la deuda baja al sesenta por ciento, que es el límite que fijó la Unión Europea en Maastricht. El otro elemento para explicar el tipo de cambio bajo, es que el tipo de cambio influye mucho sobre la inflación, sobre todo si tengo devaluaciones abruptas. Yo creo que hay una política de no subir el tipo de cambio a la luz de que los dos objetivos primarios son el superávit fiscal y contener la inflación. En cambio, yo creo que la política cambiaria tiene que servir para la competitividad y para la protección de la producción interna.
-Ahora, si la disparidad que hoy se plantea con Argentina mañana se da con otros países en la región, ¿esto es sostenible?
-Es una vieja discusión. Yo voy a confesar errores míos. Cuando Cavallo fijó la paridad uno por uno, yo dije «no dura mucho tiempo». Me equivoqué. Duró once años. Por tanto es difícil dar una respuesta exacta a hipótesis. No las hay. Cuando Brasil devalúa en enero de 1999, yo dije «es imposible que Uruguay se pueda mantener». Ahí salió el presidente Sanguinetti a decir «no, no tiene ningún efecto». El presidente del Banco Central dijo «enseguida va a haber inflación en Brasil». Pero Brasil no es Uruguay y no hubo inflación con esa devaluación. Sanguinetti dijo «acá no tiene repercusión», pero, claro, él estaba mirando el sistema financiero. El Partido Colorado estaba preocupado de la plaza bancaria. No había fuga de capitales, nadie salÃ
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