La columna de Sherlock
* La Contaduría de la Nación y la competencia del Tribunal de Cuentas
Sherlock sabía del malestar existente entre ministros del Tribunal de Cuentas ante el recorte de atribuciones de ese organismo establecido en la última Ley de Presupuesto, en un artículo considerado «inconstitucional», que le otorga a la Contaduría de la Nación funciones de «ordenador del gasto». Por ello se dirigió, como todos los viernes al mediodía –antes de su almuerzo en la Corte– al tradicional Café Brasilero, donde se había convocado a una «alta fuente» del organismo de contralor. Y al llegar el periodista, allí estaba el hombre.
-¿Cómo le va mi amigo? dijo Sherlock.
-Regular, porque la bronca en el Tribunal de Cuentas es sorda, pero también muda.
-¿Qué quiere decir?
-Es que por un artículo, que debe ser inconstitucional como muchos sostienen, se prioriza la acción de la Contaduría de la Nación, que ahora no solo controla el gasto, sino que lo ordena.
-¿Qué quiere decir?
-Cuando actúa el Tribunal de Cuentas lo que hace es determinar si está todo correcto, si se tienen fondos o no, si legalmente es impecable la gestión, pero de ninguna manera se inmiscuye en la decisión de los jerarcas que proponen el gasto. Sin embargo la Contaduría de la Nación, dependencia del Ministerio de Economía, establece la «oportunidad» del gasto. Un organismo puede tener fondos suficientes, estar correcto todo, pero a Economía le puede parecer que en este momento no corresponde que UTE –por ejemplo– compre bombitas de luz, y puede decidir que no se haga un llamado a licitación, o una compra directa.
-Pero eso puede hacerse.
-Por ello se sostiene que esa disposición establecida en la Ley de Presupuesto es inconstitucional, que no corresponde. Pero igual se está aplicando, pese a las protestas se aplica y chau.
-Lo que aparece como toda una nueva modalidad de trabajo en algunos sectores de gobierno. ¿No le parece?
-Claro. *
* Más sobre el Tribunal de Cuentas: un reloj digital
-Parece que en el Tribunal de Cuentas han colocado un reloj digital para controlar el ingreso y la salida de los funcionarios. -Siguió Sherlock la conversación con su informante en el Café Brasileño.
-Es así. Es que había muchas transgresiones al cumplimiento de los horarios. Mejor dicho, un despiporre total, incumplimientos, tipos que se iban y que llegaban a cualquier hora, además de disposiciones absurdas que dan facilidades enormes a algunos. Las oficinas públicas, en ocasiones, parecen grandes depósitos de becarios que no hacen nada.
-¿Es para tanto?
-Fíjese que los abogados que revistan en el Tribunal tienen un régimen especial de cinco horas y media de trabajo y además, por supuesto, descuentan de las mismas las horas que le pueden insumir las gestiones en juzgados, etc.
-Un régimen más que livianito… ¿Verdad?
-Ultraleve, a decir de uno de los ministros del Tribunal.
-¿Y?
-Además esas horas de que son eximidos, se obtienen con una simple boletita que le firman a los directores, las que no son nunca controladas. No se conoce ningún caso en que se haya investigado si es verdad que el abogado tal o cual concurrió a un juzgado el día tal o cual. Es todo de confianza y esta es la que liquida el orden interno, pues muchos funcionarios saben muy bien que muchos de estos profesionales están en otras cosas y no cumpliendo tareas fuera del Tribunal para el propio Tribunal.
-¿Entonces? ¿Por qué el reloj digital?
-Bueno, el reloj digital es para tratar de solucionar otros de los problemas que ahí se verifican, que es el venir a cualquier hora, no cumplir los horarios, salir antes, etc. El reloj digital está directamente conectado con la contaduría y, por supuesto, las diferencias de horario se computan de inmediato.
-Habrá oleada de tipos furiosos.
-Claro, de funcionar correctamente el reloj digital, muchos funcionarios deberán amoldarse a las normas, ya que deben estampar su huella digital a la hora precisa a la entrada y a la salida.
-Pero, ¿y la regalía a los abogados?
-Eso es distinto. Además sobre este punto hay más, porque los contadores, que son muchos en el Tribunal, quieren sumarse a la misma. Están reclamando un régimen horario similar al de los abogados. ¿Qué me dice?
-Estoy estupefacto. *
* Los «deudores contumaces», un tema que sigue sin resolverse
-¿Qué pasa con los deudores contumaces? ¿No se iba a publicar el listado?
-Bueno, parece que se siguen haciendo consideraciones al respecto. Es que entre estos deudores hay todo tipo de casos, entre los que no pagan porque son realmente «contumaces», hasta los que están en una situación desesperante y por años no han podido salir del pozo, siempre al borde del abismo.
-Entonces, ¿hay contumaces y contumaces?
-Claro. Hay gente que pagó sus deudas vendiendo, ¡es increíble!, rodeos o campos que estaban embargados, hay otros que hicieron lo mismo, pero que no pagaron nada. En algunos casos ha habido juicios y los responsables están presos, en otros casos no.
-¿Entonces?
-Que todo es complejo. A mí me parece muy bien que se publique, por ejemplo, quiénes se han enriquecido durante años con el mecanismo del no pago de los créditos al Banco de la República, pero paralelamente habría que determinar las responsabilidades de quienes reiteraron los créditos, una y otra vez, sin analizar los antecedentes. Como usted sabe en nuestro país durante años hubo una industria del no pago. Se recibía el crédito para maquinaria que terminaba en una 4×4. Pero me parecería mal que ello se utilizara contra todos los morosos, porque no todos los llamados «contumaces» han llegado a serlo por las mismas razones.
-Con ese razonamiento no se va a ningún lado. Porque, seguramente, los peores son los que más deben presionar para que todo siga igual y que el presidente del Banco República siga dando largas a la publicación de un listado que había sido prometida.
-Y bueno, una cosa es estar en el llano y otra gobernar. Cuando se desatan los intereses y las presiones las cosas se vuelven complicadas, mucho más de lo que se espera. ¿No le parece?
-Por supuesto, pero las promesas que coinciden con las buenas políticas hay que cumplirlas.
-En eso tiene razón. *
* Menos mal: «los cajetillas» de Pocitos eran los de Carrasco
-Al Pepe Mujica se le fueron las palabras… Es un tipo vehemente, directo y allí, cuando expresó su discrepancia con Astori sobre el tema del endeudamiento, se le fueron las palabras.
-¿Qué quiere decir?
-Al parecer quiso referirse a los «cajetillas» de Carrasco, para señalar a un tipo humano de gente que vive de «arriba», mayoritariamente de rentas, que no trabaja. Si uno busca en el diccionario la palabra «cajetilla», se encuentra con pocas definiciones, una de ellas, la más ajustada, «se dice del personaje del interior que viene a la ciudad y trata de ostentar su riqueza». Otra, la dada por el Larousse, es «el elegante porteño» ¿Qué significará para Mujica?
-Yo no sé lo que significa, pero lo bueno es su aclaración, que no se refirió a los «cajetillas» de Pocitos, sino a los de Carrasco. Pero de las dos definiciones de los diccionarios, me inclino por la primera.
-¿Y el cambió de barrio?
-Creo que está bien la precisión del Pepe, pese a que muchos frenteamplistas de aquel barrio también se ofendieron. El, desde que volvió del encuentro de filósofos en que participó en Río de Janeiro, tiene decidido ser más preciso en sus definiciones.
-Ahhh.
-Por eso lo de la aclaración. *
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