Ahora, la Justicia tiene la palabra

Escuché, con estupor, las declaraciones del teniente general (r) Gregorio Alvarez. ¡Qué triste!; ¡qué repudiable! Me pareció un pobre mozo, que se ampara en la prepotencia.

La mayor ofensa sería para los militares que piensan distinto, y que son enchastrados por semejante actitud.

Por supuesto que no apruebo el asesinato de los soldados que estaban en el jeep, aunque tal vez, nunca será aclarado, como tantas cosas, ¿qué pasó con Trabal? ¿Quiénes lo mataron? ¿Acaso comandos de armas?

Aunque nunca estuve muy cerca de ellos, pienso que un ejemplo sería el del general Angel Bertolotti.

Si estoy en lo cierto, mi respeto. Todavía no se aplacó el repudio de la comunidad internacional.

Tuve en mi poder una foto de Wilson sentado en el búnker del déspota Somoza, de Nicaragua, al dorso, viene una reflexión sobre los «militares uruguayos». Decía Wilson, a fines de los setenta: «Parece evidente que el Ejército uruguayo tiene que saber que nunca hubo una dictadura militar que durase mucho. Y por ello mismo, tendrá que enfrentar con coraje su tremendo dilema de hoy: correr la suerte de los ejércitos que desaparecen cuando son derrotados por su propio pueblo, o elegir el limpio camino histórico del sometimiento a la voluntad popular». Me desprendí sin pesar de este testimonio este domingo pasado que muestra a su pueblo de pie. El Gral. Raymúndez, ¿no anduvo buscando interlocutores…?

La época de la violencia fue muy dura para los dos bandos, quienes la promovieron, afrontaron las consecuencias y se reintegraron a la vida institucional.

Cuando irrumpe en la sociedad uruguaya esta resaca, cobarde, de odio ¿qué nos queda por hacer y para qué?

¿Acaso callar? o hacerles sentir que las armas los envalentonan, que carecen de representación, y el pueblo ya les ha sentenciado, por lo que son, y lo que hicieron.

Ahora, la Justicia tiene la palabra, la prepotencia, es para los mediocres y jodidos.

Wilson fue un líder político, un luchador, ahí en ese mensaje que se distribuyó entre sus compatriotas lanza el alerta, como se hizo con tantas grabaciones clandestinas, porque Wilson nunca huyó, se fue para hablar en voz alta de lo que pasaba en el «paisito».

Por supuesto no estuvo sólo, grandes blancos como Carlos Julio, fueron muy lejos para que estuviera informado y permitirle creer que su pueblo podía ganarle un plebiscito a la dictadura con el triunfo histórico del NO, algo increíble para el mundo. Otros «blancos» estaban en «esperar» cenar con quienes los llevaron presos, acaso una forma de «convivir» sin tantos riesgos, prefiero evocarlo en el Dr. Lorenzo Ríos, también gravemente enfermo, uno de los oradores del Cine Cordón. El Cacho López Balestra, convirtió su farmacia en un baluarte clandestino. *

(*) Ex senador del Partido Nacional.

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