A treinta años del asesinato de Zelmar y Toba, la impunidad sigue vigente en Uruguay

Marcha del Silencio: que la verdad sea la primera expresión de justicia

Se transitará en silencio desde Rivera y Jackson hasta la Plaza Libertad. La proclama señala confianza en continuar la búsqueda de desaparecidos y exige respuestas sobre el "segundo vuelo" de Orletti. Es la segunda marcha desde la asunción del gobierno de Tabaré Vázquez.

Sábado 20 de mayo de 2006 | 3:53
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La decimoprimera Marcha del Silencio, convocada por la organización de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, se realizará hoy desde las 19.00 horas, al cumplirse treinta años del asesinato de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz en Buenos Aires.

Bajo la consigna “Basta de Impunidad, Justicia para los crímenes de Lesa Humanidad”, la marcha partirá desde la esquina de Rivera y Jackson y transitará en silencio por la avenida 18 de Julio hasta la Plaza Libertad, donde se leerá una proclama que subraya la necesidad de llegar a la verdad en derechos humanos.

“Son tiempos de lucha por Verdad y Justicia; pero no la verdad a medias sino toda la verdad. La verdad será la primera expresión de justicia”, dice la proclama, que destaca el hallazgo de los cuerpos de Ubagesner Chaves sosa y Fernando Miranda, pero señala que falta hallar los de otros 200 desaparecidos.

La proclama señala su confianza en que el actual Poder Ejecutivo continuará laborando nuevas líneas de investigación para la búsqueda de los restos y la aparición de archivos de la dictadura y exige respuestas a la confesión de la Fuerza Aérea sobre la existencia del “segundo vuelo” de Orletti en 1976.

El documento de los familiares de los uruguayos desaparecidos se pronuncia a favor de la extradición de un grupo de militares y policías requeridos por la Justicia argentina, y adelanta que se continuará impulsando juicios en Uruguay para lograr justicia, construir memoria y hacer efectivo el Nunca Más.

La Marcha del Silencio, iniciada en 1995, coincide cada año con la fecha del asesinato de los ex parlamentarios Michelini y Gutiérrez Ruiz, cuyos cuerpos aparecieron junto a los de los tupamaros Rosario Barredo y William Whitelaw en Argentina, en forma simultánea a la desaparición del comunista Manuel Liberoff.

 

“Cuatro sospechosos”

Sobre las 21.00 horas del 21 de mayo de 1976, el agente Carlos Washington Giménez de la Policía Federal argentina escuchó en el radio de su patrullero un llamado para la Avenida Perino Moreno y Dellepiane, donde había “un automóvil con cuatro personas en actitud sospechosa en su interior”.

Giménez llegó al lugar y encontró un coche Torino sin matrícula. No se veía a nadie en su interior. Al acercarse, encontró el cuerpo de Zelmar Michelini, muerto, en el asiento trasero. En la valija del automóvil estaban los cuerpos sin vida de Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw.

Treinta años después de aquel hallazgo, sigue siendo un misterio sin resolver la contradictoria orden del comando policial a sus patrulleros. Se desconoce quién hizo aquella denuncia, y si las cuatro personas “sospechosas” eran quienes luego aparecieron muertos o, en realidad, se trataba de sus asesinos.

La anécdota sobre cómo fueron encontrados los cuerpos de los cuatro uruguayos asesinados, fue conocida hace ya diez años en un informe que entonces publicó la revista Posdata. Desde entonces, poco más se ha podido saber de aquel homicidio múltiple que marcó la historia del Uruguay.

El 24 de marzo de aquel año, las fuerzas armadas argentinas habían dado un golpe de Estado que las sumaba formalmente a los gobiernos dictatoriales que ya se habían instalado en Brasil, Paraguay, Chile y Uruguay. El derrocamiento de Isabel Perón era un formalismo, ya que la represión había empezado antes.

Los asesinatos y desapariciones que hasta ese día habían sido adjudicados a grupos paramilitares como la Asociación Anticomunista Argentina (Triple A) pasaron a ser crímenes de un Estado que cooperaba desde hacía tiempo con las dictaduras vecinas. La represión sólo se institucionalizaba.

 

Cinco secuestrados

En la madrugada porteña de aquel martes 18 de mayo, Día del Ejército en Uruguay, un grupo de siete u ocho personas entró por la fuerza al apartamento del cuarto piso de Posadas 1011, en el que el Gutiérrez Ruiz y su familia vivían. Quienes le detuvieron dijeron ser de organismos de seguridad argentinos.

Dos horas más tarde, otro grupo de 15 hombres armados secuestró a Zelmar Michelini de su cuarto del Hotel Liberty, en Corrientes y Florida. Al igual que en la casa del Toba, robaron todo lo que les pareció de valor, incluso una máquina de escribir que luego sería reconocida en el taller Automotores Orletti.

Ese mismo día se habría instrumentado un procedimiento similar al sufrido por los dos legisladores, en un intento de secuestrar al líder blanco Wilson Ferreira Aldunate, quien alertado abandonó la casa campestre en la que se encontraba y sólo una semana después debería asilarse en una embajada.

Dos días después, a las 2.30 horas del 20 de mayo, otro operativo similar se produjo en la casa que el doctor Manuel Liberoff habitaba en la avenida San Martín 2610. A su casa ingresó una veintena de individuos vestidos de particular y armados. Algunos de ellos tenían acento uruguayo.

Días antes, también habían sido secuestrados los militantes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, Rosario Barredo y William Whitelaw. Un testimonio los ubica en una unidad de la Policía Federal argentina antes de ser entregados a un oficial del Ejército.

Michelini, Gutiérrez Ruiz, Barredo y Whitelaw, aparecieron asesinados dentro de un auto el 21 de mayo. Liberoff, que estaba convaleciente de una operación de cáncer, continúa desaparecido. Wilson Ferreira sobrevivió para escribir una carta en la que responsabilizó de lo ocurrido al dictador Jorge Videla.

 

Los días después

Aunque en Montevideo existía una férrea censura por parte del régimen dictatorial de Juan María Bordaberry, los diarios de la época llegaron a informar sobre el hallazgo de los cuerpos de los dos legisladores exiliados, aunque el perfil informativo evidenciaba la mano de los censores.

“Habrían sido asesinados por el ERP, Michelini y Gutiérrez Ruiz”, rezaba El Diario, que reproducía el comunicado oficial de la Policía argentina en el que se vinculaba el crimen a panfletos “de una organización subversiva que se atribuía los “‘ajusticiamientos’”. El ERP desmintió la acusación un día después.

Un comunicado de las Fuerzas Conjuntas llegó a advertir el 25 de mayo que con fecha 7 de setiembre de 1973, Gutiérrez Ruiz había sido requerido por la Justicia como el “sedicioso Nº 781″. La dictadura intentaba desvincular al Toba de la militancia del Partido Nacional. Diez años después del crimen, el Partido Nacional presentó en el Parlamento la llamada Ley de Caducidad, en cuya exposición de motivos excluyó expresamente el caso de Zelmar y Toba. En marzo de 1989, el presidente Julio María Sanguinetti amparó el caso en esa Ley 15.484. En una comisión investigadora parlamentaria instalada luego de la dictadura, el senador Alberto Zumarán y el arzobispo monseñor José Gottardi coincidieron en un testimonio sobre que el doble asesinato había sido decidido en una votación del Estado Mayor Conjunto (Esmaco) de la dictadura.

Distintas versiones, no confirmadas, colocan al ex policía Hugo Campos Hermida, al ex militar Hugo Mattos y a un ex agente de inteligencia argentino, Willy Trimarchi, como partícipes del homicidio de Michelini y Gutiérrez Ruiz, pero la Justicia en Argentina y Uruguay aún no ha esclarecido el crimen. *

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