"El Club Naval en ningún momento dijo que no había que hacer justicia"
-¿Cómo está viendo la actual marcha del Uruguay?
– La estoy viendo con preocupación, porque noto que luego de los resultados últimos de las elecciones nacionales no ha cambiado el sistema de vida, ni la forma de comportarse las autoridades, ni la forma de corresponder al pueblo en las demandas de sus necesidades.
Esto muestra que hemos aprendido muy poco la lesión. Hoy la gente está en una actitud más crítica, negativa y ahora todo se centra en el revisionismo, como si con eso fuéramos a avanzar.
Desde luego que la justicia es la justicia, pero una cosa es hacer justicia y otra cosa es hacer apariencia de justicia. A nosotros lo que nos interesa es encontrar un pueblo calmo, en el sentido de ser reflexivo, sereno, analítico y por sobre todas las cosas dispuesto a enmendar y corregir todo aquello que sabe que no le sirve. Y a nuestro pueblo hay muchas cosas que no le sirven, por eso con dolor digo que lejos de ver un porvenir más abierto, más luminoso, más franco, veo con cierto pesar que todo se va frustrando.
– Cuando habla de revisionismo, ¿se está refiriendo al tema de los derechos humanos?
– Entre otras cosas, sí señor. Porque acá se revisa todo lo que no hay que revisar. Tenemos al que revisa un contenedor para ver qué consigue para comer, pero también el que revisa y juzga al prójimo, al que está enfrente, al hermano. Esa es una actitud de soberbia.
– ¿Usted cree que las detenciones a los militares son contrarias al espíritu de las negociaciones del Club Naval, de las cuales usted participó?
– El Club Naval, en ningún momento dijo que no había que hacer justicia: empecemos por ahí. Decir eso es hacerse eco de versiones de gente que no estuvo en esas negociaciones. El Club Naval dijo que sí, que le iba a dar al gobierno democrático los procedimientos y los métodos necesarios para que éste hiciera valer sus derechos. Y eso fue lo que se empezó a hacer. Primero se dejó libre a los que estaban en prisión, no solamente a los que estaban detenidos por causas políticas, sino incluso por delitos comunes. De ahí arrancamos con una serie de reacciones que lejos de poner claridad en el horizonte, fueron enturbiando cada día más las cosas.
Creo que hay que hacer justicia siempre, pero la justicia tiene dos parámetros. Uno es el que tiene que ejecutar un acto de bien, de beneficio común, de respeto y de consideración, de propiedad humana. Y otro es el acto donde se sobresalta a la zona de las reacciones enojosas, de las que tienen cierto envenenamiento y que lejos de calmarse y de procurar las mejores conquistas para el progreso de los pueblos, van comprometiendo el porvenir de los pueblos.
– ¿Quién cree que fue la personalidad más influyente en las negociaciones del Club Naval?
– Fue un esfuerzo colectivo, donde participaron las dos partes. Creo que hubo militares que actuaron con mucho honor. Debo reconocer la figura del teniente general Hugo Medina, que fue un hombre que facilitó mucho para que se concretara la salida de la dictadura. Pero también hubo otras personas bien inspiradas que se equivocaron. Y hubo otros que cometieron los errores propios de la condición humana. Creo que los partidos políticos tendrán que ver si lo que hicieron estuvo bien o no.
– ¿El Partido Nacional se equivocó al no participar de las conversaciones del Club Naval?
– Yo creo que sí, creo que estuvo ausente cuando debió estar presente. Estuvo en una condición muy especial que yo la respeto, que la tengo que mirar con cierta consideración y estima. Cuando el Partido Nacional dijo: «Mi jefe está preso, no puedo estar en las conversaciones», tuvo que haber visto que lo más importante era salir de la dictadura y eso no era fácil. Pero salir de la dictadura era un esfuerzo que tenía que darse. Por eso creo que fue un error.
– ¿Le parece bien que haya militares detenidos o cree que la búsqueda de los responsables de la violación de los derechos humanos es algo que hay que olvidar?
– Yo creo saber comprender y saber perdonar. El perdón también es un buen compañero, que no se debe dejar de lado. No puede haber lugar para reacciones calenturientas o de venganza, porque de esa forma no se avanza en la línea que corresponde. Sé que eso no es fácil. Comprendo que hay cosas que castigar y que reprimir, porque el delito merece una culpa, pero no una venganza. Una culpa sí, sin soberbia, sin envalentonamiento.
– ¿Cree que a la Ley de Caducidad hay que anularla o debe seguir vigente?
– Creo que cumplió su cometido, esa ley fue una necesidad del momento. Sirvió, ¿o no? Entiendo que sirvió. ¿Ahora queremos derogarla? La verdad que no sé con qué afán.
– Se habla de su anulación para que los violadores de los derechos humanos comparezcan ante los jueces. Para usted ¿esto no es conveniente?
– Esa es una idea que suena muy bonita, muy heroica, muy dignificante, pero sin embargo en la realidad la aplicación de esa medida tiene otras connotaciones.
– ¿Cuáles son?
– Son las connotaciones de la venganza, porque una cosa es la justicia y otra cosa es la venganza. El hombre que ha sido víctima de una injusticia tiene derecho a ser reivindicado y que se le restituyan aquellos derechos, aquellos bienes, que se le quitaron. Pero a la vez no tiene derecho a crear una vida conflictiva, una vida enojada, una vida fundada en las represiones.
– ¿Usted propone que haya justicia y perdón a la vez?
– Claro, porque yo sé perdonar. La condición humana está plena de errores, está también con una cantidad de cosas que no se cumplen como se debe. Todo tiene que estar hermanado con el perdón, porque sin perdón no viene lo otro.
– Para que haya perdón ¿no se tiene que conocer la verdad?
– ¿Qué es la verdad? Es muy lindo hablar de la verdad. Me gustaría saber cómo define el uruguayo de hoy el sentido estricto de lo que es verdad. La verdad, etimológicamente es una cosa, pero en la vida real es otra. Sabemos que desgraciadamente hay mucha apariencia, mucha falsedad, mucha forma de suponer valores que no son reales. Si no tenemos autenticidad, si no tenemos limpieza, si no tenemos una conducta sana, sincera, honesta, no es fácil hablar de verdad.
– Un hombre católico como es usted ¿ha hablado de estos temas con monseñor Cottugno o con Galimberti?
– Creo que con monseñor Cottugno me saludé dos veces en la vida, con monseñor Galimberti me veo más seguido, aunque hace tiempo que no lo he podido entrevistar, pero tengo un muy buen concepto de él.
– ¿Cree que es profunda la crisis de valores de la sociedad uruguaya?
– La actual situación la estoy viendo con pesar, con lástima, con preocupación. La crisis de valores tuvo que irse superando mucho antes de la crisis económica. Los valores morales, espirituales, las crisis en las conductas de los hombres, son mucho más difíciles de sobrellevar y de corregir. Veo que poco esfuerzo se hace en este sentido. *
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