"Siento sed de justicia, que no tiene nada que ver con el rencor ni con la venganza"
–Si dejamos a un lado que lo nuevo del Parlamento es que el Frente Amplio es la fuerza mayoritaria del país, ¿qué cambios detecta entre la política parlamentaria de hoy y la política de los comienzos de la década del 70?
–Es posible que tenga que ver con los tiempos, porque recuerdo la vida parlamentaria de ese período que fue muy cortito, apenas del 72 al 27 de junio de 1973, como algo muy intenso. Es que se estaba viviendo una crisis política económica y social muy profunda en el país y eso repercutía en la vida parlamentaria. Fue un tiempo de grandes debates políticos, cuyo centro era el Parlamento que era la caja de resonancia del sentir popular. Se llenaba de trabajadores el salón de Los Pasos Perdidos. Me acuerdo que era muy difícil transitar desde la Cámara de Diputados a la de Senadores, porque decenas de personas te abordaban.
Me parece que en estos tiempos ese centro de atención de la vida democrática del país se ha trasladado a los medios de comunicación. Tengo la impresión de que las cosas que pasan en el país se viven más en los medios que en otro lado. Esto lo digo positivamente, aunque los medios han sustituido a la asamblea y al Parlamento.
–Ahora, los parlamentarios comunistas estaban mucho fuera del Parlamento…
–Como diputado integré la Comisión de Legislación del Trabajo y en aquellos días no había un Ministerio de Trabajo que atendiera los conflictos. El Ministerio de Trabajo era muy distinto a lo que es hoy, que es un Ministerio de verdad. En aquellos años era nada. Los conflictos se atendían en el Parlamento y no en el Ministerio.
Yo vivía en las puertas de las fábricas. No se podía concebir que alguien tuviera la necesidad de ir al Parlamento a pedir una entrevista para conversar con nosotros.
También es verdad que éramos muy pocos (se ríe). En la bancada de la 1001 éramos cuatro diputados, lo que nos obligaba a multiplicar el esfuerzo. En esas condiciones no tenía sentido pasarse sentado dentro de las paredes del Palacio Legislativo.
–¿Qué debate recuerda especialmente?
–El que más impactó fue el relacionado con la declaración de Estado de Guerra interna y luego la Ley de Seguridad del Estado. Esos debates fueron definitorios, porque se estaban jugando las últimas cartas de la vida democrática del país.
Yo siempre tuve una relación muy abierta y estrecha con sectores del Partido Nacional, con quienes compartíamos muchas cosas. En el Parlamento de aquellos años estaba el Frente, que era una fuerza claramente opositora a los desbordes autoritarios, y había una oposición blanca liderada por Wilson (Ferreira) y Carlos Julio Pereyra que tenía muchos puntos de contacto con nosotros, había muchas cosas en común. Incluso existían contactos con el sector colorado de Amílcar Vasconcellos.
–En estos días se ha detenido a funcionarios militares y policiales vinculados con la violación de los derechos humanos. ¿Cómo está viviendo esto?
–Me está dando lástima que no los estemos juzgando acá, pero de todas maneras la Justicia se va abriendo paso: aquí o allá o donde sea.
–¿Turiansky siente rencor?
–No, para nada. No guardo rencor, pero me parece imprescindible, en un proceso de reparación de lo que ha sido el terrorismo de Estado, restablecer la justicia, restablecer el orden constitucional avasallado. ¿Cómo decirlo? Siento la sed de justicia, que no tiene nada que ver con el rencor ni con la venganza.
–En aquellos días ¿con qué legislador de la 1001 tenía un diálogo más frecuente?
–En el Parlamento, con Enrique Rodríguez nos veíamos poco porque él estaba en el Senado. Con Enrique nos veíamos en la vida del partido. El diálogo permanente era con (Rodney) Arismendi, que era el más experiente de todos nosotros, además de ser un tipo muy respetado. También era muy temido por su agudeza en la respuesta y en la polémica.
–Entre los diputados blancos y colorados ¿con quién dialogaba más?
–Como estaba vinculado a la Comisión de Legislación del Trabajo, recuerdo a Rocha Imaz como un legislador blanco con quien resolvíamos muchos problemas. En algún momento la relación fue con Giorello Abelenda que luego muere en un accidente desgraciado. Por el lado del Partido Colorado estaba el doctor Ache, que era un tipo muy particular, un diputado de la Lista 15 que estaba en esa comisión. Con él tuve una relación muy amistosa. Muchas veces ocurrió que ante algunos proyectos de ley que intentábamos sacar con los compañeros del Frente, contábamos con el apoyo de Rocha Imaz y de Ache, lo que nos permitía hacer mayoría en la comisión. Ache me decía: «Vos te vas a encargar de convencer a mis correligionarios».
–¿A qué ministro de Trabajo recuerda?
–(Silencio prolongado). Si digo la verdad, le tengo que decir que no me acuerdo. Es que no existían, eran nada. Las mediaciones de los conflictos las hacía la Comisión de Legislación del Trabajo. Nadie más.
–Turiansky fue dirigente sindical, dirigente político, parlamentario, pero también ingeniero de UTE. El país está otra vez con problemas de energía, por la falta de lluvias. ¿Cómo ve esta nueva crisis?
–Hace muchos años, pero hace muchos años, por lo menos 40, cuando comenzó todo el proceso de integración eléctrica, desde el sindicato estábamos de acuerdo con los procesos de integración energética y de las comunicaciones, pero entendíamos que un país como el nuestro tenía que resolver su autoabastecimiento. Entendíamos que era muy complicado depender de países vecinos, más cuando en esos años estábamos rodeados de dictaduras. Esa idea de la necesidad de autoabastecerse la sostuve siempre.
–¿Qué hay que hacer para autoabastecerse?
–Por los medios convencionales, porque no tenemos otra. Tenemos una capacidad hidroeléctrica casi saturada, porque aún quedan emprendimientos por hacer.
–¿Por ejemplo?
–Hay una posibilidad de ampliar la producción de Salto Grande, con un par de máquinas puestas aguas abajo. Hay un proyecto en ese sentido, así como la instalación de pequeñas represas. Recuerdo, de mi experiencia de vida en Cuba, las minihidráulicas para aprovechar pequeños cursos de agua.
Otra posibilidad es la generación térmica, utilizando las tecnologías más eficientes de la generación de la electricidad por vía térmica, con las centrales de ciclo combinado, que son proyectos que hace por lo menos 20 años que andan dando vueltas en el país y que no se terminan de concretar.
En los años de Lacalle, de Sanguinetti y de Batlle, se puso en marcha todo lo relacionado con el marco energético, aquel proyecto iniciado en el gobierno de Lacalle, concluido en el gobierno de Sanguinetti, por el cual se eliminaba el monopolio estatal en la generación y distribución de la energía eléctrica. La generación se pasaba a ofertarla a operadores privados. Pero no hubo ningún operador privado que ofreciese la instalación de una central de generación eléctrica en el país. Por eso UTE dejó de planificar obras. Hace muchos años que UTE no instala una sola máquina. Esto trae como consecuencia que cuando llega la sequía y aparecen también dificultades en Brasil y Argentina, no tenemos capacidad para resolver nuestro propio consumo. Si llueve estamos salvados, pero si no llueve tenemos estas dificultades.
Esto que se está haciendo ahora, que son las máquinas a gas que se van a instalar en San José, estaban proyectadas desde hace muchos años como unidades de ciclo combinado, que permitían obtener la máx
ima eficiencia, su máxima capacidad de transformación en electricidad. Claro que hay limitaciones que son las derivadas de las leyes de la termodinámica, pero dentro de eso la transformación del calor en electricidad se procura alcanzar lo máximo de eficiencia. Esto debería estar instalado desde hace muchísimo tiempo. Recuerdo que la UTE le reclamó al gobierno de Batlle la posibilidad de instalar esas unidades, pero como el gobierno estaba empeñado en entregar esa rama de la economía a capitales privados del exterior, no se autorizó la construcción de esas unidades. A UTE se le impidió licitar ampliaciones térmicas.
–¿Qué hay que hacer en lo inmediato?
–No hay otra que ahorrar. *
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