Cuestión existencial
Juan Costa, suplente de Sergio Botana (Alianza Nacional), protagonizó, con su intervención, lo que uno podría definir como la confesión de un problema existencial. Empezó reconociendo que había venido por un par de días se ve que Botana regresa pronto- y pasó a hablar de su familia: «Mi hijo me dijo: ‘papá, no pierdas la oportunidad, andá y decí algo, total, si nadie hace nada’ y fíjense cómo están los jóvenes, sin trabajo, sin futuro. Con mi mujer, una sacrificada maestra rural, no saben cómo trabajamos con los viejitos para que vayan a votar. Me entristece mucho todo esto». A partir de aquí, tal vez porque ya había dicho lo esencial, este hombre se entreveró bastante en las argumentaciones y perdió un poco, cómo decirlo, el hilo de la cuestión.
Recorrí con la mirada las barras, a ver si veía a la familia de Costa, quizás grabando lo que por fin se le permitía decir, pero no observé a nadie. Qué lástima.
No obstante, seguí ahora mirando la sala y comprobé que todavía tenemos un parlamento humanista (¡sigue dando criollos el tiempo!). Había algunos que conversaban, sí; había otros que hablaban por celular o caminaban, sí; y había alguna (ah, no te voy a deschavar todavía porque sos nueva) que leía un diario, sí; pero también había señores y señoras diputadas transidos por la emoción, tratando de seguir el rumbo que había tomado aquel diputado blanco tan conmovido.
Seguramente, jamás esperaron escuchar semejante disertación. *
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