Kirchner se niega a mediaciones y ahora su colega de Brasil lo apoya
Si esa calificación se centra en los acuerdos de cooperación regional, entre ellos la integración energética con la construcción del Gasoducto del Sur, asunto que abordaron «los tres mosqueteros» como gusta definir el caribeño, se puede ver un avance sobre todo por el intenso lobby que intereses afectados hacen contra el que denominan «megaproyecto». O por los artículos periodísticos que anticiparon un encuentro, el de ayer, para que el brasileño y el patagónico pusieran en «caja» al venezolano por sus posturas contra los EEUU, a raíz de todos los actos inamistosos de Washington contra Caracas.
Sobre el gasoducto el ministro argentino de Planificación, Julio de Vido, expresó a la agencia estatal Télam que los tres mandatarios «coincidieron en invitar a Bolivia en la construcción del gasoducto», cuyo tendido está previsto desde Venezuela hasta Argentina. De Vido, el ministro de más confianza de Kirchner, estuvo antes en Caracas conferenciando con el canciller Alí Rodríguez sobre detalles del trazado del gasoducto, como serían los concursos a capitales interesados y quienes podrían ser del mayor intento de integración física de esta parte del mundo. Y llevó mensajes de Kirchner sobre algunos temas puntuales, que no definieron las fuentes.
Vayamos por partes. Del encuentro entre Lula y Kirchner hubo versiones contradictorias, como que Clarín titulara ayer que el argentino rechazó un pedido del anfitrión para no llevar el litigio por las papeleras a la Corte de La Haya. ¿Por qué? Porque, escribió el matutino, el conflicto saldría del ámbito bilateral que tanto esfuerzo hace la Rosada en subrayar.
Pero ayer desde el gobierno se sostuvo que «no hubo ningún pedido ni planteo del presidente Lula Da Silva al presidente Kirchner en relación con la presentación que la Argentina realizará ante La Haya, que está ratificada, y mucho menos que no se realice», aseguraron a DyN fuentes oficiales.
Con todo, hubo una mano de cal y otra de arena. En la cena con Lula, Kirchner, escribe Clarín, «buscó sin embargo calmar las inquietudes de su colega brasileño: le dijo «que se haga la presentación en La Haya, no significa cerrar las puertas al diálogo entre los dos gobiernos. Puede haber soluciones bilaterales antes de que el Tribunal llegue a un fallo definitorio».
Marco Aurelio García, la voz a la que más atención presta Lula en temas latinoamericanos, le dijo a periodistas argentinos que a los brasileños les «gustaría» que la controversia de los ribereños del Río de la Plata «no se internacionalizara», una manera de dirigirse no solo al proyecto de La Haya como al reclamo uruguayo de convocar al Consejo del Mercosur para hablar sobre el bloque de los puentes del lado argentino.
No se puede negar todo. Voceros argentinos hablaron bien de la «gestión oficiosa» de Lula ante la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, a quien le pidió que intercediera ante la empresa Botnia para que demore un trimestre los trabajos de la planta en Fray Bentos, un gesto conciliador que había caído mal en la Rosada.
Como puede apreciarse, las derivaciones sobre los emprendimientos de Fray Bentos sobrevolaron los dos encuentros, pero el clima cordial que destacó Kirchner de su encuentro con su par brasileño, plagado de señales de cariño, indicaría que no se reunirá el Consejo del Mercosur como lo reclamó Uruguay. Oficiosamente, diplomáticos de Brasil hablaban estos días del respaldo de Itamaraty al pedido uruguayo.
Los dos «grandes» comentaron de la salida de Venezuela de la Comunidad Andina como paso claro de integrarse totalmente al Mercosur. El debilitamiento del CAN llevó al colombiano Uribe a transferirle la alarma de su país por la decisión de Chávez. Este encuentro se concretó el martes, antes del que Lula tuviera con Kirchner. Brasil tendría preocupación de que la estrategia de Chávez sea entendida como acordada con los dos grandes. «Cautela» es lo que le dijeron, al respecto los dos mayores a Chávez.
Aunque también al final de la trilateral hubo palabras de elogios, se sabe del malestar que hicieron saber Kirchner y Lula por la presencia de Chávez en Asunción, encuentro símbolo del enojo de las naciones menores. Aunque para la diplomacia de Brasil y Argentina se trataría de un desafío hegemónico del caraqueño. Por eso lo de «ponerlo en caja» no es lo que Chávez permite.
Ni hubo en este sentido informes precisos sobre la oposición argentino-brasileña a los planes nucleares de Irán que Chávez respalda, porque está convencido del derecho de Teherán a desplegar su potencial científico y que son de tipo pacífico.
El caudillo venezolano sobre los temas regionales precisó que «si el Mercosur tiene que morir para que nazca una verdadera integración, entonces que muera». Fueron dichos oídos en la cumbre de Asunción, en el tono del discurso de Tabaré y Duarte Frutos.
En todo caso, los analistas estiman que los dos grandes piensan que antes que nada deben preservar sus entendimientos y aunque no desearían dejar en un limbo las quejas de funcionamiento del Mercosur que han hecho uruguayos y paraguayos, la coyuntura se imbrica con una fuerte línea de pensamiento dentro de Itamaraty de privilegiar sobre todo los acuerdos con Argentina. *
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