Mayoría legislativa destacó que el Poder Ejecutivo actuó con corrección al extraditar a tres militares

Berrutti recibió un inédito respaldo político al cabo de la interpelación

La exposición  del interpelante

La ministra de Defensa hizo entrada a sala, caballerosamente invitada por el presidente de la Mesa, del brazo del subsecretario José Bayardi. A esa hora -10.26- las barras habían sido colmadas (casi me traiciono diciendo «ocupadas») por gran cantidad de retirados militares, entre quienes se pudo identificar a Mermot y a Paulós y Rebollo, estos tan parecidos, a lo lejos, que fue difícil distinguirlos.

La ministra Berruti, con voz pausada pero firme, solicitó que ingresaran dos asesores suyos, pedido que, una vez aprobado, desató tan breve como molesta sucesión de argumentos negativos. Se pueden resumir con palabras del diputado Jaime Trobo, del Herrerismo: en una interpelación, acto esencialmente político, no corresponde la participación de técnicos. Le respondieron los diputados Edgardo Ortuño, de la Vertiente Artiguista, y Ruben Martínez Huelmo, del Espacio 609, pero ni falta que hacía. (Creo que Trobo supo siempre, porque es inteligente, que estaba perdiendo el tiempo).

A las 10.40 comenzó a hablar el diputado interpelante, Daniel García Pintos. Una cosa quedó clara desde el principio: había venido bien pertrechado de carpetas y documentos que, incluso, en algún pasajero momento se le entreveraron y le produjeron cierto escozor.

García Pintos  y aquí muchos pudieron sorprenderse- dijo que, en realidad, él no hubiera querido esta interpelación. No fue un breve momento de pasmo: se refería a su insistencia, nunca respaldada por el oficialismo, en que la ministra concurriera a la Comisión de Defensa, donde todo pudo dirimirse antes. En este tramo, sin perder la compostura, su voz se volvió más agresiva y afirmó que «la ministra debió venir por su propia voluntad» (Berrutti permanecía impasible, serena, hasta señorial en la banca asignada).

Pero García Pintos fue por más: calificó de inadmisible que el Parlamento se hubiese enterado por la prensa de los detalles de las extradiciones «de estos compatriotas» (dejo consignado que el vocablo «compatriotas», por él vivido como un adjetivo, lo repitió muchas veces en su exposición); «por esto  añadió- a la gente le quedaron dos cosas: que la bancada oficialista cometió un error estratégico imperdonable al no haber traído a Berrutti a la Comisión; y que se quiso esconderla del Parlamento». A continuación, recordó que hubo dos juicios, uno en Uruguay y otro en Chile y aseguró, ahora casi enojado, que el mismo Poder Judicial que exoneró a estos militares, tras trece años de actuaciones, los extradita por el mismo supuesto delito. De ahí pasó a acusar al Poder Ejecutivo de falta de coraje y coherencia y de prescindencia y arrogancia  esta mezcla de deméritos no la entendí del todo bien, pero el interpelante hablaba muy rápidamente-, porque «le dio la espalda a la diabólica trama internacional» que perjudica hoy a los militares extraditados. Y vino la yapa esperada: lo ocurrido en el Hospital Filtro, en 1994, cuando el entonces candidato Tabaré Vázquez apoyó a españoles requeridos por la justicia de su país; «doce años después  continuó-, ya como Presidente de la República, no tuvo la misma actitud frente a sus propios compatriotas».

Más tarde, apelando a dichos del juez Mirabal, argumentó que la decisión de entregar a los militares es privativa del Poder Ejecutivo. Sobre Mirabal, arguyó un par de cosas más, conmovedoras: una, que pretendió dar una lección al gobierno (¿); otra, que no se traga  García Pintos, digo- el atentado supuestamente sufrido por dicho magistrado, aunque no aportó más que dudas expresadas en un tono jactancioso, semejante a un aviso publicitario de la certeza en el ser humano.

Luego, lanzó otra aseveración que resonó en sala y pudo haber estremecido a los viejos militares en las barras: estas extradiciones se basan en falsedades y un trabajo sucio, con presiones a testigos, de militares chilenos que estuvieron varias veces en Uruguay avasallando la soberanía nacional; estas extradiciones  espetó- «son una suerte de exportación no tradicional de entrega».

 

Historias, nombres,  más historias

Un vaso de agua y un apurado ordenamiento de su material, le permitieron al interpelante introducir más aspectos polémicos.

Tras reiterar que no entiende a la Justicia uruguaya, que en trece años no pudo culpar a estos militares y no obstante los extraditó por acusaciones en Chile del mismo delito, volvió a los hechos del Filtro y comparó, ahora excitado, al actual ministro del Interior, José Díaz, con el ex titular de esa cartera Angel Gianola, a quien pintó como «un gran ministro que evitó un incendio social y político».

Capítulo siguiente, le tocó el turno al senador Fernández Huidobro, con quien García Pintos ha sostenido una al menos curiosa coincidencia en este tema. Reiteró esa «coincidencia coyuntural» recordando una frase de Fernández Huidobro: «Estos militares son presos políticos».

Otro capítulo, que se veía venir, fue el destinado al Plan Cóndor. «Todos sabemos qué es», dijo; pero enseguida habló del Plan Cóndor Dos  la coordinación subversiva en la región, que lo sigue teniendo calentito- y el Plan Cóndor Tres, una conspiración que personificó en familiares de Frei (el ex presidente chileno fallecido), Madrid (el juez del caso Berríos), Vaillant (senador del Espacio 609 que le colorea el rostro aunque no hable de los «Claveles rojos») y Salazar (juez de Pando a quien le achacó diversas irresponsabilidades). En su opinión, unos habrían presionado al gobierno y a la Justicia uruguaya y otro  Salazar- habría confundido el mazo de naipes a propósito.

Acá apareció una referencia que hizo que todos, hasta quienes tomaban mate o hablaban por celular  incluyendo a alguien (no lo voy a vender) que comía discretamente un emparedado-, se dieran vuelta como impulsados por un resorte: según García Pintos, Berríos «era un membrillo de cuarta» y lo hicieron famoso después de su muerte porque necesitaban alguien a quien culpar, ya que, atrás de esto, «hay millones de dólares por los que la familia Frei puede demandar al Estado chileno».

Y ya cerrando, hizo seis preguntas a la interpelada: primera (en realidad, dos en una, qué aprovechador), ¿fue consultada sobre la facultad que el artículo 7 del Tratado con Chile otorga al Poder Ejecutivo de negar las extradiciones? Y ¿cuál fue su opinión?; segunda, ¿qué motivó el viaje a Chile de dos oficiales del Ejército uruguayo?; tercera, ¿por qué se adelantó el viaje de los extraditados?; cuarta, ¿cuál es su situación administrativa?; quinta, ¿se han tomado medidas por las condiciones de su reclusión y de su juicio?; y sexta, ¿se ha previsto algún tipo de apoyo a sus familias?

 

La ministra con todo

Calma, hasta endulzando la voz, la ministra Berrutti no anduvo con vueltas. Lo primero que recordó fueron unas declaraciones del interpelante, esta misma mañana, diciendo que ella «estaba dibujada». Sin modificar ni un ápice su tono, le aclaró a García Pintos que fue una subestimación injusta y que ella, en todo caso, prefería «estar pintada», por el peso calificado del óleo a su favor.

Cuando algunos diputados oficialistas sonreían, y García Pintos afrontaba el contragolpe con una no disimulable tensión corporal, la ministra dejó claro que no había concluido su pasaje de facturas: adujo que dudó sobre quien la interpelaría, porque entre quienes han declarado que el Poder Ejecutivo actuó ajustado a derecho figura gente no sólo del Frente Amplio, sino también del Partido Nacional, del Partido Independiente y del propio Partido Colorado. Y hasta resucitó a Yama
ndú Fau, dejando constancia de que, como ministro de Defensa del gobierno anterior, cuando se tramitaron inicialmente las extradiciones, había sostenido que «es un tema absolutamente jurisdiccional, se maneja a través de la Cancillería y el Poder Ejecutivo respetará las decisiones del Poder Judicial». (Aclaró, solícita, que lo tenía grabado en video por si alguien quería copia, aunque nadie levantó la mano).

En un momento, se permitió una licencia que los demás toleraron con cariño: «Soy un poco mala, yo…». Fue cuando inició sus respuestas a las preguntas del interpelante y, haciendo memoria, recordó el espantoso Acto Institucional Nº 8 de la dictadura, que pasó por las armas la separación de poderes, cosa que este gobierno, dijo con gesto severo, ha respetado siempre.

Contestó que se ha sentido «consultada» por el Presidente y que coinciden en todo; que el viaje de los militares a Chile fue para dar garantías a los extraditados; que se apresuró la extradición por un tema de disponibilidad del único avión de la Fuerza Aérea que podía hacer el viaje (aquí alguien dejó caer un pocillo, hubo estremecimientos varios, pero ella salió con elegancia aclarando que se había referido a accidentes de otras características); que los militares detenidos en Chile siguen en pleno goce de su ciudadanía y derechos; que se han tomado medidas para estar al tanto de lo que ocurre con ellos y a lo que deba hacerse en su defensa; y que, finalmente, se está tratando de apoyar a sus familiares, aunque aún no se ha podido resolver el tema de las visitas.

 

Partido de final anunciado

De aquí al final, lo dicho en sala tuvo toques lúdicos y de inspiración.

García Pintos se disculpó con la ministra  ¿hubo sarcasmo?- aclarando que la expresión «está dibujada» es de uso común en política, que no tuvo intención ofensiva y que ella merece el óleo; más: dijo «un muro entero de óleo». Y marcó (viviéndolo como ese gol que no sirve para ganar ni empatar, pero que el orgullo necesita) las diferencias entre declaraciones del ministro José Díaz, quien aseveró que la extradición fue adelantada luego de conocido el atentado a Mirabal, y las de la ministra que aludió a disponibilidad de aviones.

Posteriormente hubo un cuarto intermedio durante el cual fue dable apreciar (y contar, para no aburrirse) la cantidad de termos y mates sobre las bancas.

Al reanudarse la sesión, el diputado Jorge Menéndez, del Partido Socialista, sintetizó el apoyo que el oficialismo daba a la ministra. Su intervención fue prolija pero larga, al punto de que se le terminó el tiempo  cosa que le hizo notar serenamente el presidente Cardozo- sin concluir la lectura del texto que tenía delante. (No importa, quedó patente en la declaración final aprobada por la Cámara).

Sobre el cierre, el diputado Luis Rosadilla, del Espacio 609, empleó casi una hora en decir cosas como éstas: el caso Berríos es el triángulo de las Bermudas de la política, donde desaparece todo; en junio de 1993 se supo de hechos ocurridos siete meses antes, ocultados por jerarcas a los cuales, para colmo, les pagábamos todos; esto viene mal desde que el escribiente policial que recibió la denuncia de Berríos en la comisaría de Parque del Plata hizo desaparecer el informe; es insólito que actas de una reunión secreta de una comisión del Senado hayan sido sustraídas dos veces; y que él, pese a todo, sigue creyendo que estas extradiciones no fueron convenientes por razones de oportunidad y porque no es bueno que el hilo se corte por lo más delgado.

Javier García, de Alianza Nacional, señaló que ningún gobierno está exento de que le pasen cosas como el caso Berríos y que el Partido Nacional siempre estará junto al orden institucional; será oposición dura, puntualizó, pero honesta y responsable.

A García Pintos le quedaron fuerzas para preguntar, cuando todos agarraban sus bártulos en actitud de despedida, por qué el gobierno uruguayo no pidió la extradición de los militares chilenos que estuvieron aquí ilegalmente aunque sólo fuese  textual- «para medirle el aceite a la justicia chilena» (debería saber que medirle el aceite a alguien es un tema espinoso).

Conclusión: un inédito apoyo a una ministra de gobierno. La resolución, anotada al comienzo, fue votada por todos los partidos y diputados, salvo los siete representantes del Partido Colorado que asistieron a toda la sesión (porque hubo unos cuantos que se hicieron pasibles de sanción por inasistencia sospechosa). *

 

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