Beatriz Argimón: "Hoy está fallando el Poder Judicial"
-El tema de la minoridad está en el centro de la atención pública. Usted tiene una amplia experiencia en ese tema, no sólo por haberla vivido desde dentro, cuando integró el directorio del ex Iname, sino porque es una de sus preocupaciones constantes. ¿Cómo ve la actual situación de la minoridad tanto la desprotegida como la infractora, y cómo ve, frente a esto, al INAU?
-Primero, uno no puede separar al INAU de los contextos sociales existentes. Si me pregunta si el INAU tiene algo que ver con el Iname del cual yo participé, digo que no. Hay dos organismos del Estado que son los primeros en recibir los cimbronazos de todo lo que pasa en la sociedad, crisis económicas incluidas, y a los que primero se reclama acción, que son por un lado Salud Pública y por otro el INAU. Y Uruguay está teniendo desde hace un tiempo un problema a resolver: cuando comienzan a producirse cambios sociales importantes, estos son rápidos y las políticas de respuesta son lentas. Pero hay además un componente que ha conspirado para disponer de políticas sociales acordes a las nuevas realidades, y es que seguimos pensando que somos un país de vanguardia. Uruguay fue un país que tuvo excelentes políticas sociales, tan buenas que en plena crisis de 2002 funcionaron como una contención: no hubo efectos aún más adversos porque precisamente había una reserva importante de esas políticas, aunque ya se advertía una franca disociación entre la política que se implementa y lo que acontece en la realidad. Aquel efecto de Maracaná, en todos los amplios sentidos en que uno pueda imaginarlo, también impregnó a las políticas sociales. Y perdimos oportunidades históricas. El otro gran tema es que somos un país donde la estructura del Estado, y esto se nota muchísimo en lo social, está gobernada por las chacras. Es muy difícil coordinar en el Estado, es muy difícil interactuar en el Estado y mientras sigamos con esa lógica estructural vamos a seguir fracasando, sobre todo si hablamos de políticas sociales. Lo primero que está faltando es una verdadera planificación a corto, mediano y largo plazo de políticas para atender la verdadera realidad, no la que a veces discutimos en el parlamento que, en algunos aspectos, a veces hasta parece hipócrita.
-¿Y por dónde se comienza a salir?
-Yo considero desde hace tiempo, antes de este gobierno, que tenía que existir una cartera ministerial que globalizara el tema de las políticas sociales, acorde a las exigencias del siglo XXI, con responsabilidad política pero también con rango para sentarse de igual a igual en una mesa con el ministro de Economía. No se puede planificar una política social divorciada de la política económica.
-Entonces a usted la satisfizo la creación del Ministerio de Desarrollo Social.
-La idea sí.
-Y no le molestaría que el INAU fuese orientado por ese Ministerio.
-Es que el INAU depende jerárquicamente del Ministerio de Desarrollo Social. Es un organismo dependiente jerárquicamente del Poder Ejecutivo, aunque con autonomía, que antes dependía del Ministerio de Educación y Cultura y con la creación del Ministerio de Desarrollo Social pasó a depender, a relacionarse con el Ejecutivo a través de éste.
-Pero es un organismo desconcentrado.
-Lo que pasa es que el nuevo Código del Niño crea el Consejo Consultivo de la Infancia, un organismo previsto precisamente para que interaccione con otros en esta área. Y en el Código, como todavía no estaba creado el Ministerio de Desarrollo Social, dice que quien convoca al Consejo Consultivo es Educación y Cultura. Ahora bien, ese Consejo no se ha puesto operativo porque está el tema de quién lo convoca. Yo pienso que Desarrollo Social tiene amplias facultades para hacerlo. Si lo que se necesita es una adaptación, hay que resolverlo legislativamente. Y volviendo a mi opinión sobre el INAU actual, obviamente tiene el enorme desafío de adecuar su estructura interna y sus políticas. No se olvide que, por ley, el INAU es quien rige las políticas de la infancia en todo el país, no sólo la atención de los niños pobres o los menores infractores como a veces se piensa. Y, claro, está frente a las consecuencias de la crisis, no solamente desde el punto de vista de los recursos sino del aumento de los compromisos que tuvo que enfrentar, porque obviamente la sociedad le está exigiendo un rol que lo ha desbordado. Y esto nos ha puesto a todos frente a la necesidad de conocer y valorar situaciones diferentes. Por ejemplo, lo que está significando en la sociedad uruguaya los efectos de la pasta base. Eso ha implicado un comportamiento distinto en determinados sectores que ha influido sobre lo institucional y que precisa de un encuadre diferente.
La niñez en situación de calle
-Muy bien. Pero vayamos viendo aspectos concretos. Por ejemplo, el tema de los niños en situación de calle.
-Se venía trabajando pero aumentó muchísimo el número y además eso plantea un cambio en la metodología. La niñez en situación de calle de hoy no es la misma que la de antes. Por eso el tema del INAU no es menor y necesita ser pensado de forma macro. Lamentablemente, como ha pasado en muchísimas oportunidades, a veces el INAU se identifica sólo con el tema del Interj y de los adolescentes en conflicto con la ley. Como el Interj tiene serios problemas pasa a acaparar la atención, incluso dentro de la propia institución. Ese es un problema a resolver. Ha quedado claro que el Interj no está cumpliendo con su cometido, porque es un área de rehabilitación juvenil y allí no hay programas para ello -los adolescentes duermen ocho horas y otra más juegan al fútbol y después es sólo ocio-, obviamente ahí no se puede rehabilitar nadie.
-Ese es un punto sensible por las preocupaciones que está expresando la sociedad. Hay quienes sostienen que, en alguna medida, el nuevo Código de la Niñez ha multiplicado los problemas no tanto por su contenido textual y filosófico, sino porque exige otras cosas para las cuales no hay una estructura de respuesta definida. Incluso he escuchado este comentario a jueces de menores.
-Sin duda, pero esto que le voy a contestar seguramente no le va a gustar a mucha gente. Si yo para legislar tengo que esperar que las estructuras públicas se adapten a la realidad, no legislo más. Y si hay algo que se necesitaba -con un Código anterior vigente desde 1934 y una Convención de los Derechos del Niño ratificada pero que se iba demorando en su instrumentación- era un nuevo Código de la Niñez y la Adolescencia. ¿Cuánto más íbamos a esperar? Este no es el Código ideal para muchos de nosotros y hay ajustes para hacerle, pero había que aprobarlo. Este Código en realidad no es culpable de que los niños cometan infracciones. A tal punto, que tiene un capítulo específico de un procedimiento penal para los adolescentes, cosa que antes no había. Lo que pasa es que la realidad actual presenta, no tanto en términos cuantitativos pero sí en términos de violencia, aspectos que hay que atender institucionalmente y socialmente, porque tampoco es cuestión de tirarle todo el fardo al INAU y nos lavamos la manos. Hay que elaborar políticas sociales frente a esa realidad nueva, la rehabilitación de los menores y el afuera, porque a veces cuando vuelven, por más voluntad que tiene el menor de salir del contexto en que se halla, no puede y entonces reincide. Ahora, usted habla de los mensajes que la gente envía. Y, la verdad, en esto la gente tiene razón. ¿Qué es lo que percibe? Un número notorio de niños y adolescentes en la calle, que no era común que cometie
ran hurtos, rapiñas y otros delitos violentos, y ven, incluso, o escuchan a policías que dicen «ah, no, yo no los puedo agarrar porque van al juez y a la media hora están en la calle». ¿Qué nos está pasando? Cuando alguien dice «hay que derogar ese Código», tiene razón porque lo está viendo desde esa perspectiva. Y observemos un punto concreto: es impresionante cómo están bebiendo los jóvenes en este país. No se hace nada. Es el mundo al revés, porque hay una ley que prohibe la venta de alcohol a menores. ¿Quién se los sigue vendiendo? Adultos.
Justicia y responsabilidad de adultos
-Entonces usted dice que hay que llamar a responsabilidad a los adultos.
-A ver, veamos los niños en situación de calle. Hay que sacarlos de ahí, es cierto. ¿Pero la culpa la tienen los niños que llegan a la calle? ¿O el tema hay que focalizarlo en el adulto? Algunos dicen «bueno, pero no se puede penalizar la pobreza». Pero es que no se penaliza la pobreza si se convoca a la responsabilidad de los adultos, porque están faltando, además, a los deberes de la patria potestad. Otro dato: hay un presupuesto destinado al abordaje de la niñez en situación de calle que no es menor. Y no lo tiene sólo el INAU sino también Infamilia, un programa del Ministerio de Desarrollo Social. Es un millón cuatrocientos mil dólares. No es poca cosa. Pero ¿qué es lo que está pasando? Está el diagnóstico, se estudia la situación, pero nadie convoca a la responsabilidad de los adultos. Y aquí es claro: está fallando el Poder Judicial.
-Ese es uno de los temas que la sociedad está observando con mayor inquietud. Porque cuando uno dice «convocar a la responsabilidad del adulto», o pide que se cumpla determinada legislación, inexorablemente llega al ámbito del Poder Judicial. Y la gente tiene la percepción de que allí no se enfoca en profundidad el asunto.
-Estoy convencida de eso. Cuando yo hablaba de repensar o refocalizar algunas cosas, esa es una de ellas. Y el convocar a quienes tienen la responsabilidad de los niños y las niñas está previsto en la ley. Precisamente cuando no se cumple con esto, hay una inobservancia del Poder Judicial. Esto no tiene nada que ver con el Código, esto estuvo siempre vigente y me parece que es la pata que está fallando. ¿Por qué? Déjeme decirle algo: por ejemplo, el niño está en la calle fuera del horario escolar; y uno se pregunta, ¿institucionalmente no hay propuestas para esos niños? Las hay. Hay centros diurnos, clubes de niños, clubes de adolescentes en todo Montevideo y hay refugios nocturnos. Es decir que, teóricamente, no debería haber ningún niño en situación de calle. Entonces, cuando esto fracasa hay que llamar a responsabilidad al adulto y quien debe hacerlo, después del diagnóstico y demás, es la Justicia. ¿No hay programas para esta situación de la niñez? Sí, los hay. Entonces nos está faltando llamar a responsabilidad a los adultos que la tienen. Primero a los padres y luego, si ellos no son capaces de asumir su patria potestad, entonces es el turno del Estado.
-Voy a hacer de abogado del diablo. Se ha dicho que hay jueces que devuelven a los niños a sus padres, aun a sabiendas de las carencias de éstos, porque están convencidos de que el Estado no les dará una respuesta mejor.
-No estoy de acuerdo con eso. Por supuesto no hay institución mejor para un niño que su familia. Pero cuando la familia no contiene, el Estado tiene, cómo no, posibilidades de atender la situación. En este país se sabe cuántos niños son, quiénes son, dónde están y se sabe su situación familiar. En todo caso, lo que está faltando es una mejor coordinación con el Poder Judicial, para que ponga en práctica las leyes que desde hace mucho tiempo están vigentes en el país. El día que los padres sean llamados realmente a responsabilidad, para mí es claro que vamos a ver disminuir el número de niños en la calle. Y no estoy hablando de represión ¿eh? Y es también por todo esto que, para mí, el auténtico desafío es repensar las políticas sociales del país. No es la misma realidad del siglo XX, todo está cambiando rápidamente. Nunca las respuestas van a ser a tiempo real, pero debemos planificar, coordinar y ejecutar mejor.
La rehabilitación
-Vamos a otro aspecto, diputada Argimón. Teniendo en cuenta la situación estructural del INAU y las carencias en materia de programas de rehabilitación, ¿hay que construir más locales que sirvan mejor a los objetivos buscados?
-Bueno, mire, primero yo separo el Interj, como ya dije, del INAU. Y en el Interj es imposible que alguien se rehabilite. Eso está fallando. Es posible que algún establecimiento más haya que construir para que funcione un sistema, porque lo que no hay en el Interj es un sistema de rehabilitación, cuyos primeros pasos son atender la eventual medida judicial y hacer un diagnóstico correcto de personalidad y situación.
-¿Pero nunca hubo un sistema, nunca hubo programas de rehabilitación?
-Los hubo. Pero después de la crisis de 2002 los problemas se multiplicaron. Fíjese que no es fácil ser funcionario de estos establecimientos, gente que debe trabajar con menores con discapacidades o problemas graves de comportamiento y hasta patologías siquiátricas. Al no haber ingreso de nuevo personal, al no prepararse mejor a quienes deben cumplir esas tareas, al deteriorarse los locales y carecerse de recursos para las constantes reparaciones, bueno, todo eso ha conspirado para que, hoy, la situación sea la que le detallé. Lo que es incomprensible es haber perdido en el SER de Berro todo lo que se había armado para hacer algo en rehabilitación, en educación de los chicos. Uno siente que eso se abandonó. Realmente, con el Interj estamos teniendo problemas muy serios y esos problemas están conspirando contra la imagen de todo el organismo, lo cual es una injusticia. Eso aumenta la estigmatización de niños y adolescentes internados y aumenta la estigmatización institucional. Pero, mire, quiero repetir algo, dejarlo claro: el tema de la infancia no se puede partidizar, exige políticas de Estado. Las políticas sociales deben hacerse desde lo macro y como políticas de Estado.
La política
-Permítame introducirla en la política, más allá de que usted es una mujer política. A raíz de una posición suya por la comparecencia del INAU en el Parlamento, donde acompañó la posición de la izquierda, trascendió que correligionarios suyos del Partido Nacional se habrían molestado. ¿Se aclaró esto?
-Sí. Se aclaró. Y tengo un buen relacionamiento con mis compañeros.
-Ahora, una persona como usted, que piensa con tanta claridad que en áreas importantes como la infancia debemos ir a políticas de Estado, fuera de lo partidario, ¿estaría dispuesta a dar pasos de cierto riesgo político para lograr ese objetivo mayor?
-Mire, yo estoy trabajando en esto desde hace tiempo y ahora, mucho, con los técnicos de mi sector, Correntada Wilsonista. En el anterior gobierno yo trabajé en lo que se denominó la «agenda social». Esa propuesta la hizo suya el Directorio del Partido Nacional y luego el parlamento hizo otras propuestas y tomó el viejo tema del «gabinete social», que es una idea de los blancos. Se juntó todo y se fue al gobierno; lo que dijo el entonces presidente Batlle fue que la única respuesta social era una macroeconomía estable, cuando en el mundo se sabe que esa es una condición pero no la única y no pasó nada. Después vino la crisis y la cosa fue peor. Entonces, si los blancos propiciamos eso c
on un gobierno colorado estamos dispuestos a hacerlo con este gobierno; mejor dicho: lo estamos haciendo. No nos quedamos sólo en el discurso. Además, estoy convencida que el Partido Nacional será el próximo gobierno.
-La felicito por la fe. Pero mi pregunta iba a otro aspecto. ¿Usted se siente acompañada en el sector donde está ahora?
-Sí, absolutamente.
-Porque alguna gente pudo haber tenido alguna duda.
-No, no. Mi relación con el líder del sector, el senador Gallinal, es excelente, al igual que con el resto de compañeros de Correntada Wilsonista.
-Así que algunos que por ahí estaban seducidos con la idea de que usted se corriera para la izquierda.
-De ninguna manera, de ninguna manera. Yo tengo un muy grato recuerdo de mi militancia en la Secretaría de Asuntos Sociales del Partido Nacional, una creación de Wilson. Yo no me he separado un ápice de la militancia social, es lo que me interesa, y ha ocurrido que quienes hemos estado en esta militancia fuimos vistos como de izquierda dentro del Partido. Pero siempre dentro del Partido. Y si hay algo que tengo claro es que el partido de las políticas sociales, siempre, ha sido el Partido Nacional. Yo lo reivindico ahora y lo voy a seguir reivindicando, porque los blancos estamos llamados, en los próximos años, precisamente a cumplir un rol muy importante en la elaboración de políticas de Estado. Y me generación, además, va a ser la protagonista de ese cambio. *
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