En setiembre habrá una radiografía de cómo le va al gobierno con el FA
Aunque nadie lo dice en voz alta, pero todos se preparan, uno de los objetivos que concentrará la atención de la fuerza política para los próximos meses, serán las elecciones internas del Frente Amplio que se realizarán en setiembre.
De ese acto comicial saldrá una nueva radiografía de la interna frenteamplista, pero será a la vez una instancia de evaluación de cómo se están dando las relaciones entre el gobierno y el núcleo duro de la izquierda.
En las pasadas elecciones estatutarias (mayo 2002) -no las realizadas por obligación de la Constitución de la República en 2004- sufragaron 200 mil personas, surgiendo como figura estelar el entonces senador José Mujica y el MPP se transformó, con el 27% de los votos, en el sector predominante. Las elecciones nacionales de 2004 lo confirmaron.
Para estas elecciones de setiembre la dirigencia frenteamplista considera que se pueden superar esos 200 mil votos, en cien mil más, pero nadie sueña con una votación mayor. Por ello es justo afirmar que será una elección entre los adherentes más sólidos de la coalición de izquierda, quienes en definitiva son la antena más sensible de los actos, en el acierto o en el error, del gobierno.
El hecho de que las elecciones sean en setiembre, generan un campo de dudas sobre cuándo el presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez, realice si es que lo hace su cambio de gabinete. Una posibilidad es que lo haga en octubre, una vez conocido el resultado electoral de la izquierda. Si fuera así, surge una nueva interrogante: ¿va a tener en cuenta el resultado electoral o lo va a desconocer en el momento de designar nuevo ministros? Quién lo sabe…
La otra alternativa es que ese cambio se produzca antes, pero no podría hacerlo en los meses próximos a setiembre porque estaría dando señales al electorado frenteamplista, sobre sus preferencias sobre el comportamiento de algunos de sus ministros que además son líderes de sector. Por ello, si opta por hacer el cambio ministerial, habría que esperar la noticia en mayo o a más tardar en junio.
Cómo llegan los pingos
Si no hubiera cambios sustanciales sobre el estado de opinión pública en torno al gobierno, es de esperar una campaña electoral donde los actores se definirán a favor o en contra de la gestión del gobierno, pero sin excesos, particularmente entre los sectores que tienen responsabilidades en el Estado.
Un primer agrupamiento en cuanto a conductas es el sector más ultra -26 de Marzo, Corriente de Izquierda, Movimiento 20 de Mayo y Partido Socialista de los Trabajadores- que será el más crítico con el gobierno, tal como lo ha demostrado en los últimos meses.
Si intención será «morderle» parte del electorado más radical al Movimiento de Participación Popular, quien en los últimos meses ha sido centro de ataques por parte de ese agrupamiento y de los nucleados en torno a la figura del ex edil Jorge Zabalza.
Un segundo agrupamiento, ya más contradictorio que el anterior, es el conformado por el Partido Comunista de Uruguay y el Partido por la Victoria del Pueblo, ambos con responsabilidades de gobierno, especialmente el primero.
El PCU y el PVP se han visto fortalecidos en el imaginario colectivo, debido a que todo el tema de los desaparecidos los contempla totalmente, en tanto fueron las fuerzas políticas que más sufrieron esa modalidad del terrorismo de Estado.
Estos dos sectores han dado, a la vez, un debate firme sobre la política económica del gobierno, centrando sus críticas sobre el ministro de Economía Danilo Astori, lo que ha encontrado eco en algunos de sus dirigentes y otros del movimiento sindical.
A la vez el PCU y el PVP tienen una zona de contacto y de competencia con el Nuevo Espacio, ya que estos tres sectores se han definido a favor de la anulación de la Ley de Caducidad. Rafael Michelini, que tiene poca fuerza en la estructura de gobierno, va a marcar su perfil con la bandera de derechos humanos, transformándose en un competidor serio del sector ultra.
Hay otra zona en común, que está conformada por quienes tienen mayores responsabilidades en el gobierno. Los dos «favoritos» son el MPP y Asamblea Uruguay, pero en ese pelotón también van el Partido Socialista, la Vertiente Artiguista y la Alianza Progresista. Todos comprometidos en voz alta con los aciertos del gobierno y en voz muy baja con sus desaciertos.
El ministro José Mujica (MPP) y el ministro Danilo Astori (AU) son los dos liderazgos más fuertes del progresismo, por lo menos para estas internas. Mujica tiene una ventaja sobre Astori: sabe «salir y entrar» del gobierno con facilidad, en materia de discurso y de reflexiones. Astori no siente ese tipo de juego, prefiere el piloto automático, pero a la vez no lo puede hacer porque a un ministro de Economía no se le permite la duda, ni un momento de reflexión.
Bipolaridad a la vista
Estamos ante los dos sectores más fuertes, según las elecciones de 2004 y las encuestas, donde seguramente Mujica sienta el golpeteo ultra y Astori no pueda avanzar en su convencimiento del casco duro. Pero si Astori quedara como primera fuerza sectorial, si estaría estableciendo que los votantes del FA tienen una creciente identificación con su política económica, a pesar de que se mantienen los niveles de desocupación y que el país no ha vivido un shock salarial.
Esta posible bipolaridad la ha comprendido bien el Partido Socialista, en esta etapa del liderazgo de Eduardo «Lalo» Fernández, quien ha tensado a todo el PS en defensa de los ministros socialistas, Reinaldo Gargano y José Díaz, a quienes se los presenta como «garantía de cambio», por lo que se podría concluir que el resto no lo son.
El PS se presenta como reafirmación del cambio, intentando que la competencia Mujica-Astori no le saque varios cuerpos y en un incómodo tercer lugar.
Esta competencia electoral no es nada fácil para la Vertiente Artiguista y la Alianza Progresista. La VA se ha mostrado con un perfil nuevo en estos meses, donde el tema de los derechos humanos lo ha tomado con fuerza, cosa que no hizo en otros períodos, pero no ha planteado hasta ahora la anulación de la Ley de Caducidad. Luego de muchos años se presenta a una interna sin poder esgrimir que las realizaciones de la IMM son de su autoría, lo que por cierto la debilita.
En el caso de la AP las dificultades no son pocas. Sus tres dirigentes más importantes Rodolfo Nin Novoa, Víctor Rossi y Héctor Lescano cargan con la responsabilidad del gobierno y ninguno de ellos actúa como líder sectorial. Incluso hay dudas de si Nin, por razones estatutarias, puede ser candidato sectorial, al haber sido candidato único a la vicepresidencia de la República. Otros sostienen que sí, porque fue candidato de un conglomerado, el EP-FA-Nueva Mayoría, y no del FA, partido político al que recién pertenece.
Más dificultades tienen tres sectores de menor caudal electoral, que no pertenecen al sector ultra. A la Corriente Popular se le fue su referente, Carlos Pita, como embajador en Chile. Claves Rojos no marca en las encuestas y no tiene experiencia de sector que se haya presentado sin establecer alianzas electorales. La Liga Federal, del diputado Darío Pérez, parece haber quedado focalizada en Maldonado.
Otras de las incógnitas para setiembre es saber qué papel jugarán los ocho intendentes. Es que puede pasar que encabecen listas sectoriales o que no se presenten a las elecciones. Ese capital, nada menor, hoy está en manos de los socialistas, de la Alianza Progresista y del MPP. Asamblea Uruguay, la Vertiente Artiguista, Nuevo Espacio, el PCU, el PVP y los ultras, no cuentan con esas municiones municipales.
Esto recién empieza y así estÃ
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