ANALISIS DE DOMINGO A DOMINGO: El gobierno se propone "construir un diálogo que cimiente una política del Estado"

El Debate Educativo es la gran oportunidad de tonificar al país

Desde la convocatoria del pasado 4 de abril se informa que «el Debate nos ocupará la mayor parte del año 2006, incluyendo a fines de octubre próximo un Congreso Nacional de Educación». «Del Debate y del Congreso surgirá un conjunto de propuestas que serán planteadas, según corresponda a las autoridades autónomas de la enseñanza y a los poderes Ejecutivo y Legislativo con vistas al mejoramiento de la educación, así como bases conceptuales y organizativas como recomendaciones para la elaboración y sanción de una nueva Ley de Educación, ya que la vigente fue adoptada en carácter de emergencia en otro contexto histórico», agrega.

El maestro Luis Garibaldi, director de Educación del Ministerio de Educación y Cultura, escribió que con esa reflexión colectiva se «procura colocar en el centro de la discusión la educación que requiere el Uruguay como país integrado, productivo, innovador y democrático».

A la vez recuerda que «en los último veinte años la educación ha sido más un factor de división, de disputa y de enfrentamiento que un factor de diálogo y de acuerdo.

Ha sido un ámbito de autoritarismos y arrogancia y no un ámbito democrático y de participación». Y más adelante agrega que «creemos en un debate ciudadano, plural, realizado a nivel local, departamental y nacional y propositivo, es el camino para construir un diálogo educativo que cimiente los acuerdos y consensos posibles de una verdadera política del Estado».

 

¿Y ahora qué?

Las intenciones son excelentes y la propuesta vale la pena, a pesar de que el lanzamiento de la iniciativa tuvo poca prensa. Las garantías están dadas, además, no sólo por el marco democrático que vive hoy el país, sino también por la Comisión Organizadora del Debate Educativo, integrada por Jorge Brovetto (Ministro de Educación y Cultura y Presidente de la Comisión), Carlos Acuña, Carlos Barceló, Mario Bengoa, Harley Bonilla, Víctor Brindisi, Agustín Cano, Teresita Capurro, Jorge Carbonell, Daniel Corbo, Juan Gabito Zóboli, Luis Garibaldi, Elsa Gatti, André Gonnet, Elisa Lockhart, Carlos Piedra Cueva, Juan Prato, José Rilla, Diego Silva, Miguel Soler Roca, Sergio Sommaruga, Eduardo Tornaría.

De esta lista plural hay que desatacar la presencia de Miguel Soler Roca, prestigioso funcionario de la Unesco, uno de los grandes olvidados de la educación uruguaya que volvió con el triunfo de la izquierda. Se nos ha dicho que Soler ha sido, en los últimos meses, artífice de esta idea que ha comenzado a caminar y que a la vez es garantía de firmeza en las ideas y de generosidad en el debate y en el intercambio de ideas.

Ahora lo que resta es caminar, aunque la tarea no será nada sencilla, porque la sociedad uruguaya no está acostumbrada al debate educativo y de la enseñanza, aunque tiene sentido de «propiedad» sobre la misma, que se expresa en las comisiones de fomento, en las organizaciones de padres, de estudiantes y de docentes y en el cogobierno universitario, a pesar de «la fatiga» que sufre.

Los uruguayos nos hemos acostumbrados a ser «quejosos» de la enseñanza y en el mejor de los casos «controladores» de los educadores, mientras que desde los hogares cada vez se les orienta menos a los muchachos.

Esto es así no solo por los complejos cambios culturales que han ocurrido en las últimas décadas, sino también porque para muchos sectores la enseñanza ha dejado de ser la ruta del ascenso social. Esta visión crítica de la sociedad y de su relación con la enseñanza, no niega la importancia de que la participación sea lo más amplia posible, porque de las asambleas no solo va a surgir una lista de quejas, muchas de las cuáles serán justas, sino propuestas e iniciativas concretas que deberán ser tenidas en cuenta.

Por otro lado no es descartable que vayan surgir ciertos desencuentros entre la marcha del Uruguay productivo que está impulsando el gobierno  un proceso lento, aunque en algunas áreas se están dando pasos seguros-, y la nueva educación que saldrá de los debates.

Algo de esto pasó con José Pedro Varela que conmovió al país con su reforma escolar, cuando aún no se terminaban de alambrar los campos y el capitalismo aún no había desembarcado definitivamente. Incluso comenzó la democratización de la enseñanza, antes de que el país se hiciera democrático. Este Debate Educativo, si se logra cercar al chiquitismo, al autoritarismo y al ideologismo (en su versión variopinta de derecha o de izquierda), puede transformarse en un motor no solo para la enseñanza, sino para el proyecto de país progresista que los uruguayos reclaman.

El mayor esfuerzo recaerá sobre el cuerpo docente de todos los niveles, que llega a esta instancia sin grandes elaboraciones en materia de enseñanza, en los últimos 30 años.

La Universidad tuvo su gran reforma en 1958. Diez años ante los había hecho la Enseñanza Primaria. Secundaria intentó renovarse con la creación del Instituto de Profesores Artigas a comienzos de la década del 50 y a la UTU la dejamos nacer y morir entre todos, por culpa de esa tonta cultura que inundó la enseñanza con el enciclopedismo, cuando en los países que después serían del primer mundo la ciencia se abrazó con la tecnología y la producción.

Luego vino el fascismo, el autoritarismo de los militares y de los civiles mediocres travestidos de educadores, llegó la democracia, se recuperó la libertad de pensamiento en las aulas, pero después apareció el Despotismo Ilustrado de Germán Rama y nos pasamos más de cinco años discutiendo si los niños debían alimentarse con comida elaborada en las escuelas o las bandejitas repartidas por una empresa contratada.

Tampoco los docentes llegan a este debate en las mejores condiciones anímicas, porque no hubo un «shock educativo» en materia salarial, aunque hay importantes avances presupuestales.

Si en el marco del proceso de debate, que culminará en octubre, no hay señalas y gestos de las autoridades que permitan construir un nuevo clima, lo que también pasa por los resultados de la Rendición de Cuentas, el ágora puede perder atracción, en el mejor de los casos, o transformarse en la caja de resonancia de la queja generalizada, perdiendo la posibilidad de soñar construyendo.

A pesar de estas zonas críticas que vive el mundo de la enseñanza y su entorno, la iniciativa del Debate Educativo debe ser visto por los uruguayos como una gran desafío y, quizás, como una de las pocas oportunidades para que la sociedad se tonifique, recupere su dignidad y sienta el placer de las realizaciones colectivas. *

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