DESDE DIPUTADOS: Otro ríspido debate en Diputados por una cuestión política no prevista

La oposición atacó por el INAU pero generó un debate que le dejó heridas

Normalmente, ahí se plantean aspectos puntuales, a veces no sólo política sino geográficamente puntuales. Y siempre concluye sin mayor repercusión, con unánimes votaciones de pase a los ámbitos que cada legislador pide.

Pero cuando Luis Alberto Lacalle Pou, del Herrerismo, inició su intervención intuí que podía abrirse una polémica. No obstante, el ambiente era distendido, varios señores diputados conversaban con la animación habitual y otros se saludaban con mano levantada, a riesgo de que su actitud se confundiera con un voto.

Y Lacalle Pou clavó la primera agujita para ir calentando al oficialismo. Explicó que por orden del presidente Vázquez ahora no se puede navegar libremente por el arroyo San Juan, ni bajar a disfrutar del parque de Anchorena, sin pedir previo permiso a Prefectura; se ha aducido razones de seguridad, pero a Lacalle Pou, anoche, no lo conformaba nada. Recordó que una prohibición similar sólo hubo durante la dictadura por orden de Aparicio Méndez  blanco de origen, vueltas de la vida- y que la medida contrariaba el Código de Aguas, el Código Civil y el testamento de Anchorena (menos mal que no tiene forma de enterarse).

Ante mi absoluto pasmo, su pedido de pase de antecedentes a dos ministerios fue aprobado ¡por unanimidad!

Sin embargo, me convencí ahí de que los blancos estaban muy cargados, que aquello se iba a poner más picante y que las palabras del diputado blanco habían elevado la temperatura ambiente.

Para colmo, poco después entró Gandini, quien quedó unos instantes parado, con gesto adusto y ojos vigilantes, quizás pensando en Pérez Piera (o en Beatriz Argimón, que votó en una comisión con el Frente Amplio).

De todos modos, y antes del verdadero debate, hubo hechos que convocaron a cierta distensión. Primero observé en las barras al ex legislador Walter Issi y supuse que extrañaba. Y luego, cortando mi distracción, hizo su ingreso Silvana Charlone; la belleza parlamentaria reforzaba (ya estaba Adriana Peña, luciendo conjunto de blusa y pantalón marrones que resaltaba su esbeltez). Sólo faltaba la señora diputada Argimón, a quien muchos aguardaban pero por razones ajenas a su encanto o al modelo con que nos pudiera sorprender.

 

El gran debate

Cuando el señor diputado Alvaro Alonso, de Desafío Nacional, pidió la palabra para exponer un asunto político, ay, papito, pensé: se viene la maroma.

Habló del funcionamiento de las comisiones investigadoras y, en particular, de la creada para analizar la situación del INAU. Dijo que en siete meses se reunió apenas siete veces y una ¡de parado! (no me preocupé de penetrar en tan sugerente descripción; ya bastante tiene uno). Acusó al Frente Amplio de descortesía y subió la apuesta calificando a los legisladores oficialistas de falta de espíritu democrático. Concluyó con que esa comisión no había funcionado porque el gobierno no quiere que lo investiguen.

En este momento vi a Issi abandonando las barras -no extrañaba tanto- mientras entraba una pareja llamativa: él, elegante; ella, rubia teñida pero categóricamente espectacular. Me pregunté al instante con quiénes irían a simpatizar. Pero no pude seguir especulado, porque entonces hizo su ingreso la señora diputada Argimón, esta vez con un impecable modelo donde predominaba el negro.

Cuando muchos habían girado la vista hacia ella, el señor diputado Edgardo Ortuño, de la Vertiente Artiguista, sacó un contraataque fulminante y aseguró que Alonso estaba equivocado, que jamás había estado en riesgo la posibilidad de controlar al Poder Ejecutivo y recordó, mencionando varias circunstancias, la constructiva conducta de la bancada oficialista en ese sentido. También recordó las múltiples comparecencias de las autoridades del INAU a las comisiones parlamentarias.

Pero fue sólo el comienzo.

 

Calentito, calentito

Cuando el señor diputado Pozzi estaba sorbiendo su mate, disfrutando de la exposición de Ortuño, la oposición renovó su ataque y lo sorprendió. Primero fue el señor diputado Germán Cardozo, del Foro Batllista, luego otra vez Alonso y finalmente  es un decir  la señora diputada Sandra Etcheverry, quien contradijo a Ortuño y metió al ministro José Díaz en el asunto, argumentando que tampoco se había dignado comparecer cuando se le convocó. El tono de Etcheverry, de Alianza Nacional, fue efusivo, su voz de mezzo soprano y mostró su coquetería al exhibir que, por más ademanes desproporcionados que pudiera hacer, bastaba un movimiento casual de la mano para mantener su negra melenita en orden.

La señora diputada Nora Castro, que no tiene melenita pero estaba furiosa, increpó a Etcheverry aunque pocos la entendieron porque el presidente no le abrió el micrófono.

En realidad, no fue necesario. Otra legisladora oficialista, Alba Coco, de la Unidad Encuentrista Salteña, pateó la pelota con potencia (es una metáfora, creo) y dejó entrever que los blancos estaban haciendo una maniobra de distracción para no hablar de los líos  qué sutil eufemismo  en que algunos de sus correligionarios estarían metidos en el Hipotecario y en Antel. La apoyó el señor diputado Javier Salsamendi, del Espacio 609.

 

¡Para qué!

El señor diputado Pablo Abdala, del Herrerismo, contestó que no había que atribuir intenciones o cosas sin fundamento sino constatar realidades. Estaba tan caliente que en un momento dijo «lamento que el diputado Salsamendi se haya retirado» y ese hombre estaba… sólo que se había cambiado de lugar. Abdala estuvo a punto de pedirle que se quedara quieto, a ver si le apuntaba bien.

Después fue una retahíla de alusiones, respuesta a alusiones, nuevas alusiones y nuevas respuestas, cada vez subiendo el tono y aproximándose más a una virtual falta de respeto.

La rubia de las barras se aburrió, su pareja volvió tras desaparecer unos minutos (habrá ido a fumar un fasito) y, al final, se fueron. ¿Serían turistas?

En ese momento, los blancos metieron en la olla al señor diputado Martínez Huelmo, del Espacio 609, que estaba presidiendo la sesión  Cardozo tomaba un descansito  y el escándalo fue superlativo, con frases que cortaban como un cuchillo.

Hablaron varios  entre ellos Lacalle Pou, quien argumentó que sólo la derogación de la Ley de Duelos hacía posible que algunos hablaran, dejando apoplético a más de uno- pero quien puso fin al despelote fue la señora diputada Charlone. Ya despojada de su chaqueta, luciendo con estilo una blusa oscura, se declaró sorprendida por el curso desagradable del debate, las constantes alusiones fuera de lugar (no sólo para una señora como ella) y el desvío del tema central. Defendió a Martínez Huelmo, que había vuelto muy callado a su banca, y calificó de «provocadores profesionales» a legisladores opositores.

Después, casi la paz. Aunque hubo unas pocas escaramuzas más, varios diputados del Frente Amplio coincidieron tan clara y enfáticamente con Charlone  quien, abrumada por los elogios más que por el frío volvió a ponerse su chaqueta  que planeó sobre la sala algo así como el milagro de la calma. Se me antojó el ancestral homenaje del hombre a una mujer.

Y terminó el largo debate sin conclusiones y con mucha gente agotada, otra avergonzada y alguna preguntándose qué había hecho. Y eso no es culpa de este cronista. *

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