ENTREVISTA: WASHINGTON ABDALA (DIPUTADO DEL FORO BATLLISTA Y "SOLDADO" DE SANGUINETTI)

"Los relevos vienen, pero tendrán que competir"

-A usted se le reconoce como un hombre político, en el sentido de que, aún joven, ha comprometido su vida con la política y eso lo hace una referencia en el ámbito del Partido Colorado. Supongo que no lo molesta que lo sigan llamando «el soldado de Sanguinetti»…

 

-No, pero tiene un capítulo dos. Porque como los soldados están en carrera, se supone que en algún momento tienen una promoción.

Y en este país el «botijeo» es bravo, porque cuando nosotros armamos la campaña ésa del soldado, que tuvo realmente impacto, logramos captar a alguna ciudadanía que se prendiera y que nos votara.

No, no me calienta. Pero hay etapas en que uno trata de crecer. Y a veces cuando te dicen lo del «soldado» desde la oposición, lo hacen con el sentido de achicarte.

-Pero ahí surge una pregunta inmediatamente. ¿Cómo se imagina Abdala su vida política sin Sanguinetti?

 

-Me la imagino de la manera más constructiva posible. Constructiva en el sentido de que hoy, en el partido, Sanguinetti está y va a seguir estando porque es un líder histórico y no creo que se pueda desestimar lo que diga o aporte. Lo que me imagino sí, es un Sanguinetti que ha dicho expresamente que no va a ser candidato, como también lo ha dicho el otro líder histórico, el doctor Batlle, y entonces aparece como un desafío bastante complicado pero que hay que enfrentar. Y hay que recorrer el camino con mucho sentido de la convocatoria, porque es una convocatoria difícil, pero, bueno, eso les pasa a los partidos que tuvieron un líder de ese porte.

 

-Bien, y eso nos lleva a la hipótesis, que, en realidad, yo diría que ya no lo es tanto, de que el propio Sanguinetti, con su visión política, está armando una sucesión, la suya, que no es una cosa demasiado sencilla.

 

-No, la sucesión de los líderes históricos nunca es fácil. Y la sucesión de dos líderes aún es más complicada. Y además en un partido como el Partido Colorado, que recibió una paliza electoral descomunal, todavía es más difícil. Porque todo eso hace que la articulación sea muy complicada, muy entreverada. Yo me lo imagino todo en el terreno de lo electoral. Creo que lo único que funciona en esto es el baño del apoyo ciudadano. No creo que se pueda direccionar y decir, con el dedo de Dios, «bueno, ahora viene fulano o viene mengano» porque la gente no lo reconoce eso. Creo que lo único que va a salvar al Partido Colorado de una situación tan difícil como la que ha estado, pero que empieza tenuemente a ganar un poco más de respetabilidad y un poco más de oxígeno, es el hecho de que haya habido una generación que se rompa el alma, que salga a morder la cancha, que diga alguna cosa comprometida, que tome algún riesgo y que además entienda. Porque a los colorados se les exige eso, y está bien que se les exija, porque después de la redemocratización fue una colectividad donde el diálogo interno y la construcción de una cierta relación armónica era muy importante. Por alguna causa la perdimos en los últimos años, salió caro eso también porque la tensión interna de los sectores a la gente la molestó, la hizo sentir muy distante y eso hay que tratar de aventarlo de cualquier manera.

 

La actitud de los líderes

-Cuando hablamos de Partido Colorado, hablamos de una unidad, pero hay sectores distintos. Entonces uno advierte algunas actitudes diferentes de los líderes históricos. Mientras Sanguinetti no da la sensación de estar pisando a todo el mundo, sobre todo a los jóvenes políticos, cerrándoles el camino, la reaparición de Batlle en el escenario, un tanto estentórea, parecería indicar lo contrario. ¿Eso puede afectar de algún todo el proceso de renovación del partido?

 

-Yo creo que no. El proceso de aggiornamiento de un partido, después de una crisis electoral descomunal como la que vivió, sin liderazgos previsibles porque todo lo que viene es relativamente imprevisible, es un fenomenal desafío. A la gente no la podés confundir de afuera. La gente tiene que mirar al Partido Colorado y decir, bueno, ¿qué son estos tipos? ¿liberales, social liberales, social demócratas? ¿Hay una matriz liberal clásica que soporta todo, que permite que el péndulo liberal social demócrata funcione? Yo creo que sí. De afuera se tiene que ver como un gran partido humanista liberal. Por alguna razón, la gente no lo vio así y en un momento hizo otra lectura. Simultáneamente, ese partido tiene que tener un aggiornamiento ideológico. Hoy los partidos se renuevan ideológicamente con mucha rapidez. Hay que ver los partidos europeos, por ejemplo. Una vez por año hacen una especie de refresco, hacen un congreso ideológico y hacen puesta a punto. El Partido Colorado, desde don Pepe, recibió la orden aquella de no entrar en la sociedad civil, porque era no querer cooptarla, porque justamente los partidos liberales no cooptaban los sindicatos ni el aparato educativo. En realidad, ahora nos parece una tragedia. No estábamos en esos lugares porque como liberales sentíamos que no debíamos estar, llega el telegrama colacionado del Estado, te dan el despido y cuando salís no estás en ningún lado. No estás en la sociedad civil, no estás en los sindicatos y la reconstrucción es muy difícil.

 

-¿Y eso habría que modificarlo ahora?

 

-Francamente creo que sí. Creo que uno debe estar presente en todos lados, y esto no es reñir con el pensamiento de Batlle y Ordóñez, pero, bueno, es estar en sintonía con la sociedad actual. Tenemos un pensamiento liberal, no tenemos por qué ocultarlo y si mañana se puede estar presente en ámbitos sindicales, en ámbitos sociales, creo que es muy importante. Y lo otro es que hay que regenerar una utopía que a la gente le sirva como un espacio político esperanzador. ¡Somos tan racionales los colorados en algunos momentos! Y, claro, la racionalidad no entusiasma. No digo arrimarse a una zona demagógica, pero sí digo ponerle más corazón. Hemos puesto mucha cabeza y hemos puesto muy poco corazón. Y también más participación de género, de la mujer, y de los jóvenes. Ese es un punto recurrente que, cuando llega el momento, bueno, no se hace realidad.

-Ese es un punto muy importante, la participación orgánica de la juventud parecería ser un elemento fundamental en la dinamización de un partido. Por eso antes me refería a la actitud para mí diferente de los líderes históricos, porque, por ejemplo, el Partido Colorado, al menos momentáneamente, se ha visto privado de alguna figura, concretamente el ex senador y ministro de Economía Alejandro Atchugarry, producto, de alguna manera, de verse obstruido en su camino hacia una mayor participación. Lo que queda por delante, en términos electorales, ¿es suficiente tiempo para modificar estas situaciones?

-Yo quiero creer que sí, porque uno tiene que creer en las fuerzas propias, en las fuerzas del colectivo en el que está. Pero esto es como cuando estás en una situación muy delicada y no podés cometer ningún error. Y sin ninguna elegancia lo digo: Alejandro es un tipo imprescindible para el Partido Colorado. No sé en qué posición pretenda él estar, pero tiene que tener un espacio porque tiene credibilidad, es un hombre al que todos queremos muchísimo y al que la sociedad lo ve muy bien. Cuando se ha estado como nosotros, muy acotados, muy achicados, muy castigados, no se puede dar el lujo de cometer ningún error, menos de relevar recursos humanos de primer orden. Y lo otro, que es una cosa que nos cuesta, y a mí también, hay que inventar gente, en el buen sentido, hay que ir a capturar, no puede ser que n
o haya muchachada de veinticinco, treinta y cinco años que ande por allí, con alguna idea de cómo construir el Uruguay que viene, y que no la podamos encontrar. La hay.

-En ese mismo enfoque, para mí de ciudadano, que en términos teóricos comparto, sin embargo aparecen en el escenario de la opinión pública algunas decisiones, situaciones o coyunturas que parecen contradecir ese esfuerzo. Otro ejemplo: el caso de Pedro Bordaberry. En un momento absolutamente crítico de los colorados electoralmente, fue candidato a intendente y, sabiendo que no iba a ganar, obtuvo una votación muy aceptable. Y uno no advierte que el Partido Colorado esté cuidando a ese candidato que le dio tal resultado.

-Está bien. Lo que digo, para ser bien franco, es que la generación de Pedro es la mía, somos tipos que vamos a tener que luchar por los espacios que vienen. El es un hombre de la 15 y va a tener que luchar también por su construcción electoral. Mi sector también, el sector de la 321, otra gente que anda por allí. Para mí queda claro que el Partido Colorado está en esa cosa de ser lo más abarcador posible. Si Bordaberry es una referencia en algún sector de la ciudadanía es muy bueno, si el Foro lo es también es muy bueno, en fin. El partido tiene que diversificar su oferta. Antes era derecha, izquierda, centro, etcétera. Hoy no sé cuáles son las tipologías; lo que tengo claro es que hay que tener una cosa mucho más abierta, tal vez con un vector que mantiene todo de manera armónica y donde todo confluye. Por ejemplo, en la última elección interna, y no es cosa de qué candidato, pero ¿cómo la gente se iba a entusiasmar con una candidatura única? El Partido Nacional estaba en una competencia feroz, haciéndole el contencioso al eventual aspirante más fuerte, y nosotros con la candidatura única.

Y en política la competencia es imprescindible. Entonces, los relevos generacionales tienen que competir y tienen que mostrar atributos distintos. Bordaberry es muy distinto a mí, por ejemplo, y yo soy distinto a otros compañeros. Tengo la impresión de que es muy lindo que haya una mezcla y que cada uno aporte lo suyo, donde sea, porque tampoco está muy claro donde cada uno va a aportar lo suyo…

-…Tal vez he insistido demasiado con las diferencias de perfil hoy, que son diferencias en realidad históricas, entre Sanguinetti y Batlle. Por un lado es obvio y por otro lado no me interesa centrar exclusivamente en ellos la situación del Partido Colorado. Pero para el planteo que el diputado Abdala hace, volvemos a ese centro. Da la impresión que la actitud de Sanguinetti es más afín a esa idea…

-….Sí, sí…

-…Mantiene su liderazgo pero da la sensación de que está alentando el juego de la renovación, mientras que la reaparición de Batlle deja la impresión de un elemento obturador…

-…Yo…, yo no hago esa lectura, porque también Batlle ha sido explícito en que no va a ser candidato. Y uno ve a la 15 bastante movediza, se ve a Amorín Batlle con cierto optimismo, a los ex ministros también. La verdad, tal vez yo no esté leyendo bien la realidad, pero creo que también ahí están alentando el espacio de la oxigenación. Es más, lo veo a Bordaberry muy activo, claramente con una postura de querer avanzar en la interna del partido.

 

¿Blancos o colorados?

-Está bien. Pero mis preguntas venían para terminar en esto. En una nota reciente, el ex presidente Lacalle dijo que en el país finalmente se había dado la polarización entre dos grandes sectores como decía Seregni, aunque aclaró que Seregni se equivocó porque aseguró que esos sectores iban a ser la izquierda y los colorados, y él, Lacalle, está convencido que hoy, y mañana también, son y serán la izquierda y los blancos. Y lo sostuvo en una mayor movilidad que advierte en el Partido Nacional y por esa situación de los liderazgos ya viejos pero muy fuertes de Sanguinetti y Batlle.

-Si algo muestra el sistema político uruguayo es que es bastante policromático. Si uno hace las cosas medianamente bien siempre hay espacio para estar adentro. El Partido Nacional hoy tiene notorias ventajas porque es más importante electoralmente que nosotros, pero ya están cantadas sus candidaturas, creo que nadie ignora quiénes van a pelear por las candidaturas ahí. En el Partido Colorado, no. En el Partido Colorado si algo hay de interesante es que capaz que la gente que está puede funcionar como una novedad, como una sorpresa. ¿Quién imagina entre nosotros a los candidatos, cómo puede ser una fórmula electoral? Otra cosa: la reforma de nuestra carta orgánica va a ser de carácter revolucionario, vamos a ser un partido nuevo ya este año, con un formato muy moderno. Estamos obligados a hacer una revolución interna, pacífica, democrática, pero revolucionaria al fin, porque si no desaparecemos de la conversación.

Capaz que tenemos una oportunidad, porque nadie está mirando demasiado para nosotros y gradualmente vamos arrimando el bochín, vamos arrimando el bochín.

-Si entiendo bien, su planteo es: a partir de un elemento central que sería la reforma de la carta orgánica, generar un partido renovado que deje a los hombres nuevos en posición de competir electoralmente y, paralelamente, un mutis por el foro, de los grandes líderes…

-…Mutis por el foro no van a hacer, porque son referencias importantes. A ver, es como Alfonsín, a quien se le sigue oyendo opinar…

-…Sí, pero yo no sé si eso le ha hecho bien al radicalismo…

-…Puede que sí y puede que no, pero también es cierto que, en el ejemplo español, por citar otro caso, Felipe González sigue teniendo una voz en el mundo socialista, pero es una voz, no ya el líder. Vuelvo a repetir: dependerá de los que estemos en la puja, para intentar avanzar y tener más apoyatura ciudadana si lográs dar con el saco. Si la gente ve que el saco te queda grande, se aleja; y si ve que te calza bien, te acompaña. ¿Cuánta gente no creía que Larrañaga podía dar una batalla cuando gana sobre Lacalle? Ese fue el verdadero bautismo de Larrañaga. Los liderazgos no se construyen sobre otra cosa que sobre instancias electorales. Nosotros estamos imaginando el formato, el piso, la base para que después los pingos larguen y hagan su carrera.

-Mi duda es si esa posición que está expresando el diputado Abdala, que es casi un sentimiento, es la misma de otras figuras de recambio del Partido Colorado que, en el pasado reciente, ya han expresado unas aspiraciones muy definidas. Pongo el ejemplo de Alberto Iglesias.

-Tengo la sensación, por conversar con todo el mundo, haciendo una lectura mucho más colectiva, que hemos aprendido porque el revolcón fue demasiado grande, demasiado dañino, y si no hay una actitud de grandeza esto no va a funcionar. Yo creo que hay madurez. Y si no la hay, somos boleta.

El asunto es recuperar la credibilidad, que a nosotros, sobre todo a partir de 2002, se nos hizo añicos. ¿Cómo se logra? Rompiéndote el alma, laburando, armando un partido ventilado, tomando decisiones más firmes, asumiendo riesgos, haciendo planteos ideológicos que peguen con nosotros pero que peguen con el Uruguay de hoy. Va por ahí la bocha. *

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