Paciencia y firmeza

No tengo la menor idea de si cuando este artículo aparezca publicado ya se conocerán los detalles de las razones de la postergación de la reunión de los dos presidentes, Vázquez y Kirchner, del día de ayer. No es lo fundamental.

Voy a realizar mi lectura personal, con el nivel de información que tienen todos los ciudadanos de mi país.

La realización de la cumbre de Anchorena estuvo precedida de reuniones para avanzar en un acuerdo, en un documento. Es obvio. Dos presidentes no pueden reunirse y correr el riesgo de comprobar los niveles de desacuerdo y de fracasar en la «ultima frontera», la «última palabra» en el conflicto. Y también es público y notorio que se estuvo trabajando entre ambas partes, en ese documento.

Esto nos lleva de la mano a una primera comprobación grande como una casa: era absolutamente cierto que la reunión de Chile fue una conversación, sin ninguna negociación de por medio, y que ambos presidentes definieron una estrategia de paso a paso. Considerando que en cada país, además de las autoridades, hay otros actores.

En Uruguay, además del gobierno, en este proceso están las empresas, que son las únicas que pueden decidir –de acuerdo a las leyes nacionales– una paralización o cualquier medida que afecte el ritmo de la construcción de las plantas, los trabajadores involucrados y naturalmente los sectores políticos y la propia sociedad en su conjunto.

En Argentina, además del gobierno nacional, está involucrado el gobierno provincial, las asambleas ciudadanas de Gualeguaychú y de Colón (o si queremos los piqueteros), otras provincias interesadas, sectores empresariales y la sociedad argentina en su conjunto.

Reitero: todos los que afirmaron y reafirmaron que en Santiago de Chile se había producido una negociación deberían morderse la lengua. No lo hacen, al contrario contraatacan. A ellos nos dedicaremos más adelante.

La segunda comprobación evidente es que el gobierno uruguayo no está de acuerdo en firmar y acordar cualquier cosa, ni en los documentos principales, ni en los anexos ni en nada que comprometa el tema de fondo, que es donde se define toda la cuestión.

Cuando se va a negociar, lo fundamental es saber exactamente cuales son los límites, hasta dónde se puede llegar y hasta dónde no hay ningún terreno para negociar. Y en esta suspensión queda claro que ésa es la situación. ¿Cuáles son esos elementos básicos?

Primero. Que las plantas de celulosa se construirán. Porque ofrecen todas las garantías que exigen nuestras leyes de protección ambiental que son muy severas, mucho más severas que las argentinas y porque como lo demuestra abundante documentación se han dado los pasos diplomáticos requeridos para ello. Incluyendo documentos oficiales argentinos. A estas razones, ahora se agrega una nueva, de mucha importancia: el Uruguay no puede ceder –ni cederá– en la decisión soberana fundamental que adoptó sobre este tema. De lo contrario comprometería todo su futuro. El gobierno lo ha repetido hasta el cansancio.

Segundo. Que las plantas se hacen en esa zona. Porque no hay ninguna razón seria y fundada para desplazarlas, los estudios están hechos sobre esa zona y por una razón muy simple: porque desplazarlas implicaría que no se construyan. Y eso no está en discusión.

Tercero. La tecnología que se utilizará será la que se ha definido en el proyecto original. Porque es la más moderna existente, porque los estudios de impacto ambiental se han hecho sobre la base de esa tecnología, porque el proyecto industrial es ése y porque es la tecnología más empleada en el mundo y en los países desarrollados y la que ofrece las mejores garantías para nuestros habitantes y para toda la región.

Cuarto. Estamos dispuestos a los más severos controles conjuntos –argentinos y uruguayos– en cualquiera de las fases: de la construcción, del funcionamiento de las plantas. Y si hubiera algún problema de contaminación, los primeros en reaccionar seremos los uruguayos, no tengan la menor duda. Para nosotros la protección al medio ambiente además de haber crecido notoriamente en los últimos años en la atención pública, es un valor económico fundamental. Por la gente y por el bolsillo, somos muy sensibles.

Estos son los elementos básicos. Todo lo que nos permita avanzar en esta dirección será un paso adelante, todo lo que implique escollos y, sobre todo, trabas insalvables no lo aceptaremos. Esta posición es válida para cualquier etapa de la negociación.

Las declaraciones de los representantes de las asambleas de Entre Ríos y de algunos representantes del gobierno de Entre Ríos, así como de algunos altos cargos del gobierno nacional van en otra dirección, hay que asumirlo nuevamente. Lo único que aceptan es la paralización definitiva de las construcciones y algunos, la demolición de las obras. Y de allí no se mueven. Con esa gente el diálogo es muy difícil, casi imposible. Para nosotros lo que vale es la ley y el respeto a las normas nacionales, regionales e internacionales y la mejor disposición al diálogo.

Ahora, ocupémonos de la oposición, tan presta a salir a declarar casi festiva por la suspensión de la reunión presidencial. Ambos secretarios generales de los partidos Colorado y Blanco, sin matices –lo que confirma que hubo un gobierno rosado y hay una oposición rosada, que ni siquiera necesita coordinarse, reacciona automáticamente y al unísono–, salieron a golpear duro.

Salieron a golpear luego de Chile, acusando de aceptar los piquetes y, sobre todo, afirmando que se ponía en igualdad de condiciones a una actividad lícita y otra ilícita. Señores, no somos nosotros los que creamos esta situación, ocurre del otro lado de la frontera, es otro gobierno, es otra sociedad donde los piquetes son moneda corriente. ¿Por qué directamente no proponen que invadamos Argentina? Total, los micrófonos y las cámaras son gratis y se puede decir cualquier cosa impunemente. No proponen nada serio, sólo ruido y batifondo.

No tuvieron ni la paciencia ni la grandeza de esperar una hora. El Presidente siguió su gira por diversos países explicando la posición uruguaya y reafirmando que con los piquetes funcionando no dialogaba ni negociaba. Palos porque bogas y palos porque no bogas. Antes del encuentro de Chile ya habían criticado porque no se tomaban más iniciativas. Les preocupa mucho más la revancha política, que el país. Lo digo con todas las letras.

Supongamos que el gobierno se hubiera equivocado –que según mi visión e información no lo hizo–, ¿no era mucho mejor para el país esperar, mantener el frente unido como lo hicieron intendentes del interior totalmente comprometidos y que están en la primera línea, como Lafluf, Vidalín, o incluso críticos agudos e ideológicos del gobierno como Maggi y Williman? Siempre hay tiempo para balances, para críticas, para cobrar cuentas. Pero no, ellos no esperaron un minuto, un segundo. Saldrán a decir que ése es el papel de la oposición. Falso, si esa hubiera sido la actitud de la izquierda durante la crisis del sistema bancario, muy otra hubiera sido la situación. Tienen mirada corta y memoria corta.

Y además, hablan porque saben muy bien que todos los elementos de la negociación y del problema no se pueden exponer, porque comprometerían toda la situación. Ya llegará el momento. Yo le sigo teniendo confianza a los uruguayos, a la inmensa mayoría de los uruguayos y al gobierno de todos los uruguayos y sé que nuestro tamaño y nuestra bronca tiene dos canales para manifestarse: paciencia, mucha paciencia y firmeza mucha firmeza. Y las plantas se harán como que nos llamamos orientales.*

(*) Perio
dista.

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