Sepultan restos de Fernando Miranda

Los restos del profesor y escribano Fernando Miranda serán velados hoy a partir de las 9 horas, en el aula de la Facultad de Derecho que lleva su nombre. Será un homenaje austero, sin oratoria ni procesión multitudinaria que lo acompañe a su última morada: el cementerio del Buceo.

A 30 días de confirmarse a través de exámenes de ADN, que los restos óseos hallados en el Batallón Nº 13, corresponden al escribano y militante comunista, Fernando Miranda, se procederá a efectuar el sepelio y su posterior sepultura. Los restos estarán depositados en una urna, en el salón Nº1 de la Facultad de Derecho, permaneciendo en el lugar desde las 9 a las 13 horas.

Su hijo, el abogado Javier Miranda, dijo ayer a LA REPUBLICA que no tiene palabras para definir este hecho, que significa el entierro de los restos de su progenitor. «Estoy tratando de desestresarme y de llevar una vida normal, en lo previo al sepelio de mi padre», señaló el profesional.

Hizo un llamado a que respeten su decisión de tener privacidad al momento de llevar los restos al cementerio del Buceo, «sin gente ni prensa.»

 

«La rebeldía siempre queda»

Miranda, secuestrado el 30 de noviembre de 1975, integró la comisión directiva de la Asociación de Escribanos del Uruguay (AEU). Fue director de la revista jurídica de la AEU y participó de varias comisiones técnicas. Fue un destacado docente de la Facultad de Derecho. Llegó a ser secretario de la Junta Electoral de Montevideo, tras ser electo en las votaciones nacionales de 1971.

El presidente de la AEU, Gerardo de los Reyes, explicó a LA REPUBLICA que pertenece a las generaciones que recibió el legado de personas como Fernando Miranda. Le reconoció la condición que tuviera de profesional universitario, y enfatizó que hoy será un momento de dolor y recogimiento, pero también de recuperación de la dignidad. El escribano Guillermo Stirling fue alumno notarial cuando Miranda eran docente en la Facultad de Derecho. Posteriormente, cuando el ex ministro del Interior, culminó la carrera y comenzó a ejercer, tuvo con el ex militante comunista una amistad y un vínculo en común: la pesca en el balneario La Coronilla. Stirling manifestó a LA REPUBLICA que Miranda «era una persona muy afectuosa; estricto como profesor, con una gran capacidad pedagógica.»

Confirmó que cuando se enteró de la desaparición de Miranda, llamó telefónicamente a su esposa para solidarizarse. Posteriormente, empleó a la secretaria del ex militante comunista, a sabienda de sus conocimientos y por estar sin trabajo. «Esta secretaria estuvo un tiempo trabajando conmigo. Era una persona capaz, muy bien formada por Miranda», acotó Stirling. «Cuesta creer que un hombre de este tipo, pacífico, le haya pasado lo que le pasó. No estaba en ninguna actividad guerrillera. La rebeldía siempre queda ante actos de injusticia. Que maten a una persona por sus ideas, es incomprensible», enfatizó Stirling.

 

Miranda y el CDC clandestino

La escribana Ana Varela también conoció a Miranda. Fue estudiante de la Facultad de Derecho, y se encontraron por primera vez al participar ambos de la Comisión de Asuntos Docentes de la referida casa de estudios. Cuando ella se recibió, los dos militaban en el orden docente. Varela lo calificó como uno de los docentes más generosos con la transmisión de sus conocimientos. «Siempre disponía de tiempo para los profesionales más jóvenes. Era muy exigente con él y con los demás», acotó.

Al momento de desaparecer tenía 56 años. La escribana recordó que cuando se produjo la intervención de la Universidad por parte de los militares, Miranda y ella, decidieron participar del Consejo Directivo Central (CDC) que sesionaría en la clandestinidad. Pudieron descubrir el lugar de reunión, y para allí fueron. En ese entonces, la mayoría de los decanos fue detenido. Sólo el decano de Ciencias Económicas, el actual ministro de Economía, Danilo Astori, y el decano de Odontología, González Methol, estaban en libertad.

Miranda hizo un llamado telefónico al ex decano de Derecho, Saúl Cestau para saber en qué situación estaba la Universidad, tras la intervención militar. A los pocos minutos, le respondió: «Nada se puede hacer, y es para largo.»

La escribana Varela informó que pocos años después, cuando los militares fueron a detener a Miranda a su casa, éste se encontraba en Punta del Este. Su esposa se comunicó telefónicamente con él y regresó de inmediato. Al llegar, los militares lo estaban esperando para proceder a su secuestro. Ese fue el último día que lo vieron públicamente. *

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