Muñoz: "Queremos entrar en el acuerdo de producción de medicamentos del Mercosur"
Señora ministra, en estos días el Partido Socialista ha decidido salir a la calle para explicarle a la gente dos de los «proyectos insignia» del gobierno: la reforma tributaria y el nuevo sistema nacional integrado de salud. Más allá de este loable esfuerzo, ¿le podemos decir ya a la gente en qué consiste ese proyecto de sistema nacional de salud?
–Lo podemos hacer porque nuestro programa de gobierno lo dice. Me parece que en lo que hay alguna confusión y quizás desde el Ministerio también hemos hecho demasiado hincapié– es en los proyectos de ley que son la consecuencia última de los cambios y no los cambios en sí mismos, algunos que hemos logrado y otros que debemos seguir trabajando para lograrlos. El sistema nacional integrado de salud, para su concreción, tiene cantidad de dificultades y de fuerzas que se oponen porque, naturalmente, los ciudadanos terminamos diciendo más vale malo conocido que bueno por conocer y nos aferramos a las prácticas y también al sistema que tenemos sin querer descubrir o cambiar. Esas resistencias son las que hay que ir venciendo con la participación de todos. Estamos trabajando, desde antes de asumir en el Ministerio, en un Consejo Consultivo de Salud para los cambios donde están los trabajadores públicos y privados, las instituciones privadas y otros actores y, en realidad, nos parece que en ese ámbito este año tenemos que concretar algunos trabajos. Ya presentamos a la bancada del Frente Amplio el borrador de la descentralización de ASSE. Esto implica desde poner a los servicios de salud del Estado en carrera para que se transformen en prestadores de atención integral para los ciudadanos, hasta darle la posibilidad de tener mejores condiciones laborales y mejor remuneración a sus trabajadores. O sea, un servicio descentralizado que sea líder, que sea motor de los cambios. Quiero aclarar que este no es un proyecto innovador del Frente Amplio, sino que ya se había visto como necesario por parte de gobiernos anteriores, aunque no tuvieron la oportunidad de culminarlo. La próxima semana todos los partidos recibirán el borrador del proyecto para que lo conozcan en detalle y, cuando llegue al parlamento, hacer sus aportes.
–Me voy a poner más que en periodista, en una suerte de mediador. Es decir, tomar la voz de gente que, con menos información, se plantea diversas dudas. La voz de los ciudadanos comunes. Días pasados, hubo unas declaraciones del contador Olesker, director de este Ministerio, que, en síntesis, daban la impresión de que Salud Pública debería tener alrededor de 500.000 usuarios menos de sus servicios para lograr un cierto equilibrio hacia el futuro. ¿Es así?
–En realidad, cuando se ve la situación desde un exclusivo análisis económico, si no se aumentan los recursos es necesario tener menos población usuaria. De todos modos, esa no es ni una cifra inamovible ni una situación que se piense congelada en el tiempo. Cuando Olesker dice «menos usuarios» ahora, es porque ahora el dinero que hay para cada usuario del sector público es de 300 pesos, mientras que lo que se gasta por un usuario de, por ejemplo, un ente o un banco, es 2.300 pesos. O sea, el sector público está invirtiendo mal y con una diferenciación muy grande para algunos sectores. Si comenzamos a construir un fondo público, y ASSE comienza a recibir más dinero, podemos equilibrar ese aporte. El otro aspecto por el cual es importante decir «puede haber un sector que se desplace hacia el sector mutual» es que éste tampoco es un sector privado, porque ha sido subsidiado por el Estado y es propiedad de los usuarios en su mayor parte y queremos que conserve su componente de concepción solidaria, que es muy importante. Quien es socio de la Española que siga siéndolo, que vote dentro de ella a los mejores dirigentes, y así con el resto del sistema mutual. La cuestión es que la adhesión a una mutualista se convierta en una adhesión al cuidado de la salud y al compromiso con un médico de cabecera o de familia para que todos estén bien atendidos y bien cuidados.
–Pero ¿cuál ha sido la realidad…?
–…lo que nosotros vemos es que durante los últimos veinte años ha habido una absoluta falta de rectoría por parte de Salud Pública en todo lo que tenía que ver con la salud, pero sobre todo una enorme falta de contralor del sistema privado. Ese contralor dio lugar a que cerraran muchísimas instituciones y dio lugar, por otra parte, a que exista en las otras una capacidad ociosa por la cual pueden responder a una mayor demanda. Esto hace que podamos trabajar durante este año con una ampliación de lo que llamamos la base de la seguridad social, que vaya incorporando en ese subsector personas que hoy no están cubiertas o están parcialmente cubiertas por los servicios de salud del Estado. Cuando digo «parcialmente cubiertas», quiero hacer una distinción bien importante porque es una de las prácticas que hay que incorporar en el ciudadano: no es cobertura en salud el que tiene un carné de asistencia y sólo lo usa cuando debe internarse; es cobertura de salud el que tiene esa herramienta, o el que paga una cuota, pero tiene un médico de cabecera y se hace controles periódicos y que cambia hábitos y prácticas para mantenerse sano. Eso es control de salud.
Los hospitales públicos
–Hay otra inquietud que uno ha podido recibir de la gente, ministra. ¿Qué va a pasar con los hospitales que dependen de Salud Pública? Y le agrego algo: hay una diferencia tan grande entre unos y otros por ejemplo, es claro en Montevideo entre el Maciel y el Pasteur, y también es claro en el interior si comparamos Tacuarembó con San José– que la gente también se pregunta si hay solución o formas de integración o algunos simplemente van a desaparecer.
–El país necesita toda su infraestructura y quizás alguna más porque necesita atender a su gente. Nosotros tenemos un modelo de atención basado en una situación epidemiológica de cuarenta años atrás y hoy tenemos una realidad completamente distinta, donde el 17 por ciento de la población es mayor de 60 años y el 13 por ciento mayor de 65, y estamos con un modelo de enfermedades trasmisibles del siglo pasado. Hay que adecuar el modelo a la situación epidemiológica del país. Los hospitales, al igual que todas las instalaciones de ASSE, tienen una situación totalmente heterogénea. El hospital de Tacuarembó es un hospital estrella, emblemático para el resto del Uruguay; el hospital de San José, realmente, no puedo creer cómo la comisión de obras que tenía pudo administrar tan mal la cantidad de recursos que recibió.
–Ese sería un ejemplo de dónde no hubo rectoría de Salud Pública…
–…no hubo rectoría de Salud Pública y no hubo trabajo de la comisión de obras. Una cosa que me llamó la atención en San José fue la mala administración de los recursos en la continuidad de la atención de una persona que va a hacer una consulta y puede quedar internado. El hospital Maciel, por ejemplo, yo hacía años que no lo veía y es un orgullo para los uruguayos, desde la atención personal hasta la infraestructura. Es una perla, incluso en cuanto a su aspiración a mejorar, su necesidad de superación.
–Volviendo al asunto de la rectoría de Salud Pública, ¿se pensó a involucrar a las autoridades municipales para que ejerzan, coordinando con el Ministerio, alguna forma de colaboración que mejore la realidad?
–Se pensó involucrar a todos los sectores de la sociedad organizada y fundamentalmente a los gobiernos locales, que son los que están más cerca de la gente, que hacen efectiva la participación popular en estos temas. Están todos involucrados. Le decía el otro día a los direc
tores departamentales: el que quiere administrar con los recursos que quiere, es un mal administrador; el buen administrador es quien lo hace bien con recursos escasos. Este país, que viene con un endeudamiento muy grande y una situación económica deficitaria y una desocupación altísima, no puede pretender tener en salud lo que no existe en otras áreas fundamentales. Nosotros mismos debemos ingeniarnos para tener recursos del Ministerio y recursos extra que otros uruguayos puedan darle a los hospitales.
–Yo iba al tema de las intendencias porque los intendentes son naturalmente líderes en su ámbito. Usted misma, que viene del área municipal capitalina, seguramente valorará todo lo que la Intendencia ha hecho, en sucesivas administraciones, en el sentido que estamos hablando, con las policlínicas barriales.
–Eso es, además, un modelo de participación popular. Desde el Ministerio ya hemos concurrido dos veces al Congreso de Intendentes para solicitar apoyo y hemos recibido también de los intendentes algunas inquietudes, muy bien fundadas.
El médico de familia
–El médico de familia fue una figura muy apreciada, muy cara, en los proyectos del gobierno sobre salud. El Ministerio de Salud Pública, una vez que los designe, ¿de qué manera los ubicará? ¿En algún aspecto tendrá relación con el ámbito mutual?
–Esos médicos en realidad no van a ser todos médicos de familia, porque tenemos alrededor de 40 jóvenes que han terminado el posgrado de medicina familiar, no todos los demás lo habrán hecho al momento de comenzar su tarea, pero debimos convocar a 100 porque era necesario. Esos médicos se desempeñarán en Montevideo y en el interior del país. Van a trabajar para el Ministerio de Salud Pública, para las dependencias de ASSE y con una carga horaria a fin de ir tendiendo a la concentración laboral en un lugar, aunque por ahora sólo podemos disponer de 36 horas semanales. También el sistema integrado de salud admitirá que una institución privada, donde no tenga médicos para ese primer nivel, pueda contratar con ASSE para que esos médicos de familia atiendan sus requerimientos. Claro que eso todavía lo tenemos que regular.
–Siguiendo con este tema, usted sabe, primero como médica antes que otra cosa, que uno de los reproches que la gente suele concentrar en la figura del médico es esa suerte de deshumanización que se ha ido produciendo, en parte por una alta concentración en la especialización que ha ido dejando de lado aquella vieja figura del médico clínico al que se le tenía tanta confianza. ¿Esa figura es equiparable al médico de familia? Porque podría ser ésta la antesala para cambiar, en la Facultad de Medicina, algunos aspectos de la formación profesional que hoy parece necesario.
–Creo que es necesario que las autoridades universitarias analicen estos fenómenos y vayan tomando lo que está bien y corrigiendo lo que está mal, pero con una cabeza abierta a los cambios. El plan de estudios de la Facultad de Medicina sin lugar a dudas necesita cambios y también el médico generalista o de familia necesita sentir el reconocimiento social que se merece. Pero hay también necesidad de un cambio en la cultura del usuario de los servicios de salud, que debe comenzar por entender la importancia de la consulta preventiva y los hábitos sanos.
El mutualismo
–Acerca del mutualismo hay una imagen idílica, que heredamos de la inmigración, aquello de la solidaridad, en fin. Pero también es verdad que las mutualistas han ido mutando en el tiempo y ahora mismo hay algunas temblequeando por la crisis y otras grandes, más poderosas, en las que se siente que se ha ido perdiendo aquel espíritu primordial, de pertenencia, de solidaridad. Las principales quejas son la forma como es tratado el paciente y una suerte de encarecimiento de los servicios por vías indirectas: órdenes diversas, análisis, medicamentos…
–…eso preocupa mucho al Ministerio. Recientemente tomamos dos medidas emblemáticas y que, por ahí, algunas instituciones han criticado como populistas o que les afectan en sus costos. Sin embargo, esas medidas tienen por fin, en primer lugar, mostrarle a la institución que no puede, mediante los copagos órdenes, tickets–, hacer egresos de sus ingresos. Eso no puede seguir siendo de esa manera. En segundo lugar, elegimos dos situaciones que son también emblemáticas para el colectivo social; por eso este año no se pagarán órdenes ni tickets para el control del embarazo y tampoco para el control y asistencia del diabético. Han protestado, se han quejado algunas instituciones, hay dificultades, pero es muy pronto para evaluar. No obstante, es otra señal de que reconocemos que los copagos son muy altos. Deben existir, porque hay que poner una barrera a la gente que sobreutiliza servicios, eso es educación, pero no podemos permitir que esos copagos impidan la accesibilidad a los servicios adecuados. El afiliado a una mutualista debe pagar por fuera la «hotelería», cama solo, la televisión, en fin, y también aquella tecnología que no está aceptada en la universalidad de los uruguayos; por ejemplo, pagar por fuera la estética y no la reparación en términos quirúrgicos. Estamos trabajando en los planes integrales de atención de salud, sobre distintas patologías, para que en el contrato con el ciudadano esté claro qué le cubre la institución y qué no.
–Ese es un tema relevante y pongamos el caso de los medicamentos, cuyo costo real hoy en el país es muy alto, se llegue a ellos como se llegue. Desde hace un tiempo, la Facultad de Química ha puesto en marcha, en su polo tecnológico de Pando, la fabricación propia de algunos medicamentos. ¿Esto es apoyado por el Ministerio, hay alguna coordinación en esta área?
–Totalmente. Respaldo y coordinación. Admiramos la capacidad que ha tenido el decano de introducir en el país una sinergia entre la Universidad y el sector privado, que creo es ejemplo para el resto de las facultades. Está trabajando haciendo cosas para el país e involucrando al sector privado, que es el que tiene que invertir y arriesgar y nos ha asesorado en todo lo posible. Hay que ver que el Uruguay solo nunca va a tener producción en grande, porque somos un mercado de tres millones de personas, que a nivel universal no es nada. Apoyamos este emprendimiento y también los regionales, porque Argentina y Brasil firmaron un acuerdo para la producción de medicamentos. Uruguay quiere entrar, al igual que Paraguay, y hay voluntad para que esto sea una realidad. No construiremos interacción en el Mercosur si lo chiquitos quedamos afuera. Hemos protestado, sin hacer de enanos llorones, porque queremos estar incluidos. Estamos trabajando en eso para integrar esa gran red de producción, de la que también participa el sector privado.
Otras luchas
–Circuló la versión de que la lucha contra el hábito de fumar no será la única en que se empeñe el Ministerio. Se dijo que, una vez consolidada, se iría a otro campo, un poco diferente, pero también a fin de cambiar hábitos: educar a los uruguayos para que no consuman «comida chatarra». ¿Es así?
–Es así. No es que queramos transformarnos en prohibidores pero sí en difusores de hábitos y prácticas saludables. La primera es la de los ejercicios físicos, que estamos difundiendo. Otra es la de la alimentación saludable. Se han hecho reuniones con los directores de escuelas y liceos y los dueños de las cantinas, viendo cómo sustituir alimentos de la llamada «chatarra», no saludables, por otros que ayuden a conservar la salud. Tratar de incorporar el hábito de la fruta en los niños en el recreo. Creemos que es una de las campañas que el Ministerio debe
hacer. En cuanto a la campaña contra el hábito de fumar en lugares cerrados es algo que el país se debía, porque protege al no fumador. No es una cruzada contra los fumadores, sino que preservamos la salud del no fumador. Esto se hará ley, hoy es un decreto. A requerimiento del Parlamento, el proyecto irá la próxima semana.
–La última, y no lo tome como una picardía. Todo el mundo le reconoce, además de sus aptitudes profesionales, la calidad de una mujer política. Cuando usted se retira de la Intendencia, regresa a la actividad privada y todo parecía indicar el adiós a la actividad pública. Sin embargo, de inmediato el Presidente la convoca, le da una gran confianza y la respalda repetidamente. Y hoy está al frente de una cartera donde lo político está lejos de ser ajeno…
–…no le pude decir que no al Presidente.
–…y queda convertida en una figura pública que, para el imaginario colectivo, podría tener una proyección futura. ¿No se imagina como la Michelle Bachelet uruguaya?
–¡Ni Dios permita! Apelo a la sabiduría de los uruguayos que van a saber encontrar mejores candidatos. *
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