Astori en Londres y el juego geopolítico de Inglaterra

Oficialmente, al menos, Astori llega a la capital inglesa, en una visita auspiciada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, para recibir un premio otorgado por la revista bancaria y financiera inglesa «The Banker» (El Bancario). El premio es para «el mejor ministro de Economía 2005″.

Al Uruguay esto le sirve. Sin los bancos hoy no se puede hacer ningún negocio de peso a nivel internacional. Pero que quede bien claro: Inglaterra está interesada en levantar puentes bilaterales entre Latinoamérica y Gran Bretana, especialmente luego de la desastrosa campaña militar anglo-americana en Irak, que la está aislando del mundo.

Hace dos semanas fue el turno del brasilero Lula. Hoy le toca a Astori. Mañana puede ser algún canciller argentino o chileno.

Uruguay puede hacer su juego geopolítico también. La bilateralidad anglo-uruguaya se remonta a los años del embajador Millington Drake, a la batalla naval contra el Graf Spee y por último a la guerra de la islas Malvinas Thatcher-Galtieri.

¿Qué sacó Uruguay de toda esta historia diplomática? Muy poco. Tal vez llegó la hora de apretar algunas tuercas y sacar más provecho para nuestro país. Uruguay siempre fue amigo de Inglaterra. Pero la ruta estuvo flechada para un solo lado.

En Londres están las casas matrices o sucursales bancarias de inversión más importantes del mundo. La bolsa de valores de la City londinense es la de más envergadura del continente europeo. Uruguay podría apuntar a una política mundial que oriente flujos inversionistas a Montevideo, más que a otras capitales latinoamericanas. Esto va a ser inevitable si queremos parar la tendencia a la baja de nuestra economía. De no hacerlo, esos «flujos» se van a ir al este europeo, al lejano oriente o a otro país latinomamericano, como Chile, por ejemplo.

La semana pasada, monitores ingleses abandonaron una misión de custodia en una prisión palestina que terminó con un violento ataque israelí. La ira palestina produjo un levantamiento espontáneo en Gaza que terminó con el asalto y quema de una sucursal del banco inglés HSBC. Lo mismo ocurrió con una sede cultural británica, a pocas cuadras de distancia. Esto es una mala señal para los inversionistas internacionales que quieran invertir en Gaza. Uruguay ya no puede darse ese lujo. Pero Inglaterra tampoco puede repetir yerros diplomáticos como el de los monitores y como el de Irak.

El problema para Uruguay es lo que en Inglaterra se llama el «Quid Pro Quo». Que es: «yo te doy plata pero vos me tenés que dar algo a cambio». Si el interés de la Corona británica en Astori se traduce en la obligación de Uruguay de mandar un pelotón simbólico a Irak, Afganistán o cualquier otro foco bélico contencioso futuro, entonces el puente bilateral sería de tránsito dificultoso.

La relación Uruguay-Gran Bretaña precisa de maduración. Precisa transformarse en una comunicación entre adultos. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay necesita una política inteligente a largo plazo. No vamos a relacionarnos con Gran Bretaña sólo porque los escoceses hagan buen whisky o porque los ingleses tejan buenos «pullovers» de lana cashmere.

Tampoco porque los británicos precisen una «gauchada» de vez en cuando. Cabe hacerse la pregunta: ¿qué hizo Gran Bretaña durante los años negros de la dictadura militar? Miró para el otro lado. Uruguay debe buscar, con una buena política internacional, que las naciones amigas e interesadas también protejan nuestras instituciones, nuestros derechos humanos y nuestros gobiernos democráticos. Tan firmemente como ellos protegen los suyos.

En Irak la corona británica metió la pata feo. Cuando le convino, sacó a relucir el argumento democrático tardíamente. Esto lo sabe todo el mundo, especialmente el Ministerio de Relaciones Exteriores inglés.

La noción de Blair como «hombre fuerte» geopolítico suena trucho. Más bien, el apodo que se ganó en Europa fue de «poodle» de Bush. El «poodle» es un perrito faldero famoso por estar sólo de pinta. Ahora, le corresponde a Inglaterra trabajar duro para ganarse nuestra confianza.

En algún momento el Departamento de Estado, el Pentágono o la CIA, nos van a pedir que elijamos entre George W Bush y el venezolano Hugo Chávez, por ejemplo. Probablemente voluminosos préstamos mundiales a bajo interés estén en juego. Cabe la pregunta: ¿qué podemos esperar en ese caso de Gran Bretaña? ¿Mirarán otra vez para el otro lado? Para Uruguay, la visita de Astori a Londres tiene que ser seguida por una campaña informativa eficiente de lo que aspira ser nuestro país en el plano internacional. Otras visitas deben organizarse a otros países europeos. Pero con visitas y espaldarazos solamente no se llega a ningún lado.

El infantilismo que gobernó los destinos de Uruguay desde la Segunda Guerra Mundial debe dar paso a un Uruguay adulto, con claros caminos de relacionamiento internacional. Estamos a 6 años del nuevo milenio. ¿Tenemos un plan diplomático para los próximos 50 años? ¿Y para los próximos 10 años? Bueno, ¿y por lo menos algo trazado hasta fin de año? *

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