La columna amarilla
* Un camping en Gualeguaychú que hace su negocio con los bloqueos
-¡No lo puedo creer!, que no sea toda militancia ecologista la que movilice a la gente que corta las rutas en Gualeguychú. ¿Usted qué dice?
-Por supuesto que hay mucha gente muy bien intencionada pero mal informada que entró en la ilegalidad de estar en los cortes de rutas. Pero hay muchos que, obviamente, tienen otro sustento.
-Explíquese.
-Por ejemplo, de los «militantes» que cortan las rutas, unos mil más o menos están alojados en el complejo turístico Ãandubysal, del millonario entrerriano Carlos Sánchez Alzaga, por supuesto que «amigo» del gobernador Jorge Busti e históricamente vinculado con el grupo Yabrán.
-El famoso… Yabrán… el que tenía una estancia en esa provincia en donde apareció muerto. ¿No fue así?
-Claro… el que se suicidó luego de aquellos famosos líos con Cavallo y el gobierno de Menem. Se dice que este señor Alvarez estaría sacando rédito económico del diferendo armado contra las plantas de celulosa, razón por la que estaría «agradecido» y por lo tanto recompensando a los manifestantes de Entre Ríos.
-Así que con los cortes de rutas aumentó el número de visitantes a Ãandubysal. ¿Entendí bien?
-Claro, en años anteriores la cosa no iba bien porque muchos argentinos preferían el balneario fraybentino Las Cañas. Y como el intendente Omar Lafluf lo dijo, a raíz de los cortes, el precio del dólar y el altísimo del combustible, el departamento había perdido casi un 50 por ciento del ingreso de turistas. Ahora que se cerró totalmente la frontera, la cosa es mucho más seria. Es una actividad paralizada.
-¡Pero floreciente para el señor Sánchez Alzaga que está del otro lado del río!
-¿Se acuerda de una cosa? Al principio los cortes de ruta se realizaban los fines de semana, concretamente los viernes, para que la gente ante la imposibilidad de cruzar el puente hacia Uruguay, inevitablemente terminara en ese balneario, ya que es el único en condiciones.
-Un negocio redondo. ¿Verdad?
-Bien redondo, pero le cuento algo más. Sólo para acceder a Ãandubysal, los visitantes deben pagar un peaje de 2,50 pesos argentinos, más un peso por vehículo. Si el recién llegado quiere quedarse, entonces deberá elegir por las cabañas de cuatro personas, abonando 66 argentinos por día por cada una. La opción más económica es la del camping, a un costo de 22 pesos argentinos.
-Usted está bastante informado.
-Sí, claro. Además le puedo decir que en ese lugar se habrían alojado los «activistas» de Greenpeace, que en enero invadieron por agua, tierra y aire, el puerto construido por la empresa Botnia, en el predio donde ésta edifica su planta de procesamiento para extraer la celulosa.
-Eso era de suponerse.
-Además se maneja que de allí no sólo salieron los gomones que trasladaron a los «activistas», sino también el helicóptero.
-Todo un centro de agresión contra Uruguay, ¿verdad?
-Así es. *
* Una versión, la balacera, el odio y el salir a matar
-El fatídico sábado, según supo Sherlock, parte de la hinchada «brava» de Cerro se dirigió al Estadio Centenario en dos grandes camiones que transitaban por Bulevar José Batlle y Ordóñez. Las fricciones entre las «barras bravas» de los dos equipos se habían ahondado esa semana y un grupo de los fanáticos de Peñarol esperó a los vehículos en el cruce con José Pedro Varela, donde hasta se tiroteó a los vehículos.
-¡Qué barbaridad! ¿Qué pasó después?
-Allí los de Cerro bajaron de los vehículos con el fin de perseguir a los de Peñarol y uno de ellos fue atropellado por un automóvil, que lo lesionó en las piernas. El hombre fue internado en el Hospital Maciel.
-¿Y?
-Ese era el caldo de cultivo previo al partido. La violencia más increíble, fuera de todo límite.
-Uno de los integrantes de la barra de Cerro, recientemente procesado sin prisiòn por haber agredido a un policía, junto a un amigo en un momento, al enterarse del accidente del barra brava, creyendo que éste estaba en el Hospital de Clínicas, salieron antes de que terminara el partido dirigiéndose al referido nosocomio.
-¿Y?
-Allí se enteraron de que el hombre había sido trasladado al Maciel, pero cuando salieron a la puerta del hospital universitario se enfrentaron con un nuevo acontecimiento. Un grupo de personas rodeaba a la esposa y al hijo de Héctor Da Cunha, que había recibido momentos antes tres puñaladas de otro grupo de violentos de Peñarol.
-¿Y?
-Fue cuando buscaron, junto a otro grupo de barras bravas de Cerro, a alguien con los colores de Peñarol e hirieron gravemente al muchacho de 17 años, a quien le atravesaron un pulmón de una puñalada.
-¿Y?
-Qué quiere que le diga… Si mucha gente maneja esta versión, un largo hilo de acontecimientos, que se conoce en muchos lados… Si los dos responsables de esa acción fueron procesados, es para preguntarse qué pasa con la Policia. ¿No le parece?
-¿En qué sentido?
-Qué no haya podido avanzar en la investigación de Da Cunha… Parece increíble.
-Lo es. *
*A dos semanas de la muerte de Da Cunha, «sin noticias»
-Algo raro ha pasado en torno al vil asesinato del hincha de Cerro Héctor Da Cunha. ¿No le parece?
-¿En qué sentido lo dice?
-Es que la Policía sigue a ciegas, sin detener al asesino ni a sus cómplices, esa barra brava de Peñarol que, al parecer, tampoco fue identificada.
-¿Cómo? Si los forajidos eran más de veinte.
-Aunque le parezca mentira la Policía no ha podido detener a ninguno que admita pertenecer a la misma y, si lo hizo, no lo pudo probar.
-¿Y por el lado de la dirigencia de Peñarol? Algún dirigente que otro debe saber a qué «becario» ese sábado le entregaron entradas, además tiene que existir una cadena. El dirigente, los jefes de las barras, los «becarios», etc. ¿No le parece?
-Yo no sé qué caminos son los elegidos por la Policía para investigar los hechos, pero la verdad es que no se está haciendo justicia y la Policía, en este caso, parece «estar pintada». ¿No le parece adecuado que se debiera indagar la «cadena de mandos» de esas famosas «barras bravas»?, lo que se muestra como una necesidad imperiosa, porque esperando algún dato fortuito, cuando existe una evidente conspiración de silencio, todo se hace más difícil.
-¿Por qué dice que existe una conspiración de silencio?
-Y, ¿qué le parece? Fue un asesinato vil, brutal, de un hombre pacífico, un padre de familia que no había provocado a nadie. Sólo por lucir su hijo los colores del club Cerro. Un asesinato cobarde, propio de un grupo de anormales, asesinos, incapaces de razonar, ganados por el odio y la irracionalidad, todo sumado a una estupidez gigantesca. Los agresores fueron decenas de personas y ninguna pudo ser identificada. Y el hecho no fue en la oscuridad de la noche, fue de día, en la zona del Hospital de Clínicas. Y nadie tiene nada para decir.
-Es que este hecho, como tantos otros, está mostrando que nuestra sociedad no está bien, que existe una descomposición latente en importantes sectores.
-Claro. De tipos que sólo pueden trascender por encabezar actos de inaudita violencia.
-Pero, además, metidos en una sociedad que no sabe cómo defenderse de esa situación. Aparecen los síntomas del «cáncer» que la carcome y, por una razón u otra, se queda como paralizada encubriendo a los culpables, a los que habría que aplicarles todo el peso de la ley.
-Pero, mi amigo, si en este caso ni siquiera se aplicó la ley del deporte que fue promulgada en el mes de enero. Aquí hubo «morosidades» sumadas. ¿No le parece?
-Claro, y ahora aparecen quienes las señalan. *
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