Desde diputados: Ardió el plenario de la Cámara Baja

Picardía desató un largo debate en Diputados

Timbrazo presidencial a las 16.20; yo, igual que ayer, sorprendido mirando hacia arriba aunque sin la emoción del primer día; arriba, las barras vacías, qué soledad premonitoria.

Gustavo Borsari (Herrerismo) habló de la preocupación de vecinos de Villa Biarritz por la falta de iluminación pública en el parque, mientras los señores diputados Asti y Ortuño se saludaban cariñosamente y hablaban de sus cosas.

Alvaro Delgado (Correntada Wilsonista), se ocupó de otros vecinos menos favorecidos, los de Santa Catalina, que han construido viviendas e instalado servicios públicos en terrenos que la Intendencia aún no fraccionó. Durante esta exposición varios señores diputados conversaron animadamente; la señora diputada Nora Castro, en cambio, inició la rueda de mate- dando al momento un tinte informal hasta cierto punto encantador.

Sandra Etcheverry (Alianza Nacional) recordó el aniversario de la detención de unos disidentes (ahora no recuerdo cuales, parece que son unos cuantos) en Cuba.

A continuación habló Carlos Rodríguez Alvarez (Alianza Nacional) pero confieso que no lo escuché porque apareció el señor diputado Edgardo Ortuño requiriendo mi presencia, muy cortésmente, a fin de brindarme una información.

Luego, Iván Posada (Partido Independiente) reavivó el tema de las papeleras y pidió que, a su regreso, Tabaré Vázquez vuelva a convocar a todos los partidos a ver si se aclara qué está pasando.

Finalmente, Vertil Bentos (Alianza Nacional) se quejó de que la Jefatura Departamental del INAU en Paysandú está sin vehículos apropiados.

Como ocurre siempre, fueron votados todos los pedidos de pase de antecedentes a algún lado. Incluso, algunos señores diputados debieron ser advertidos por compañeros de que ya se había votado todo, porque seguían con la mano levantada.

 

El orden del día

Se acordó cambiar el orden de los temas y ubicar en primer término al proyecto de denominar «Guyunusa» a la escuela número 68 de San José. A esta hora, las barras se habían colmado de túnicas blancas, moñas azules y alguna cabellera docente convenientemente teñida.

Apoyando este proyecto hablaron Pablo Alvarez (Frente Amplio), quien debió ser asistido por un timbrazo amenazante de la mesa debido a que el murmullo en sala no le permitía hablar, Mónica Travieso (Frente Amplio) y Alberto Casas (Herrerismo), quien describió a Guyunusa con tanta ternura y convicción que me emocionó y confundió al mismo tiempo (¿la conoció tanto?).

El proyecto, debe decirse, fue aprobado por unanimidad, lo que dejó conformes a todos, por única vez en la noche.

Después vino Víctor Semproni (Frente Amplio), con su cancha a cuestas y un poco excedido de peso, según me pareció, a plantear los eventuales tratados de libre comercio entre el Mercosur y Egipto y la India, respectivamente. Semproni también debió ser asistido por un timbrazo, lo cual, aunque el legislador oficialista supo agradecerlo con entusiasmo, fue contradictorio o paradojal: es que durante su alocución la distracción se produjo porque desde la bancada del Foro se comunicaban alegremente por señas con los secretarios y con el propio presidente Cardozo. En fin, el hombre es tanto una paradoja como una contradicción ambulantes.

Y después de Semproni, ardió el plenario.

 

La picardía de Abdala

Con su habitual tono de tenor, gesticulando apropiadamente y muy categórico, el señor diputado Abdala  qué curioso, Semproni se levantó y se fue a grabar una nota para la televisión y cuando regresó ya el lío estaba armado- aludió con acidez a la actual situación del Mercosur y a lo que definió como incoherente política exterior del gobierno y le pasó la cimitarra, sin piedad, al Presidente de la República, al canciller y, para que no dijeran que es tuerto, se la agarró con el entrerriano Busti, al que calificó (y aclaró que era para él, para el soldado de Sanguinetti, y no quería que lo fuera para nadie más) de persona no grata.

Y aquí los acontecimientos se precipitaron en cascada. El señor diputado Abdala logró su objetivo (que unos minutos antes había anticipado a un periodista sentado a mi lado): concentrar la atención  siempre la llama-, inhibir cualquier intento de volver al orden del día y generar una discusión política de oportunidad.

Mientras los legisladores oficialistas iban juntando bronca, primero lenta y luego aceleradamente, Abdala recibió previsibles respaldos a su postura, con diversos matices, de José Carlos Cardozo (Herrerismo), Daniel Peña (Alianza Nacional), Germán Cardozo (Foro Batllista) y, un poco más tarde, José Amorín y Guido Machado. Salvo en el caso de Amorín, hubo un común denominador: un tono de voz alto, muy alto, que en el caso particular de Peña generó el temor por la explosión del micrófono que usaba, de algún parlante o de otra cosa (había tanto para que explotara en esos precisos y confusos momentos).

 

Y llegó la reacción

Y pasó lo previsible. En algún momento el corchito del aguante hizo ¡pum! Hubo un indicio cuando Doreen Ibarra y otros, sin que les abriesen los micrófonos, increparon airadamente a Abdala mientras éste seguía calentando a un pueblo del otro lado. Y, claro, saltó la bancada del Frente Amplio, cerrando filas en defensa del Presidente de la República, de su manejo de los temas más candentes y hasta del canciller Gargano (cosa que, yo creo que infundadamente, sorprendió a unos cuantos).

Hablaron, y largo y tendido, los señores diputados Edgardo Ortuño, que fue muy convincente, Carlos Gamou y Gonzalo Mujica y Diego Cánepa (éstos del Nuevo Espacio). Pero la que se puso la bandera al pecho fue la señora diputada Silvana Charlone, quien no sólo fue elocuente sino que impresionó con sus gestos de ira contenida y hasta desprecio enmarcados en su abundante cabellera negra.

En determinado momento, yo volví a mirar hacia arriba. Escolares y maestras se habían ido; enseguida apareció una pareja de jovencitos, como haciéndose mimos, pero, qué lástima, pronto se aburrieron y se marcharon; al rato, a pocos metros de ese sitio, apareció un señor mayor que se durmió a velocidad sorprendente.

El asunto duró hasta la hora 20 y fue muy definido: de un lado, el pícaro señor diputado Abdala sonriendo mientras el trabajo de criticar al gobierno lo hacían compañeros que nunca faltan; del otro, los señores diputados del Frente Amplio defendiendo a Vázquez y a su política exterior, incluyendo el tan sacudido Mercosur.

Si algo faltaba para concluir una sesión muy poco estimulante, téngase en cuenta estas joyitas: Jorge Pozzi (Nuevo Espacio) se negó a hablar, entre risas, porque el presidente Cardozo le dijo que sólo tenía un minuto; el señor de arriba despertó, se sacó el saco, recibió compañía pero no intimó y finalmente también huyó en busca de mejores aires; y, aunque usted no lo crea, lector, volvió a recordarse el entredicho de Jorge Batlle con los argentinos y los pucheritos del ex presidente sentado frente a Duhalde.

No asistí a la media hora final. No lo hubiese aguantado. Es que, aunque a veces no parezca, uno es un ser humano. *

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