Documento interno del FA: "Preservar el espacio privilegiado del Mercosur y desarrollar un bilateralismo múltiple"

"No hay restricciones ideológicas que impidan la expansión del comercio con EEUU, como no las hay para otros países"

«En el marco de nuestras definiciones programáticas y nuestra propuesta a la ciudadanía en octubre de 2004 y con un mundo que enfrentaba los desafíos de la globalización, con una clara orientación a la formación de bloques económicos supranacionales y con nuestros dos grandes vecinos iniciando un proceso de acercamiento e integración, aspirábamos a que nuestro país no quedara aislado.

La idea era iniciar una apertura selectiva a la región que se contrapusiera con el criterio de apertura indiscriminada hacia el mundo entero, unilateral e irracional, impulsada por el gobierno de entonces.

Veíamos y vemos al bloque regional como la única forma de negociación equilibrada con los grandes actores económicos internacionales, pero también queríamos y queremos un proyecto más ambicioso en sus metas; partiendo de la mayor integración comercial lograr desarrollos zonales, cadenas regionales, coordinación de políticas económicas, sociales, culturales y científico-tecnológicas, y también el desarrollo de instancias políticas comunes.

Hasta el presente el Mercosur no ha pasado de una zona de libre comercio, no total, pero de importante alcance, con un Arancel Externo Común hacia el resto del mundo muy perforado. Sus logros se encuentran situados más en el plano político que en el económico y comercial, en el cual es tan notorio como innegable el estancamiento en que se ha caído.

Además de la lentitud del proceso y su falta de profundización se agregan algunos hechos negativos que es preciso destacar:

Argentina y Brasil sacudieron el tablero firmando el 1° de febrero último un Protocolo Adicional al Acuerdo de Complementación Económica 14 (ACE 14); el mismo establece ‘medidas que contribuyan a la adaptación competitiva, la integración productiva y la expansión equilibrada y dinámica del comercio’. En este protocolo se establecen Mecanismos de Adaptación Competitiva (MAC) y se admite, para el caso de verificarse una invasión de importaciones de productos que afecten una rama de la producción nacional, la protección del mercado con una sobretasa arancelaria al volumen de importaciones que supere una determinada cuota fijada por el Estado importador (artículo 16). La sobretasa permitida lleva la protección arancelaria a porcentajes muy cercanos al arancel externo común. Quiere decir que se agregarán nuevas excepciones al libre comercio en el interior del bloque.

Por otra parte, conviene también recordar que el ACE 14 es anterior al Tratado de Asunción, por lo cual este acuerdo implica el retorno al bilateralismo argentino-brasileño de la segunda mitad de los ochenta. El ACE 14 abarcó y amplió todos los acuerdos de alcance parcial, de complementación económica y comerciales existentes hasta entonces, luego sustituido por el ACE 18 que institucionalizó en Aladi el Tratado de Asunción que dio origen al Mercosur.

Por lo tanto, retoman la impronta original, previa al Tratado de Asunción, de integración entre los dos grandes de la región; esto no sería inconveniente, si es dentro de una estrategia donde si no se ponen de acuerdo los dos grandes la integración no funciona, pero con el claro objetivo de que a los chicos se les extienda los beneficios de los acuerdos y se les proteja con mecanismos que corrijan los perjuicios de las asimetrías.

Es por ello que las actitudes argentinas respecto a la instalación de las plantas de celulosa sobre esta margen del Río Uruguay no constituyen un hecho aislado, sino que se inscriben en el contexto descrito. El presunto incumplimiento de las formalidades en la CARU no puede dar lugar a una reacción tan desproporcionada en virtud del daño que se inflige y los recursos que se anuncian. Es indudable que impedir el tránsito de bienes y personas viola flagrantemente el Tratado de Asunción, además del daño indiscriminado que provoca el bloqueo sobre los pasos de frontera sobre la economía uruguaya y a los de la región.

El gobierno nacional y las autoridades locales han defendido con firmeza nuestra soberanía en el diferendo de las plantas de celulosa. Las sucesivas gestiones respecto a buscar caminos de diálogo y entendimiento emprendidas por el gobierno son evidencias al respecto. Sin embargo, ningún camino de acuerdo puede edificarse sobra la presión que implica el bloqueo a nuestro país y el incumplimiento de las normas de convivencia más elementales, como lo es el libre tránsito entre los países.

En un marco de respeto, comprensión, voluntad de diálogo sin presiones las soluciones son alcanzables. Lamentablemente, al momento de escribir este documento, ese horizonte no parece inmediato. Se nos ha lastimado en forma inmerecida. Parece que la necesaria recuperación económica de nuestra vecina de la otra orilla del Río Uruguay visualiza como un riesgo cualquier inversión que no se ubique en su territorio o no lo incluya, especialmente en materia portuaria y de comercio de tránsito.

La inserción internacional del Uruguay debe edificarse ponderando debidamente la realidad actual, así como la perspectiva más estratégica que tiene que ver con el modelo de desarrollo del país. Esa inserción tiene sus pilares básicos en la región; no sólo por cuestiones de mera vecindad geográfica, sino por un devenir histórico y cultural que nos hermana.

Por ello debe evitarse, tanto la negación voluntarista de la realidad en aras de objetivos carentes de sustento material en las actuales condiciones –la realidad comercial es una expresión viva de esto–, así como las visiones que valoran como permanentes algunos datos que son producto de una coyuntura comercial muy particular fuera del bloque.

Actualmente nuestra estrategia de inserción internacional privilegiada, el Mercosur, atraviesa una importante crisis sobre todo en sus aspectos comerciales, que amenaza con minar la posibilidad de construcción de plataformas institucionales más permanentes que den sentido al objetivo estratégico de la integración regional. Asimismo, es menester asumir que las afinidades políticas en algunos casos, e ideológicas en otros, no han de resolver las contingencias de nuestras necesidades de equilibrio comercial. Antes bien, a las afinidades político-ideológicas hay que dotarlas de contenido de mediano y largo plazo, donde la equidad sea la regla de las decisiones políticas del bloque.

Por ello, la solución de esta crisis exige una fuerte dosis de respeto y firmeza, así como la apelación a que la institucionalidad del Mercosur y el diálogo contribuyan a resolver los problemas planteados. En ese sentido apoyamos en forma categórica la actitud y la gestión que lleva adelante el gobierno progresista en este sentido.

En este marco no es hora de abandonar el Mercosur, sino de apelar a sus compromisos y al buen sentido de los gobiernos y los pueblos de la región.

 

La cuestión comercial

Para el Frente Amplio la inserción comercial del Uruguay en el mundo es altamente relevante dado su impacto sobre el trabajo de los uruguayos, factor principal en la lucha contra la pobreza y la mejor forma de potenciar la capacidad de Uruguay de crecer, generar empleo y reducir la desigualdad es con un Estado que contribuya a ampliar los mercados, a captar inversiones y a redistribuir los beneficios del crecimiento.

El objetivo prioritario, en términos de inserción externa debe consistir en el logro de condiciones estables y predecibles de acceso a mercados en todos los ámbitos: regionales, bilaterales y multilaterales. En este sentido, la dimensión económico-comercial de los procesos de integración es la principal desde el punto de vista de nuestra estrategia de crecimiento económico.

El Mercosur constituye la plataforma de nuestra estrategia de in
serción internacional, en tanto eso debe ser fortalecido y profundizado por este gobierno de la izquierda uruguaya, se debe revertir una situación caracterizada por los incumplimientos y las incertidumbres.

Los aspectos comerciales del proceso están siendo administrados crecientemente de forma bilateral, en tanto los ámbitos cuatripartitos carecen cada vez más de contenidos económicos, todo lo cual debe cambiar a la brevedad.

Desde los inicios del actual gobierno progresista, el Mercosur se convirtió en componente esencial de la estrategia de crecimiento, por lo que el estancamiento y la reversión parcial del proceso nos resultan particularmente costosos. Por tanto el Mercosur debe ser reformulado ya que no es legítimo pretender continuar con la dinámica actual del proceso de integración cuando alguno de los socios está pagando los costos en términos de sus potencialidades de crecimiento. Tal reformulación debe permitir compensar el retraso del Mercosur en la constitución de un mercado ampliado y en la apertura de otros, teniendo en cuenta las asimetrías existentes.

Vemos como auspiciosos los procesos de complementación productiva entre empresas estatales de la región, como los producidos en el sector de hidrocarburos, los que deben ser ampliados y profundizados a otras áreas de la actividad económica.

En cuanto a las propuestas de alguno de los socios mayores que incluyen eventuales compras de su sector público a empresas de los socios menores, con el objetivo de reducir en parte las asimetrías, no son soluciones de fondo a los problemas, así como tampoco son formas estables que posibiliten incrementos sostenibles en los niveles de intercambio.

En los últimos dos años, los EEUU se han constituido en el principal cliente en la compra de bienes de Uruguay, alcanzando niveles de participación en las exportaciones totales cercanos al veinticinco por ciento en 2005. Esto constituye en sí mismo un incentivo a la búsqueda de acuerdos comerciales que permitan, por un lado, mantener nuestra economía como proveedora de este mercado frente a eventuales competidores que accedan en mejores condiciones, y por el otro aumentar los destinos de nuestros productos exportables que nos posibiliten mayor independencia de un único mercado.

El Frente Amplio debe ser consciente de que en una negociación bilateral tanto con el gobierno de EEUU como con la Unión Europea se enfrentan limitaciones en cuanto a los productos que pueden ser incorporados en la misma. Existen requerimientos basados en el impacto que acuerdos de este tipo puedan tener sobre la producción doméstica, fundamentalmente para los productos agrícolas, las industrias textil y pesquera, entre otros productos de la oferta exportable de Uruguay.

En el caso de las condiciones de acceso al mercado de EEUU cualquier negociación necesariamente debe incluir un mejor acceso de los productos que incorporen mayor valor agregado cuyo ingreso actualmente se encuentra severamente restringido o directamente vedado. De este modo, Uruguay mejoraría sus condiciones de acceso relativas al mercado de EEUU respecto de países internacionalmente competitivos y en productos que constituyen buena parte de nuestra oferta exportable.

No hay restricciones ideológicas que impidan la expansión del comercio con los EEUU, como no las hay para otros países y regiones del mundo. Es de interés de esta fuerza política no sólo aumentar el comercio sino también diversificarlo a todos los mercados posibles.

Uruguay debe transitar caminos de negociación comercial con la Unión Europea, y como se expresara en la campaña electoral explorar acuerdos con otros países muy relevantes en la economía internacional como por ejemplo Canadá, India, Japón, Rusia, Sudáfrica y China; con los cuales es posible impulsar y aumentar las inversiones en nuestro país similares o de mayor magnitud a las ya realizadas recientemente.

 

Los pasos a seguir

La vocación latinoamericana es un signo de nuestro país. No hemos perdido la vocación de integración regional, de construcción del Mercosur, máxime en una hora de cambios políticos progresistas. Los avances políticos nos han tenido como actores principales, pero las trabas comerciales también las hemos sufrido como nadie. La región es nuestra prioridad. Pero sabemos que en un proceso de integración se verifican marchas y contramarchas. No alcanza con la voluntad particular de uno de sus actores para allanar el camino; un diferente punto de partida, un potencial económico desigual, el peso de las realidades e intereses internos, e incluso las distancias culturales y las historias particulares, interactúan y muchas veces dificultan el avance.

En este contexto, la política a seguir por Uruguay debe continuar explorando dos caminos complementarios, administrando las tensiones entre los mismos: por un lado, preservar el espacio privilegiado del Mercosur, como plataforma de un regionalismo abierto y no excluyente; por otro, desarrollar un bilateralismo múltiple con acercamientos comerciales con todos los rincones del mundo, para aumentar y diversificar el intercambio comercial, en particular nuestras exportaciones y de esta manera contribuir a disminuir nuestra vulnerabilidad.

 

Estrategias multilaterales, regionales y bilaterales

Consideramos que estas estrategias no son excluyentes, sino complementarias. Uruguay debe profundizar su integración con los países vecinos en el marco del Mercosur en todas las áreas estratégicas como energía, ciencia y tecnología e infraestructura, además de lo político, económico-comercial, cultural, y social.

La opción multilateral debe ser abordada de forma inteligente, en el marco de bloques de negociación, como es el caso del G-20, fundamentalmente aumentando la capacidad propositiva con fórmulas innovadoras e incrementando los diversos temas a negociar conjuntamente. En esta línea es necesario transitar el camino del comercio entre los países del sur, explotando las potencialidades de nuestras regiones en aras de eliminar las grandes disparidades existentes entre Norte y Sur.

La opción bilateral es legítima en tanto no atente con la estrategia regional y se encuentre en la línea promovida por nuestro programa de gobierno: país productivo con justicia social. Al optar por la estrategia bilateral debemos considerar la disminución de nuestra dependencia a un solo mercado, la diversificación y la incorporación de valor de nuestros productos de exportación para generar empleo de calidad.

No es posible afirmar de antemano si un tratado bilateral es conveniente o no, o si es necesario. Esto solamente puede evaluarse con los ítems negociados. Sin embargo, debemos asegurar que lo que se negocie sea coherente con la línea del país productivo, donde la reducción fundamental debe darse frente a la progresividad arancelaria y las barreras no arancelarias; teniendo en cuenta que lo que resulte de la negociación no puede comprometer la supervivencia de nuestro sector manufacturero y otros sectores relevantes para nuestra economía, por la generación de puestos de trabajo.

La opción bilateral no necesariamente debe darse por Tratados de Libre Comercio, sino que debe estudiarse la posibilidad de acuerdos sectoriales y de cooperación que permitan el desarrollo conjunto de sectores estratégicos para nuestro país, conjuntamente con el suministro a otros países y el intercambio tecnológico. Las alternativas se generan, por ello debemos desafiar nuestra capacidad creativa para encontrar soluciones a las urgencias que nuestro país presenta.

Para todo ello el presupuesto más importante radica en la firmeza y dignidad con la que defendemos nuestra soberanía y las condiciones de vida de los uruguayos». *

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