El ministro Arana adelantó su regreso para estar en las exequias y el subsecretario Ponce de León despidió los restos del ex director de la IMM

La política, la ciencia y la cultura despidieron ayer a Alberto Ortega, un pilar de la reforma urbana

El sepelio estaba previsto para las 13.00 horas, sin embargo fue postergado una hora para dar tiempo a que el ministro de Vivienda, Mariano Arana, entrañable amigo de Ortega, llegara hasta la empresa Abbate Hermanos a despedirse de quien lo acompañó, como parte de su equipo de gobierno, durante toda su gestión como intendente de Montevideo.

Arana se encontraba en Ginebra al frente de una delegación oficial, adelantó su retorno a Uruguay tras enterarse de la triste noticia en la tarde del jueves. Luego del sepelio, el secretario de Estado dijo sentirse afortunado por haber podido regresar a tiempo para participar de la ceremonia y por contarse entre los amigos de una persona cuyo deceso constituye «un momento muy difícil para buena parte de la Universidad y de todos los organismos técnicos que supieron de su valía extraordinaria, no solamente como técnico sino fundamentalmente por su don de gentes, por su capacidad de trabajo en equipo, por su lealtad siempre presente, valores que mantuvo desde muy joven mientras apostaba siempre a las formas diversas, plurales, siendo respetuoso de la opinión ajena y priorizando al más débil, siendo congruente con un pensamiento cristiano que guió toda su vida».

Acerca de los años en que integró el gabinete del entonces intendente Arana, el ministro subrayó el accionar de Ortega como «una lección de respeto permanente; parece mentira, quien tanto sabía y tantos méritos acumulaba jamás los expresaba a la hora de departir con el otro en el intercambio de ideas que podían ser confluyentes o divergentes, pero en el que nunca hizo prevalecer las jerarquías ni los mayores conocimientos porque tenía como valor supremo el respeto a la opinión ajena y a la condición de persona».

En términos muy similares se basó la oratoria de despedida que realizó el subsecretario de Industria, Martín Ponce de León, y que recorrió los últimos 50 años de la historia nacional haciendo referencia a la destacada y fundamentada elección de Ortega como delegado estudiantil de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, como técnico de UTE, como integrante de la organización cristiana Betania, como sindicalista y como jerarca de gobierno.

«En vidas con tantos paralelismos, sentimos de alguna manera que expresamos a compañeros de distintos ámbitos que por algo hoy se hicieron presentes en esta medida», dijo el viceministro al comenzar su discurso observando a las más de doscientas personas que concurrieron al servicio fúnebre, entre las que cabe destacar la presencia de periodistas del Multimedio Plural, del ministro de Educación y Cultura y presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto; el intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich; el director del diario LA REPÚBLICA, Federico Fasano Mertens; la directora de Canal 5, Sonia Breccia; el profesor Ricardo Vilaró, del ex senador Walter Olazábal; el diputado Alfredo Asti; el rector de la Universidad de Montevideo, Mariano Brito, así como la presencia de la directora municipal Hyara Rodríguez y de Bethel Seregni, hija del general Líber Seregni, quien aseguró que la muerte de Ortega es «una pérdida terrible para el Uruguay».

De la vida profesional de Ortega, Ponce de León dio especial énfasis a la etapa en que aquél se desempeño como ingeniero de la Central Batlle, destacando la responsabilidad con que ejercía sus funciones y la importancia que atribuía a la actualización de los conocimientos tecnológicos a través de la rememoración de que esos fueron los motivos por los que constituyó un caso especial entre los sindicalistas que fueron detenidos en 1968 por quienes estaban a cargo de las medidas prontas de seguridad y que debieron acceder a acortar su sentencia para asegurar el funcionamiento de la planta de energía eléctrica. A la vez, aseveró que en el período que compartieron como integrantes del gabinete municipal Ortega «era el hombre de consulta permanente» por su sabiduría, respetada incluso «desde tiendas políticas muy alejadas de las nuestras», como demostró ayer la presencia de ex ministros de las administraciones anteriores, y del senador nacionalista Ruperto Long. «Ahora al despedirnos de Alberto nos queda la sensación de que se va cuando tenía mucho para aportar; de una injusticia en la medida en que estaba en la plenitud de su pensamiento e ideas. Y le decimos que trataremos de seguir los ejemplos que nos brindó. Alberto vivió en paz y sin duda va a descansar en paz», culminó Ponce de León. *

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